Cada verano la pantalla se llena de productos absurdos que, amparados en el axioma de que todo vale con tal de buscar el entretenimiento, nos acribillan con híbridos carentes de toda gracia y sentido del humor. Desde este momento certifico que, en lo que a mi respecta, la carrera de Timur Bekmambetov concluyó el día que se le ocurrió poner los pies fuera de Rusia. Ojalá le juzgaran a él con la misma contundencia que a las Pussy Riot y con más motivo, sólo por hacer realidad un pestiño tan aburrido, anodino y sin sentido como Abraham Lincoln: Vampire Hunter.

Abraham Lincoln: Vampire Hunter

Nunca hubiera pensado que el director de Nochnoy dozor (Guardianes de la noche) y Dnevnoy dozor (Guardianes del día), tuviera más vocación de Mel Brooks que de los hermanos Wachowski. No crean que la influencia de los segundos la atribuyo a las secuencias de acción. No, Bekmambetov lleva perfeccionando ese mismo estilo desde sus tiempos en el cine de evasión ruso. Me refiero más a los estilismo de sus patéticos vampiros protegidos del sol con sus flamantes gafas. Lo que me sorprende es que la mezcla entre cine histórico -su película repasa uno a uno los principales puntos de inflexión de la vida del decimosexto presidente de los Estados Unidos de América- y película de vampiros posmodernos haya podido llegar a la luz después de la patochada que tuvimos que soportar el verano pasado con Cowboys & Aliens.

Benjamin Walker

No he podido encontrar en Abraham Lincoln: Vampire Hunter un sólo momento que justifique su visionado. El personaje protagonista me resulta indiferente, sus relaciones personales me traen sin cuidado, los giros de guión son hasta molestos... Pero porque al guionista de la película, Seth Graham-Smith, tampoco le importan nada. Justifica las decisiones de sus personajes con motivaciones sujetadas con hilo dental y es incapaz, ya no de hacer creíble alguna secuencia, sino de que ninguna resulte predecible. ¡Todas, absolutamente todas! Para colmo piensa que el público contemporáneo va a saber lo que le sucede esa noche que se va al teatro...

Erin Wasson y Benjamin Walker

Debo advertir que Abraham Lincoln: Vampire Hunters es una película violenta. No tanto por las propias secuencias que dan forma al relato, sino por la reacción que provocan en el espectador que no entenderá que le hayan cobrado entrada por asistir a los delirios de alguien que se creía tan original. Habría que evitar que el señor Bekmambetov se volviera asociar con Tim Burton, y lo más peligroso todavía, alejar a Seth Graham-Smith de cualquier tipo de teclado e impedirle escribir. Sí. Él es el responsable no sólo de la novela que mezcla vampiros con esclavos y el ejército confederado, así como de su adaptación cinematográfica, sino que también fue quien acabó con las expectativas creadas por Dark Shadows y ahora mismo está preparando Beetlejuice 2.

Benjamin Walker y Anthony Mackie

Hubiera preferido un remake de Interview with the Vampire. ¿Quizás Predator versus the Vampires? Que quieren que les diga, Blade debería pasarse antes por casa de Tim Burton que por la de Stephanie Meyers. Prefiero mil veces la cursilada romántica de The Twilight Saga que la fanfarronería incomprensible de unas republicanas que se creen modernas porque se pintan la ralla del ojo. ¡Quiero que las Pussy Riot cumplan condena en Hollywood!

1 estrella