El cine noruego quizás tenga menos buena prensa que sus vecinos escandinavos, pero con Sykt likkelig (Happy Happy), titulada en España Siempre feliz, queda claro que goza de muy buena salud, como atestiguaban en el festival de Sundance, donde le otorgaban el Gran Premio del Jurado en la categoría de película de ficción internacional. Dirigida por Anne Sewitsky, se trata de un drama, relativamente cómico, en el que están involucradas dos parejas, la que forman Kaja y Eirik y la de sus nuevos vecinos, Sigve y Elisabeth. Impulsiva y espontánea, Kaya tiene algo de envidia de la relación que mantienen sus vecinos, ahogada por un marido y un hijo que se alían en ocasiones contra ella. Pero no sólo es ella la que alberga deseos hacia la otra pareja.

Sykt lykkelig (Happy Happy)

La simpatía y el buen rollo que transmite esa especie de coro griego que inicia y salpica intermitentemente la película contrasta con el drama que viven sus personajes protagonistas. Quizás todo empiece como una travesura, pero las cosas se van volviendo cada vez más dramáticas hasta que estalla una terrible crisis familiar, en realidad dos. Quizás, al igual que hace el coro, la cuestión no sea tan grave, pero claramente sus personajes la viven con dolor y amargura.

Agnes Kittelsen, Henrik Rafaelsen, Joachim Rafaelsen y Maibritt Saerens

Contribuye enormemente a ese estupendo grado de vitalidad y naturalidad que contiene la película a la personalidad de Kaya, fenomenalmente interpretada por Agnes Kittelsen (ojalá que podamos disfrutar de ella en sucesivas películas), quien está perfectamente secundada por Joachim Rafaelsen en el papel de su marido Eirik, precisamente ambos fueran candidatos a los premios de la academia noruega. Sin restar importancia a las interpretaciones de Henrik Rafaelsen y Maibritt Saerens como Sigve y Elisabeth, la pareja vecina, lo cierto es que ambos acaparan toda la atención del filme.

Agnes Kittelsen

Independientemente de que la película sea tan sencilla, como rica en emociones, quizás lo que más me llame la atención de la película sea el proceso mediante el cual el personaje de Kaya aprende a decir que no. La sumisión a la que inconscientemente se ha ido sometiendo por parte de su marido e incluso su hijo, quizás le hayan llevado a creer las cosas que ambos le decían sobre su físico y sus cualidades. Una sumisión que si, en este caso, no nos lleva a hablar de violencia de género propiamente dicha, si que sirve para apuntar que la ausencia de violencia física no es menos peligrosa que la psicológica.

Oskar Hernaes Brandso y Ram Shihab Ebbedy

El contraste con la otra pareja, en apariencia tan moderna y liberal, pero sometida a sus propios chantajes emocionales, sirve para dejar claro que este tipo de comportamientos se dan en todas las direcciones, de hombre a mujer o viceversa, y en cualquier ámbito social. Asimismo, tanto en un caso como en el otro, los que pagan nunca son los que están involucrados en esta lucha de sexo, de pareja o de género, sino sus hijos, sean biológicos o adoptivos, sean o no testigo de los hechos y entiendan o malinterpreten lo que realmente está sucediendo entre las personas que les sirven como ejemplo.

3 estrellas