El cine es tiempo. O al menos, es el paso que da en cuanto a las posibilidades de representación de la realidad: añade el movimiento del que carecía la fotografía. Para Barthes, la fotografía significaba el haber-estado-allí y el cine el estar-allí: la fotografía es pasado detenido y el cine es presente en movimiento. Y esto lo ha comprendido perfectamente Christian Marclay, que ha presentado en el Lincoln Center de New Cork uno de los montajes cinematográficos más arriesgados de los últimos años, The Clock, con el que ganó el León de Oro en la Bienal de Venecia de arte de 2011.

The Clock es presente continuo hasta sus máximas posibilidades. Se trata de un montaje de 24 horas, formado por miles de fragmentos de películas de toda la historia del cine, en los que existe una referencia explícita al tiempo. Pero lo interesante es que cada hora cinematográfica es una hora de vida: el film va de doce a doce, y la hora de entrada del espectador coincidirá con la hora en la que viven los personajes. Se aproxima a The Sleep, te Andy Warhol, que mostraba a un hombre durmiendo 8 horas en tiempo real. Y todos afirman que lo más interesante son los fragmentos nocturnos, pues asistimos a las escenas más comunes de tales horarios: sexo, alcohol y drogas (entre otros). Y el Lincoln Centre abre las 24 horas en los fines de semana, así que hay espectadores que pueden asistir a las partes más íntimas de la cinta.

El resultado es sorprendente, pues Marclay ha construido una narración vaciada de acontecimientos, donde el protagonista es el reloj: sólo vivimos la vivencia de otro personaje del tiempo, de modo que nos sumergimos en el kairós, en el tiempo flujo, y desde él observamos la imposición del tiempo cronológico, el fijado por las saetas del reloj. Además, el espectador experimenta, de forma paralela a los personajes, la fluctuación del estado de ánimo a lo largo de las horas del día: el film contiene emociones, pero no son creadas por situaciones concretas, sino por la huella que el tiempo deja en nosotros. El tiempo como engendrador de la emoción.

A mí me recuerda, inevitablemente, a las sinfonías urbanas que se realizaron en las postrimerías de los años veinte, donde se trataba de narrar la vida en una gran ciudad durante un día, desde el alba hasta el alba siguiente. Pero aquí el experimento es más radical, pues vivenciamos la totalidad del tiempo en nuestras carnes, lo que a su vez impide un visionado continuado del mismo, pues sería necesario llevar una cafetera o drogas estimulantes para soportar despiertos las 24 horas de metraje.

Christian Marclay es un videoartista que realiza normalmente montajes temáticos a través de imágenes de la historia del cine. Es célebre Telephones (1995), que condensa secuencias de teléfonos del cine clásico, mostrando las similitudes en la puesta en escena de este tipo de situaciones. Pero en The Clock ha llegado a extremos que es difícil superar, tal y como afirma Adrian Searle, un crítico de The Guardian:

The most staggering, complex thing made by any artist so far this century.

Y hablando de relojes, también se ha presentado el montaje The Clocks, que condensa las secuencias más bellas de la historia del cine (o ésa es su pretensión). Editado por Jason Bailey y sonorizado por Clint Mansell (Réquiem for a dream), consta de 135 secuencias de 88 películas, y es interesante ver el juego de relaciones que se crea entre planos: hay una correspondencia del movimiento interno de los planos, de modo que se crea una armonía en la visualización. También hay una relación causa-efecto, de modo que el plano de Manhattan de Woody Allen observando a través del puente de Brooklyn viene sucedido por la visión de un edificio de otro film. Y también hay relaciones de contraste, pues este edificio viene sucedido por un incendio de un bosque en Apocalypse Now, señalando así los elementos subterráneos que permiten sostener la economía estadounidense. Asimismo, algunas películas poseen un montaje tan maestro que ha sido imposible su fragmentación, como 2001: A Space Odyssey, o The tree of life. Os dejo con el video:

135 Shots That Will Restore Your Faith in Cinema from Flavorwire on Vimeo.

Fotos: Ryan Renshaw