Fernando Meirelles vuelve a cruzar el charco para realizar su próximo proyecto. E incluso repite con Rachel Weisz, con quien ya colaboró en The Constant Gardener (El jardinero fiel), para protagonizar su último film, 360, basado en la obra de teatro de Arthur Schnitzler. A la actriz británica se le unen otras estrellas de las tablas inglesas, como Jude Law o Anthony Hopkins. El trailer que anuncia su estreno en agosto acaba de ser publicado:

Con 360, podemos esperar una obra turbadora, pues se basa en la obra Reigen (La ronda), del austriaco Arthur Schnitzler, que ya causó escándalo en los escenarios vieneses a comienzos del s. XX. El argumento se sustenta en una serie de parejas que cometen adulterio en una sucesión circular, de modo que la primera pareja y la última están interrelacionadas: nadie se salva del goce del sexo. Además, si ha Meirelles ha sido fiel al estilo de Schnitzler, probablemente encontremos un guión de gran introspección psicológica, que revele las perversiones y desvíos que experimenta cada personaje en su interioridad. No en vano, Sigmund Freud llegó a considerar a Arthur Schitzler su doble literario.

El austriaco entronca su carrera con los grandes renovadores del teatro de finales del s. XIX: Henrik Ibsen, Anton Chejov y August Strindberg. Y los tres autores basaron esta revolución en la sustitución del acontecimiento por el sentimiento: ya no vemos en la tabla hechos o acciones, sino emociones internas de los personajes. Ello contribuyó al vaciamiento dramático de sus obras, que están construidas a base de diálogo y gestos que muestran el rumbo errático de sus personajes. El pasado se integra en el teatro, que en el s. XIX muestra ya pasado y presente unidos: ya no es un teatro del presente, de la acción, como el griego o el barroco, sino un teatro del diálogo y del conflicto del pasado que se reactualiza en los personajes. Es el triunfo del cristianismo como ideología, que busca en su pasado para encontrar una redención en el futuro: de ahí la importancia de incluir el pasado en el presente. Por ello, el teatro de estos autores, y el de Arthur Schnitzler incluido, sigue esta línea que asemeja más la obra dramática a la novela que al teatro mismo, pues la novela integra los dos tiempos en su seno.

Asimismo, fue el primero en introducir el monólogo interior en la literatura alemana, un medio que permite la auscultación del fluir de la conciencia del personaje. Esperemos que la modernidad de Schnitzler siga presente en 360 y así disfrutemos de dosis de perversión en el cine. Su obra dramática ya fue adaptada en otra de las obras maestras de la crisis matrimonial: Eyes Wide Shut, de Stanley Kubrick. Y también fue adaptado por otro artista de lengua alemana que conocía bien su obra: Max Ophuls. Este director, célebre por su adaptación de Letter from an unknown woman (Carta de una desconocida), de Stefan Zweig, es un maestro en el retrato de personajes femeninos en el desamor y en la decadencia. De ahí su elección de obras maestras del teatro psicológico de Arthur Schnitzler como Liebelei o La ronda.

El director brasileño se hizo célebre con la dirección de la aclamada City of God (Ciudad de Dios), un relato perspectivista sobre la vida en las fabelas brasileñas a ritmo de thriller. Allí supo conjugar lo mejor del cine norteamericano de los años setenta, una de sus influencias más destacadas, basado en un montaje rupturista, música no compuesta ad hoc para la película y estética realista, con un frenético movimiento de cámara. Gracias al éxito internacional del film, su carrera fue catapultada, y recaló en Inglaterra para filmar para filmar con Ralph Fiennes y Rachel Weisz The Constant Gardener (El jardinero inglés), basada en la célebre obra de espionaje de John le Carré. Su último proyecto ha sido The blindess (A ciegas), adaptación de Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago. Así, su carrera se está tejiendo entre Europa y América Latina, fusionando así la estética del cine anglosajón con la realidad social de su país de nacimiento.

Fotos: Indiewire