Se despidió con una risa llena de llanto, como cualquiera de sus canciones, que son lágrimas a carcajadas. Porque en Chavela, primer habitante del bulevar de los sueños rotos, hay siempre una aceptación de la tragedia, una convivencia con el duelo. Ni siquiera temía a la muerte, como señaló en una reciente entrevista a El País: "No me preocupa la muerte. Y puede ser algo bellísimo, por qué no. Pero la cuestión es vivir como yo he vivido: 93 años, aquí en la tierra". Así se nos fue nuestra Chavela Vargas, con un último recuerdo para México, para España y para su amado Federico García Lorca, con quien habla bajo la luz de luna.

Chavela Vargas es una voz rasgada que arde, un hondo quejido que inmola, en cohabitación, a quien le escucha. Mexicana inmortal, pese a nacer en Costa Rica, ella solita ha desmontado el género más masculino de la música de su país, la ranchera, generando una aparente oposición entre voz y destinatario: ambas son de mujer. Porque ella insertó el deseo lésbico en lo más profundo de la masculinidad al cantar canciones compuestas normalmente para hombres, y así se convirtió en el margen de la cultura, en el último estadio de la subversión. Escuchar a Chavela es beber cien tequilas para obnubilarse, para quebrantar los relojes y habitar en un único instante de desgarro, que ella siempre desplaza hacia el final de la canción.

Y así llegó a España en los años noventa, ya sin botellas de tequila bajo el brazo, pero con su voz como estandarte, porque como afirmaba: "Salí de los infiernos, pero lo hice cantando". En ese estado conoció a Pedro Almodóvar, primero en un local de los suburbios de México, pero desarrollaron toda su afinidad en España. Él se convertiría en embajador de su música gracias a la impronta dejada por su voz quejumbrosa en el celuloide, y con él llegaría a debutar en el Olympia de París, donde sólo Lola Beltrán había llegado. El propio Almodóvar ha hablado de su complicidad con ella en un artículo de despedida titulado Adiós Volcán: "ella había dejado el alcohol y yo el tabaco y en esos instantes éramos como dos síndromes de abstinencia juntos". Así comenzaba una intensificación en las relaciones de Chavela con el cine, que aparece en la banda sonora de numerosas películas del manchego. Aquí damos cuenta de ellas y de algunas célebres fusiones de su voz en el plano cinematográfico:

Piensa en mí - Luz Casal en Tacones lejanos (1991)

Al comienzo, era sólo el verbo. Porque la voz la puso Luz Casal, pero la canción provenía de Chavela Vargas y de sus interpretaciones demoledoras. Becky del Páramo, encarnada por Marisa Paredes, interpretaba en playback, de forma desgarradora, esta canción de añoranza hacia su hija en la cárcel (Victoria Abril): es un grito de nostalgia. Dejo el fragmento del film, pues aunque no cante Chavela, es interesante como punto de partida para el análisis de su aterrizaje en el cine de Almodóvar:

En el último trago - La flor de mi secreto (1995)

En el último trago, la escritora Leo Macias (Marisa Paredes) abandona el bar, evitando su deriva en el alcoholismo tras el abandono que ha sufrido por su marido. En el último trago es una canción por la ebriedad del desamor: "quiero ver a qué sabe tu olvido / sin poner en mis ojos tus manos". En esta ocasión, Almodóvar muestra un respeto absoluto a la cantante, pues no la incluye como banda sonora extradiegética, sino que filma directamente un televisor en el que aparece Chavela cantando con su mítico poncho. Una forma de señalar la identificación entre canción, cantante y personaje: todas esas vidas están unidas por una insatisfacción del deseo que les ha llevado a deambular por los abismos del alcohol. La canción le sirve al personaje como catarsis, como toma de conciencia, del mismo modo que la música, a Chavela, le sirve como forma de purgar las penas.

Somos - Carne trémula (1997)

En mitad de la pobreza del extrarradio, y abismados por los problemas de la vida cotidiana, dos cuerpos logran escapar de la rutina y construir una abstracción erótica; dos cuerpos logran reconciliar sus fronteras eludiendo la autoridad del tiempo. Y todo ello en un único plano: esos dos cuerpos filmados, de perfil, a la altura de las caderas, mostrando la indiferencia primera del amor, la pérdida absoluta del principio de individuación. Y qué mejor acompañamiento para la superación de la linealidad cotidiana del tiempo que Somos, de Chavela, una atronadora canción sobre el amor imposible, pero que estalla: "Somos dos gotas de llanto / En una canción / Nada más". Chavela toma el protagonismo, desaparecen los sonidos diegéticos del film y sólo hay dos texturas: la voz de la mexicana y la erótica de los cuerpos. Almodóvar busca crear la esfera del amor culminante mediante la supresión de toda referencia al exterior y la construcción de una potente atmósfera con la voz de Chavela.

Luz de luna - Kika (1993)

En Kika, bajo la luz de la luna, la voz de Chavela viaja de balcón en balcón, sirviendo como hilo de tragedias comunes. Otra vez, el desamor y la memoria como única forma de supervivencia: "Pues desde que te fuiste / yo no he tenido luz de luna", dice la letra de esta íntima canción. Así, la cámara de Almodóvar sube desde el balcón de Kika (Verónica Forqué) hasta el de la vecina de arriba (Bibi Anderson), mostrando en su ruta lo universal del dolor humano. Os dejo el video, el fragmento correspondiente a la canción se encuentra en el minuto 2:

La llorona - Frida (2002)

Este biopic de Frida Kahlo, interpretado por Salma Hayek y dirigido por Julie Taymor, cuenta con la participación de Chavela Vargas como intérprete, encarnando a la muerte. La propia Chavela desarrolló una intensa amistad con Diego Rivera y Frida Kahlo, pues la acogieron en su casa durante un período de su vida en México, y muchos cuentan que Chavela mantuvo una relación con Frida. Pero sea lo que sea, Chavelita nos regala sus llantos en La llorona, que manan en un in crescendo de lágrimas hasta el culmen "Si ya te he dado la vida, Llorona. ¿Qué mas quieres? ¿Quieres más?". También cantaba Paloma Negra, que también termina con otro final colmado de rabia frente al abandono: "Y agarraste por tu cuenta las parrandas". El propio Almodóvar narra las sensaciones que esta interpretación de La llorona, en sus últimos años, le producía:

Las mejores versiones de 'La llorona' las interpretó en sus últimos conciertos. Abordaba la canción con un murmullo, y en ese tono continuaba, recitando palabra por palabra, hasta llegar al épico final. Cantar lo que se dice cantar solo cantaba la última estrofa, de un modo ascendente hasta gritar su última y breve palabra. “Si como te quiero quieres llorona, quieres que te quiera más. Si ya te he dado la vida, llorona, qué más quieres. ¡Quieres MÁS!" Estremecía escuchar la palabra "más" gritada por Chavela.

Tú me acostumbraste - Babel (2006)

Y el mexicano Alejandro González Iñárritu también reivindicó a su compatriota Chavelita en Babel, a través de la canción Tú me acostumbraste. Este amor construido por contacto, que es imposible demoler, sirve como marco para una escena de boda, una de las pocos momentos esperanzadores dentro de una película que trata de abordar la incomunicación: así, la boda es uno de los contactos más próximos entre dos seres, pero su futuro aciago ya es narrado por la propia canción, que otorga tintes trágicos a la ceremonia. Futuro y presente se dan la mano en una secuencia filmada según el ritmo de la música: de nuevo, la voz de Chavela es la voz de mando en el celuloide.

Fotos: Venezuela al día