Nada como contar con un director sin pretensiones para que consiga sacar adelante, con eficacia y resolución, una película como The Amazing Spider-Man. Independientemente de comparaciones con sus predecesoras cinematográficas, con el cómic que le dio origen o incluso a pesar del oportunismo (o no) de volver a reincidir sobre el hombre araña en un momento en el que las pantallas de los cines están saturadas de superhéroes, lo cierto es que The Amazing Spider-Man funciona bastante bien, aunque sin conseguir emocionar.

Por un lado está la eficacia del guión escrito por James Vanderbilt -que ya prepara la secuela-, Alvin Sargent -que ya participara en dos de las películas sobre el personaje dirigidas por Sam Raimi- y Steve Kloves -en su primer trabajo después de participar en la saga de Harry Potter-, que está más centrado en desarrollar los vínculos emocionales de los personajes que en insertar adrenalina a base de secuencias de acción. A pesar del esfuerzo, no puedo decir que consigan evitar una leve sensación de déjà vu que proviene de contar una historia cuyos primeros giros son esperados e inevitables, no sólo por la picadura de araña, sino también el incidente con su tío y algunos otros giros que se repiten. Resta algo de fuerza la dificultad de asimilar a Andrew Garfiled y Emma Stone como adolescentes de instituto, o la red emocional en la que se mueven las relaciones personales de los personajes, como que el doctor Connors, que fuera colega del padre de Peter Parker, sea mentor de Gwen Stacy, su compañera de instituto, que a su vez es la hija del capitán de policía, aunque tampoco supone un problema para la credibilidad de la historia.

La que sí resulta definitiva es la aportación de Marc Webb, que sabe proporcionar el tono adecuado a los momentos dramáticos, los cómicos y los románticos. Pero sobre todo, porque a pesar de que haya pocas secuencias de acción, están rodadas con una claridad y nitidez extraordinarias. The Amazing Spider-Man no solo huye de ejercicios pirotécnicos exacerbados o de una demonización de villanos en favor del héroe -aquí tanto buenos como malos tienen sus virtudes y defectos-, sino que, al contrario que otros superhéroes recientes, se aleja de cualquier discurso patriótico y político mostrando al hombre araña como un héroe de a pie, coherente y comprometido, tan sólo, consigo mismo. Quizás haya algún momento -como la secuencia de las grúas- en el que al director se le vaya la mano con la bandera y ese (supuesto) espíritu solidario estadounidense, pero queda más como una anécdota que como abanderado del espíritu de la película.

Puede que trío protagonista formado por Andrew Garfield, Emma Stone y Rhys Ifans resulten efectivos en sus respectivos personajes, pero ninguno llega a transmitir la fuerza que la veteranía de Martin Sheen y Sally Field consiguen aportar a los suyos en sus pocas secuencias. Quizás señalar, no sólo la presencia de Campbell Scott como fugaz padre de Peter Parker, sino la de C. Thomas Howell, aquel amigo de Elliot en E.T que liderara el cuerpo de bicicletas voladoras, que es aquí el padre del niño salvado por Spider-Man en la secuencia del puente, que posteriormente lidera el cuerpo de grúas.

Pero si a pesar de su coherencia y de resultar en todo momento entretenida, The Amazing Spide-Man no consigue librarse de esa antipática etiqueta de producto, tampoco consigue, desde luego, la profundidad psicológica de otros héroes reiniciados recientemente, como el Batman de Christopher Nolan, ni la dimensión metafórica que tuvieran los X-Men, lo que lleva la pregunta que muchos se hacen antes de ver la película: ¿era necesaria? Probablemente no, pero al menos es honesta consigo misma, un rasgo que, al menos un servidor, no ha podido encontrar en otras película recientes de idéntica índole.

3 estrellas