Mañana se estrena Brave, la primera película de Pixar protagonizada, exclusivamente, por una mujer. Hemos tenido coprotagonistas, como Eva en Wall-E, pero todavía no nos habíamos topado con una mujer sin compañía masculina guiándonos por los entresijos de la narración. No en vano, el mundo de la animación por ordenador ha sido tradicionalmente un mundo de hombres, pues fue el género masculino quien se introdujo, más tempranamente, en estudios de creación digital y fundó las primeras productoras de animación. Sólo es preciso echar un vistazo al consejo de sabios de Pixar, encabezado por John Lasseter: allí deciden los nuevos proyectos a emprender, y está compuesto únicamente por hombres.

También es interesante observar que todos los films de Pixar hasta el momento han sido dirigidos por hombres, y claro, eso se nota, indirectamente, en la representación de la feminidad en sus obras. Brave es la primera excepción: su realización fue encargada a Brenda Chapman, la creadora de la historia y célebre por colaborar en la dirección de The Prince of Egypt (El príncipe de Egipto) de Dreamworks Animation. Pero a mitad del proyecto surgieron desavenencias artísticas entre la directiva y la realizadora, así que fue confinada como co-directora, y la obra sería dirigida al alimón por ella y Mark Andrews. Tras finalizar el proyecto, abandonó Pixar. Aún así, Brave es un film impulsado por un equipo compuesto fundamentalmente de mujeres, y el propósito era la inversión de los arquetipos de la feminidad representados normalmente en las películas de animación.

Brave es un cuento de hadas ubicado en la Escocia medieval, protagonizado Merida, la rebelde hija del rey Fergur y la reina Elinor. Es, pues, una desmitificación del género del cuento de hadas, siguiendo la estela que abrió Shrek en la animación. Y un cuento de hadas funda su dinámica en la normalización de la irrupción de acontecimientos sobrenaturales, de modo que los personajes no perciben como extraño los sucesos maravillosos, del mismo modo que el espectador, que realiza un pacto con las convenciones genéricas al comienzo a través de la presentación del castillo y el bosque. Brave se abre con esta presentación arquetípica, ambientada en la infancia, la edad sin tiempo, donde todo es mítico, así que nos sumerge de lleno en este género literario.

No obstante, el cuento de hadas es un género profundamente conservador, pues los acontecimientos extraordinarios sirven para mostrar, por contraste, la conveniencia de mantener la ley que regía el sistema social al principio, pues cada suceso sobrenatural supone una ruptura de ordenBrave mantiene parte de esta ideología, pues el final restaura el orden primero, construyendo una narración circular. No obstante, en el film el estallido de lo sobrenatural no se concibe como la irrupción del caos: la novedad es que, en Brave, lo sobrenatural está al servicio de la feminidad, pues permite un giro en la inserción de la mujer en el contexto social.

Este camino tiene varias fases, que van afectando a distintas esferas de la feminidad. Parte de Merida, una hábil arquera que se niega a casarse y a desarrollar actividades femeninas dentro de la Corte. El combate contra la opresión masculina lo inicia adquiriendo aquellas habilidades que, por convención, corresponden al hombre. Incluso ya su aspecto es subversivo: es pelirroja, el tercer color social de la cabellera, que nunca ha contado con una connotación fija como sí han contado las morenas y las rubias. La pelirroja es, normalmente, la diferencia, la escisión social, el estallido de un color no asimilable por la ley que inserta una desestabilización de las normas. Además, es el color del pelo de su padre: hereda una masculinidad a través de rasgos físicos que asume con naturalidad.

