La maestría de la que hace gala Pedro Almodóvar en el uso del tiempo narrativo también se cuela en el tiempo real, pues apenas unos días después del comienzo del rodaje de su próximo proyecto, Los amantes pasajeros, disponemos ya de varias instantáneas del film. Unas imágenes que demuestran el carácter coral de un film que agrupa en su seno a algunos de los mejores intérpretes de la cinematografía española actual, como Javier Cámara, Lola Dueñas, Raúl Arévalo, Cecilia Roth, Paz Vega, Antonio de la Torre, Blanca Suárez o Guillermo Toledo. Y también cuenta con algunas estrellas de la televisión, como Hugo Silva. Además, participarán sus colaboradores habituales: Alberto Iglesias como compositor, José Luis Alcaine como maestro de luz y Pepe Salcedo en el montaje. En definitiva, un casting de lujo y numeroso para crear lo que Pedro denomina una "comedia coral, moral, oral e irreal o irrealista".

La obra narra la historia de un grupo de pasajeros de un avión encerrados en el mismo decorado, y de sus conflictos sexuales y amorosos. Así, todo el film transcurre dentro de un mismo espacio, lo que genera una interesante dificultad en la planificación del rodaje, pues impone una continua resemantización de los mismos lugares con proyecciones diferentes de los personajes. Normalmente, el desarrollo psicológico de un personaje se pone en escena mediante el cambio de espacios, pero la fijación de un único decorado obliga a otro mecanismo: la filmación contrastada del mismo espacio en distintas secuencias, de forma que se pueda mostrar una evolución psicológica sin cambiar de lugar. Así, la posición de la cámara es clave, como ocurría en Carnage (Un Dios Salvaje), de Roman Polanski. Y también la luz y el color. De estos tres elementos depende que un espacio pueda expresar múltiples facetas sin variar su fisionomía básica. Almodóvar habla de este reto en la web de su productora El Deseo:

Se han hecho varias películas sobre un grupo atrapado, que no puede salir de donde está, (y la televisión está llena de concursos claustrofóbicos y de supervivencia) desde “El ángel exterminador” de Buñuel, hasta “Buried” de Rodrigo Cortés donde todo ocurre en el mínimo espacio imaginable, un ataúd. El reto es tan difícil para el personaje enterrado como para el director que tiene que contar su historia.

Y si el espacio no varía, entonces la palabra toma el protagonismo. Todo el film deberá tejerse a través de la palabra, que se convierte en directora de una narración que pretende mostrar las ansiedades del encierro. La palabra que expresa asfixia, ansiedad, y que es también liberación, y a la vez arma contra el otro:

El arma de los atrapados en un solo espacio es la palabra, la palabra para relacionarse, desahogarse, mentir, mentirse, reconocer que se ha mentido, seducir y ser seducido, compartir, luchar contra el miedo, la soledad y la idea de la muerte. Palabra desvergonzada, patética, artificiosa, divertida, exagerada, frágil, engreída, rota, complaciente, hedonista, libérrima y sobre todo entretenida (que me perdone Borges por usar tantos adjetivos).

En este contexto, es imposible el metacine de Los abrazos rotos, pues aquí los referentes ya no son el cine, sino el teatro y la televisión. El teatro, modelo ineludible pues es un modo de representación que suele explotar hasta el infinito posibilidades de un único espacio. Además, Pedro suele recurrir al monólogo para revelar el pasado del protagonista, uno de los recursos primordiales del arte dramático, ante la ausencia del flashback cinematográfico. El monólogo es la cohesión definitiva de una trama siempre enrevesada, como ya vimos en la confesión de Blanca Portillo en Los abrazos rotos o en la secuencia de la hoguera con Marisa Paredes casi como una bruja exorcizadora del pasado, en La piel que habito. De ahí la importancia del género dramático, señalado por el propio Pedro:

Escribí “Los amantes pasajeros” desde otra nostalgia, la del teatro. Mis películas le deben mucho al teatro, están llenas de escenas de dos, a veces de indisimulados monólogos. En esta hay más personajes de lo habitual pero menos espacios que nunca.

Los amantes pasajeros supone el regreso de Almodóvar a la comedia, en este caso, con un toque picantón. Se trata de un género que, en sus últimos films, reducía su presencia a algunas secuencias, como la parte de metacine de Los abrazos rotos, que hacía referencia a su célebre comedia coral Mujeres al borde de un ataque de nervios. Este cambio de tono en su filmografía viene operándose desde La flor de mi secreto, y encontró su paradigma en las magníficas Todo sobre mi madre y Hable con ella, donde realismo y melodrama se dan la mano y logran una fiel transmisión del desgarro de lo real. Pero quizá en Los abrazos rotos llegó al colapso en el recurso al drama, pues la convención del melodrama imponía un distanciamiento de lo verosímil cada vez más amplio, por lo que tal film hacía sentir una artificiosidad que coartaba toda adscripción a la realidad. El espectador se sentía ajeno a lo que ocurría. De ahí que recurriese a las convenciones del género de terror para diseccionar las oscuras leyes del deseo en La piel que habito.

Su público demandaba de nuevo comedias gamberras, así que Los amantes pasajeros es su respuesta. Esta evolución de Pedro parece responder también a una evolución social, pues una democracia naciente en perpetuo debate permitía una transgresión de los discursos, mientras que una democracia estable y una paz social garantizada parecen haber fomentado el drama realista. Si la realidad no genera traumatismos, entonces el drama realista se convierte en norma. La pregunta que plantea Los amantes pasajeros es su conveniencia, porque la película puede suponer una revisión del tono de sus comedias anteriores sin pretensiones, y él llega a afirmar que se trata de una obra ligera. Pero la comedia puede servir como dardo a una situación caótica en España generada por la crisis económica. Veremos si este dardo es un somnífero para la evasión o refleja las profundas estructuras sociales del país, como sin duda lo hace todo su cine producido en los años ochenta, siempre de manera trangresora. Almodóvar admite la presencia de la realidad de forma indirecta, pese al irrealismo inicial de la propuesta:

He tratado de dejar la realidad a un lado, aunque a veces la realidad se cuela sin que te des cuenta.

Pedro es un genio de la síntesis, pues es capaz de poner en escena narraciones compuestas de infinitas ramificaciones (véase Los abrazos rotos, por ejemplo), así que esperemos que también lo sea en el rodaje y montaje, y pueda estrenar su última película en una fecha no muy alejada. Aunque todo parece indicar que su estreno se producirá en el próximo festival de Cannes, pues Pedro es muy querido en Francia y en el festival y acostumbra a mostrar sus obras al público por primera vez en la Croissette. Pero aunque el público lo alaba, la Palma de Oro se le resiste, y sólo ha logrado el Premio al Mejor Director por Todo sobre mi madre y el Premio a la mejor interpretación femenina a todas las actrices de Volver. Con Los amantes pasajeros, Pedro optará de nuevo a la Palma, y de momento, su proyecto es de los participantes más seguros para la edición nº 66 del festival de Cannes.

Fotos: Filmin