Cuando a Hollywood se le ocurren esas maravillosas (y desgraciadamente habituales) ideas de seguir explotando un producto cuando ya está concluído, muchos nos echamos a temblar pensando en cuál será el resultado. No todos ellos tienen por qué ser malos, pero en la gran mayoría de estos casos, se realizan películas de una calidad muy inferior a la original, o a la franquicia original como es este caso, centrándose sobre todo en que los costes de producción sean lo más bajos posibles para conseguir una mayor rentabilidad. The Bourne Legacy podría entrar dentro de este grupo, o al menos en parte. Y es que, si bien en líneas generales es inferior a la trilogía original, no se puede enmarcar dentro de esas cintas donde la productora ha conseguido que los costes sean bajos con actores de segunda fila y con una acabado técnico más propio de películas de serie B.

En The Bourne Legacy se han saltado esa parte, y en ella podemos ver reunido a un equipo que podría haber dado mucho más de sí y que nos habría dejado una película épica. Puesto que en ella encontramos nombres como los de Jeremy Renner, Rachel Weisz o Edward Norton, aunque de todos ellos el único que se salva es el primero. Renner tenía la difícil tarea (quizá la exigencia más grande que tenía esta cuarta entrega de Bourne) de hacernos olvidar al carismático personaje de Matt Damon y, además, sustentar una historia completa que se centraba única y exclusivamente en él. Sin embargo no parece que esto le afecte y se convierte en algo de lo poco salvable de la cinta, que afortunadamente puede contar con un actor como él entre sus intérpretes. El argumento está tan centrado en su personaje que los roles interpretados por Weisz o Norton se resienten significativamente, quedando relegados a un segundo plano, donde no parecen desenvolverse tan bien.

Por otra parte tenemos al claro ejemplo de la diferencia entre un guionista y un director: Tony Gilroy. Éste se había encargado de los tres guiones de la trilogía previa, dejando el rol de director a Doug Liman (The Bourne Identity) y Paul Greengrass (The Bourne Supremacy y The Bourne Ultimatum), aunque con éste se dieron los mejores momentos. En esta ocasión es Gilroy el que también toma el papel de realizador, con un resultado muy diferente al de sus guiones. Aunque en The Bourne Legacy el libreto tampoco destaca demasiado por su calidad, la puesta en escena y la visualización del mismo es lo que provoca una perdida de calidad significativa en el resultado final. Movimientos de cámara insignificantes y frenéticos, un ritmo narrativo que en muchas ocasiones sólo sirve para que el espectador se pierda en la laboriosa trama de nombres en clave y programas de espionaje, y unas escenas de acción en las que se tiene que adivinar más de lo que se ve, son elementos que lastran el resultado final y que convierten a esta cinta en la peor de las cuatro de Bourne.

Además de esto, la historia no destaca por ser demasiado original. De hecho la trama principal de la cinta sigue los patrones que ya pudimos ver en las tres anteriores: el gobierno, o los estamentos correspondientes, pretenden acabar con un grupo de agentes secretos y uno de ellos consigue escapar, deseando vengarse. Todo ello transcurre de la manera más frenética posible y, en teoría, en paralelo a The Bourne Ultimatum para que veamos de dónde procede toda la historia. Sin embargo toda ella parece estar improvisada de una manera poco realista, justificando la propia historia con hechos demasiado inverosímiles. Por si esto fuera poco, el propio Gilroy imita la realización de las tres cintas anteriores con cámaras en constante movimiento y una música omnipresente que pretende convencernos de que nada ha cambiado pese a no contar con el dúo Greengrass-Damon, algo que no nos terminamos de creer. El resultado de esta imitación es una obra sin estilo y con una coherencia narrativa plagada de altibajos.

Pese a todo esto, cabe decir que el listón estaba muy alto con la trilogía original y que The Bourne Legacy tampoco es una cinta tremendamente mala. Sólo en comparación con las anteriores se puede comprobar que no está a la altura pese a ser un producto entretenido y que sirve para pasar decentemente las dos horas de metraje. Tal y como termina, es muy posible que tengamos más historias de Aaron Cross y esperemos que para entonces Gilroy y compañía sean más exigentes consigo mismos y con el resultado final.

una estrella