Ante una presentación en sociedad de Merida, organizada por su madre para cazar un marido, la joven decide huir al bosque. Y allí se encuentra con una bruja que le ofrece una pócima para cambiar la opinión de su madre. Es curioso este encuentro, pues es como si Merida asistiese a la alucinación de su yo futuro, de su yo envejecido. Y es que el arquetipo de la bruja puede explicarse, en los cuentos de hadas, como una proyección de los fantasmas de los hombres frente a la autonomía de ciertas mujeres. Aquellas mujeres que gozaban de poder de decisión eran imaginadas como corruptas moralmente y se les imponían los rasgos de la brujería: soledad, vejez (una vejez moral que causa un empeoramiento física) y poderes sobrenaturales, resultado del miedo a que el hombre sea apresado por la mujer en las esferas de poder. Así, Merida está observando en qué se convertiría si mantiene su actitud indómita y autónoma en una sociedad con una rígida moral masculina.

Pero los films de Pixar no terminan, normalmente, de forma trágica, así que se producirá una transformación social que permita la reintegración de las mujeres. Y para ello irrumpe la magia, lo sobrenatural: al tomar la pócima de la bruja, la madre deviene un oso, y a partir de entonces sufre un rechazo social y debe huir, con su hija, al bosque. Es interesante este recurso, porque revela que la feminidad clásica sumisa sólo es exitosa en la sociedad mientras mantenga unos rasgos físicos de feminidad que la sostengan. Al metamorfosearse en animal, Elinor ya no puede desplegar sus estrategias de mujer sumisa, porque pese al favor que realiza a los hombres, ya no cumple con la función de objeto de mirada. La mirada del hombre no puede asimilar, en la esfera de la feminidad, una figura que escapa a los rasgos físicos que asocian a una mujer, así que es expulsada de la sociedad.

No obstante, el final revela (y el que no quiera saberlo, es preferible que salte de párrafo), de nuevo, un cierto conservadurismo social y me recuerda bastante a Shrek. En Shrek, el discurso amoroso sólo es posible ante la igualdad física entre los amantes, de modo que una relación estable sólo podía tener lugar ante la transformación de Fiona en ogro. Yo hubiese preferido un final en el que Fiona siguiese siendo humana, porque conformaría una suerte de rebeldía social: sería afirmar que es posible el amor entre lo diferente, como observamos en esas subversivas primeras películas de David Cronenberg. Pero el final con el que cuenta sirve para respaldar las convenciones sociales que, supuestamente, rompe de forma tan transgresora a lo largo del metraje (y aviso que me gusta el film, sólo me disgusta el final). En Brave ocurre algo similar: Elinor debe volver a su físico primero para reinsertarse en su puesto como reina, aunque eso sí, hay una mutación social que les permite a ella y a su hija una mayor libertad en sus esferas cotidianas. Pero, en definitiva, deciden quedarse y fundamentar su vida no en la salida, en el cambio, sino en la realización de excursiones: insuflar libertad a su asfixia únicamente a base de viajes de ida y vuelta.

Brave es un film interesante en cuanto al discurso feminista que descansa en su subtexto, y visualmente es poderoso, con gran atención a los detalles y un predominio de verdes en los momentos de libertad y azules en los momentos de opresión, aunque el punto de atención siempre es la preciosa cabellera de Merida. No obstante, el argumento se sustenta en su mayor parte mediante esta inversión de roles y arquetipos femeninos, pero si no te interesa tal idea, es probable que añores esos mundos autosuficientes y antimiméticos que Pixar ha construido en obras como Toy Story, Wall-E o Up. Le falta un mayor riesgo y una imaginación más exaltada. Asimismo, el film asimila, conforme avanza el metraje, convenciones del género de aventura, lo que hace predecibles algunas escenas.

Y por otro lado, hay una deconstrucción del rol habitual de la mujer en la sociedad, pero ubican esta transformación en la hija del rey. Así, la evolución psicológica de la joven supone admitir que el progreso sólo es posible en las capas altas de la sociedad: falta un mayor atrevimiento en cuanto a retrato social, aunque se comprende si aceptamos las convenciones del cuento de hadas. En conclusión, es una película entretenida y muy interesante en cuanto a representación de la feminidad, pero falla en la generación de emoción (algo en lo que son expertos en Pixar) y recurre a algunas convenciones que la convierten en un producto poco sorprendente.

Fotos: Cinema Blend