El miércoles, el presidente del gobierno Mariano Rajoy anunció un ajuste económico que se ha convertido en el más radical de la democracia española: recortes en el funcionariado (se quedan sin paga extra y se reducen sus días libres), recortes en el paro (los parados de larga duración ven reducida su prestación del 60 al 50 % de la base reguladora) y, quizá lo más drástico, el aumento del IVA de todos los productos proyectado para el 1 de septiembre. El IVA normal aumenta del 18 al 21 %, y el reducido del 8 al 10 %, pero algunos de los productos que pertenecen a este grupo pasaron a pertenecer al grupo del IVA normal, por lo que sufrieron un vertiginoso ascenso desde el 8 al 21 %. Y uno de los elegidos fue el cine, así que las entradas del cine protagonizarán un fuerte aumento de precio, que podría tasarse en 1 euro más por entrada. Por todos estos aumentos y recortes, ese mismo día se produjeron manifestaciones espontáneas por toda la ciudad que desembocaron en la Puerta del Sol, donde la policía cargó contra los manifestantes con balazos de goma, produciendo múltiples heridos.

Y ese mismo día, mientras caminaba con varias amigas por Lavapiés, alguien me preguntó la dirección hacia de Tirso de Molina, y yo les señalé su emplazamiento, afirmando: "Justo detrás de la hoguera, allí está la plaza". Seguí con mi camino, absorto en mis pensamientos, hasta que recapacité sobre la reciente visión. "Espera -me dije-, no es normal que haya una hoguera". Y efectivamente, reaccioné tarde, pero observé una plaza repleta de torreones de fuego azotando Madrid. Eran contenedores ardiendo por las protestas diarias que se producen en la capital por los recortes del actual gobierno del PP, y que luego devinieron cenizas, huellas de una ausencia. Así, fuego y ceniza son seguramente, las mejores metáforas de la situación de crisis: fuego es el estado de ánimo de los ciudadanos, y cenizas es el estado de ánimo de la economía.

Fuego y cenizas es, también, la metáfora que mejor define la situación del cine. Un fuego que alimenta la rabia del sector, quien pretende luchar con todos los medios posibles para obstaculizar la aplicación de esta elevada imposición. El presidente de la Federación de Asociación de Productores Audiovisuales Españoles (FAPAE), Pedro Pérez, días antes había solicitado al sector que asumiese la subida del IVA, que entonces preveía de un 2 %, por lo que el espectador no vería aumentado el precio de la entrada. Pero seguramente, las distribuidoras no se harán cargo de una subida de 13 puntos, por lo que el espectador será quien pague la imposición. Su twitter bulle de protestas, y sus palabras a través de la red social han sido las siguientes:

Si el Tipo de IVA aplicado al cine en España es más de 3 veces la media europea no seremos competitivos con los países de nuestro entorno

Y es que el IVA español aplicado al cine es el más alto del entorno. Las cifras lo dicen todo: en Rusia no existe, en Suiza 2 %, en Bélgica y Francia 6 %, en Alemania 7 %, en Noruega 8 %, en Finlandia 9 % y en Austria 10 %. La cifra del 21 % es absolutamente escalofriante, y contribuirá al cierre de numerosas salas, tal y como ha afirmado en El País Ramón Gómez Fabra, presidente de la FECE, la asociación de exhibidores:

Si los precios suben, cerrarán el 70% de las salas al día siguiente, no habrá nadie que vaya al cine

Pero no sólo miembros de los sectores han alzado su voz, sino también algunos directores, como Jaume Balagueró, quien ha criticado de forma tajante al gobierno en el Twitter de la FAPAE:

La subida del IVA en un sector ya moribundo como la exhibición cinematógrafica es mandar al paro a miles más. De necios e irresponsables

Es el fuego que trata de animar un sector que, año tras año, está deviniendo cenizas. Porque las cifras de la exhibición de cine en España en los últimos años causan vértigo: en 5 años, el cine español ha perdido más de 40 millones de espectadores. Este hecho responde a cambios de hábitos de consumo, pues Internet está desplazando la asistencia al cine como forma de ocio, ya que se pueden descargar películas en casa. Y el hecho de poder tener una experiencia cinemática en casa anima a muchos a buscar una experiencia de mayor realidad fuera del hogar, hecho que ha motivado un renacimiento del teatro, a menos en la ciudad madrileña, donde los carteles cuelgan el lleno de muchas de sus obras programadas.

Pero a la vez, el precio de la entrada ha ascendido en un 36 %, mientras que el IPC subía el 17 %, tal y como ha señalado un informe de la asociación de consumidores FACUA, que ha analizado el precio de 138 salas de capitales de provincia. Así, si el precio medio hace 5 años era de 4,80 euros, actualmente se sitúa en 6,52 euros (6,60 los fines de semana). Y este precio es resultado de un pacto entre distribuidoras, que fijan una cuota a obrar del 50 % de la recaudación, y de los exhibidores. Así, estos sectores están provocando el éxodo de espectadores del cine español. Y si estos datos son desoladores, imagínense añadir una subida del IVA de 13 puntos: el sector entrará en un declive asegurado.

Ante esta situación, queda la protesta, el único ave fénix que puede hacer resurgir al cine de sus cenizas. La próxima, el 19 de julio, apoyada por FACUA, que en su web defiende la realización de una huelga de consumo. Esperaremos las noticias, porque si ya de forma espontánea ayer la gente se concentró ayer frente a las sedes de los dos principales partidos (PP y PSOE) y cortaron el tráfico, seguramente el 19 de julio, Madrid quede colapsada. Pero bienvenido el caos, si sirve para despertar.

Fotos: Diario Crítico