La comunidad cinematográfica internacional está hoy consternada y conmocionada por un suceso tan insólito como la muerte por suicidio de uno de sus miembros. El cienasta británico Tony Scott, director de filmes como Top Gun, Spy Game o Crimson Tide moría ayer domingo, a los 68 años de edad, tras saltar desde el puente Vincent Thomas de Los Angeles, a las 12:30 horas (hora local). Su cuerpo sería recuperado por personal de seguridad del puerto poco después. Sin pruebas que lo desmientan, además del hecho de haber encontrado una nota en su coche, todo indica que se trata de un suicidio. Si a lo largo de su carrera ejercería funciones de actor, guionista, montador o director de fotografía, el mayor reconocimiento de Tony Scott se debe a su labro como director y productor, tanto para el cine como para la televisión. Denzel Washington, Gene Hackman o Tom Cruise son algunos de los actores con los que había trabajado más veces, en una filmografía en la que también destacan títulos como Days of Thunder, The Fan, Enemy of the State, Man on Fire o Déjà vu.

Tony Scott

Independientemente de los resultados artísticos de su cine, no se puede negar la coherencia, tanto de estilo y estética como en lo que se refiere a los temas que trataba. Estéticamente podemos vincular su obra con los postulados de un movimiento como el futurismo de Marinetti, para el que la imagen tiene mucha más importancia que la palabra -rara vez una de sus películas está basada en una obra escrita-, teniendo vital importancia el movimiento, la acción y la violencia. También comparte con los futuristas sus postulados políticos, al estar todas sus películas en sintonía con un pensamiento republicano y conservador. En cualquier caso, señalar una función apelativa dominante en la mayoría de su cine, que aunque podemos encontrar algunos casos de demonizacion de determinados colectivos sociales, siempre inducía al espectador a plantearse los problemas que denunciaba o exponía. En una filmografía repleta de productos de acción, podemos encontrar obras tan excéntricos como The Hunger, que protagonizaban Susan Sarandon, David Bowie y Catherine Deneuve, o True Romance, a partir de un guión de Quentin Tarantino, que se convertirían en filmes de culto, aunque tanto uno como el otro serían tan admirados por unos como denostados por otros.

Cineasta artesano, más que artista, Tony Scott no sería un director con aspiraciones a pasear por festivales de cine ni la alfombra roja de los Oscar. Aparte del respaldo del público, que siempre haria de sus película éxitos de taquilla, sería la pequeña pantalla la que le compensaría siendo varias veces nominado a los premios Emy, por su labor como productor para diferentes formatos de televisión. Tras una primera etapa dirigiendo publicidad, retoma su trayectoria televisiva como productor ejecutivo de una serie basada en su película The Hunger, obteniendo su primera nominación como productor de la TV-Movie RKO 281, que protagonizada por Liev Schreiber, James Cromwell, Melanie Griffith y John Malkovich, especulaba sobre los avatares que habían llevado a Orson Welles a centrar su magnífica ópera prima, Citizen Kane, en la figura del magnate y periodista William Randolp Hearst. Entre las series de televisión más conocidas en la que ha estado involucrado destacan Numb3rs o The Pillars of the Earth.

Protagonizada por Denzel Washington y Chris Pine, Unstoppable quedará como la última película que dirigía, dejando muchos proyectos en fase de producción, tales como Stoker, el debut estadounidense de Park Chan-wook en el que ejercía como productor; así como en la adaptación en miniserie de la novela de Robin Cook, Coma, que ya fuera llevada al cine por Michael Crichton; o la de Labyrinth, que adapta en una mini-serie la conocida película de Jim Henson; así como la secuela de Prometheus, en la que era su primera colaboración en una película dirigida por su hermano, Ridley Scott.