Los caprichosos avatares del destino han propiciado que Manolete, el biopic sobre uno de los más míticos toreros españoles no fuera estrenada cuando tenía previsto, para hacerlo cuatro años más tarde, en un ambiente político ciertamente mucho más proclive y favorable para la ideología del personaje. Protagonizada pro Adrien Brody y Penélope Cruz en sus personajes principales, se trata de una coproducción internacional dirigida por Menno Meyjes, que ni consigue captar la esencia española, ni el ambiente taurino, ni el espíritu melodramático que su historia hubiera requerido.

Manolete (2008, Manno Meyjes)

A pesar de que este sea su cuarto largometraje como director, quizás Meyjes sea más conocido por su labor como guionista para algunos filmes de la segunda etapa de Steven Spielberg, como The Color Purple, Empire of the Sun o Indiana Jones and the Last Crusade. Una época en la que ya hiciera su primera colaboración con el cine español, en otra producción con aspiraciones internacionales como El sueño del mono loco, que ya fuera producida por Andrés Vicente Gómez. Si bien en aquella ocasión no se le acreditara finalmente, quizás ahora hubiera deseado que borraran cualquier rastro suyo de Manolete.

Adrien Brody

Es posible que la condición de coproducción de la película no se vea afectada en su aspecto visual. Tanto la detallista dirección artística de Salvador Parra y los decorados de Nieves Monterde y Laura Musso, como el vestuario de Sonia Grande y la prodigiosa fotografía de Robert D. Yeoman son realmente deslumbrantes permitiendo que, en cierta manera, se pueda disfrutar de la película. Pero los inconvenientes surgen, primero de un guión tramposo que quiere ofrecer un lado sensible de un personaje que tuvo poco de humano -no sólo hacia los toros, sino también hacia los miembros de su misma especie con ideología política contraria- y de una dirección muy poco afortunada que se limita a reproducir estampas taurinas. El cineasta navega con pinzas por los entresijos políticos que copaban la vida del torero, haciendo algún apunte, pero obviando cualquier compromiso y centrando su discurso en la relación amorosa con Lupe.

Penélope Cruz

Pero el problema de Manolete ni siquiera es ese, sino que por mucho que el parecido físico de Adrien Brody sea extraordinario, no beneficia en nada a la película tener un reparto internacional en el que unos han rodado en inglés y otros en español. Por mucho que tenga un Oscar en la estantería de su casa, el protagonista de The Pianist no consigue disimular esa sensación de no entender nada de lo que sucede a su alrededor. Da la impresión de que se limita a esperar a que le den su pie para soltar su línea, sin la posibilidad de ofrecer una reacción convincente a lo que le están diciendo (¿cómo no se le ocurriría estudiar la interpretación de Bob Foskins en Who Framed Roger Rabbit?). Y tan sólo pone caras. Perdón, cara, porque sólo tiene una en toda la película. Una cara de pena, de lástima y de víctima que nunca nadie se imaginaría que un papanatas con semejante semblante de imbécil podría ponerse delante de un toro, mucho menos de una mujer de bandera.

Adrien Brody

Mucho más afortunada y convincente resulta la interpretación de Penélope Cruz, completamente especializada ya en los papeles de putita kamikaze que se estrella contra los hombres que enamora, que precisamente en el mismo año volviera a utilizar para ganar un Oscar por Vicky Cristina Barcelona. Todo esto propicia que la película sea interesante, única y exclusivamente, para ese público de derechas que no le gusta mancharse las manos, que sin duda disfrutará con la colección de estampas castizas en el más puro estilo typical Spanish, que tan de moda se ha puesto últimamente hoy en día en esta país que vuelve a ser de pandereta y castañuela. Si al final, realmente, será mucho más apropiado el estreno de la película ahora que hace cuatro años. !Ay! Si Franco levantara la cabeza que contento se iba a poner de que ahora hicieran el cine que le gustaba incluso los cineastas extranjeros!

2 estrellas