Jeff Nichols presentó, en el festival de Cannes de este año, su segunda obra, Mud. La presentó en el mismo festival que encumbró su ópera prima, la magnífica Take Shelter, sobre un hombre (Michael Shannon) en la frontera entre la neurosis y la psicosis, y entre la patología individual y la locura social. Para mí, pocas películas han recogido con tal sensibilidad el temor hacia la locura. Pero Mud es mucho más cálida, una historia con hálito mítico sobre el paso de la infancia a la edad adulta, a través de unos niños que tratan de esconder a un fugitivo, interpretado por Matthew McConaughey, de los cazadores de recompensas. Aquí tenemos su primer clip:

Mud está focalizada en la visión de sus protagonistas infantiles, por lo que construye toda su narración a través del mito: todo lo vemos a través del filtro de la mente de los niños, de modo que todo es más grandioso y monumental, y conserva un aliento épico. No hay desengaño adulto todavía, sólo primera vivencia sin rutinas establecidas. Para ello, el director ubica la cámara a la altura de los ojos de los niños y desde ahí filma el peligro hacia lo desconocido y lo insondable de la naturaleza. Esta obra conserva la misma capacidad mítica que el mejor John Ford, pues no en vano, Jeff Nichols es, quizá, quien mejor continúa la estela de la narrativa clásica en el cine contemporáneo.

La temática del fugitivo me trae a la memoria esa mitificación que inserta Victor Erice en su bellísima obra El espíritu de la colmena, donde Ana, la protagonista niña, piensa que el soldado republicano que se esconde en el granero es un ser fantástico, sobrehumano. Y este proceso de mitificación se produce, aquí, a través del cine: es la asociación con Frankestein la que le permite la inserción de la fantasía en la realidad.

El film se recrea especialmente en la naturaleza, pues es el hogar de la aventura para los niños, y en este deslizamiento de la cámara fuera de la narración, entreteniéndose en captar al poesía que se genera en el entorno natural, hay una gran influencia de The Tree of Life (El árbol de la vida), de Terrence Malick. Mud es la versión terrena de The Tree of life, sustituyendo la mística por la épica. De hecho el propio director reconoció que se inspiró en Malick para filmar la infancia y la naturaleza. Yo pude disfrutar de ella en el festival de Cannes y puedo corroborar que se trata de un film bellísimo.

Pero todo niño desemboca en la edad adulta, y el mito debe morir para integrarse en el logos. De ahí que el film abogue por la memoria como único espacio posible del mito en la cultura contemporánea: gracias al recuerdo de la era mítica, la infancia, seguimos experimentando ese anhelo hacia los relatos, hacia las narraciones. Y en esa desmitificación, la cámara se libera de su altura preestablecida y toma el vuelo de la adultez: la cámara ya es objetiva y omnisciente, conoce todos los hechos y todos los personajes.

Todavía no tiene fecha de estreno, pero Mud tiene un lugar asegurado en las salas de cine, pues Jeff Nichols es un director de creciente prestigio para la crítica y el público, y cuenta con Matthew McConaughey, quien últimamente anda con una agenda a rebosar de trabajo: en Cannes presentó Mud y The Paperboy, de Lee Daniels; en EEUU acaba de estrenarse Magic Mike, la última cinta de Steven Soderbergh, donde interpreta a un stripper masculino; y está inmerso en el rodaje de The Wolf of Wall Street, de Martin Scorsese. Asimismo, también aparecen Michael Shannon (quien repite de nuevo con Jeff Nichols), Reese Witherspoon y Sam Shepard.

Fotos: The Film Stage