A tenor de la campaña de promoción de Mr. Nice, a la que gustosamente debe haber accedido el propio Howard Marks objeto de este sin par biopic, intuyo que el que fuera traficante de drogas tras licenciarse en Oxford no debe tener demasiada idea de cine. A no ser que viera la película bajo la influencia de todo tipo de estupefacientes, como es lo más probable. Más que nada lo digo porque no estoy seguro de si habrá pillado bien ese tono irónico con el que Bernard Rose ha decidido retratarle y que resta gran importancia a lo que el propio Mr. Marks considera un logro, para centrarse más en su falta de responsabilidad para con su familia, con la sociedad y consigo mismo. El entusiasmo del personaje real en las ruedas de prensa, contrasta con ese retrato que de él se hace, más cercano al de un papanatas, absolutamente carente de inteligencia, aunque sí de una envidiable dosis de suerte, y que en ningún momento le hace parecer un astuto manipulador, como se le vende en la publicidad de la película.

Mr. Nice (2010, Bernard Rose)

Mr. Nice es una película más o menos entretenida (más bien menos), que pareciera la cara B de Goodfellas, salvo que protagonizada por un nihilista en la línea de aquel Alex de A Clockwork Orange. La acción se desarrolla en un tono cercano al documental, pero que en algunos casos y siguiendo la tónica de algunos filmes recientes del mismo cineasta, raya el cine doméstico. Bastante familiar debe haber sido la producción de la película porque el propio director cumplía además las funciones de guionista, cinematógrafo y editor, con la ayuda en este caso de la montadora española Teresa Font, que para eso se trata de una co-producción hispano-irlandesa.

Chloë Sevigny y Rhys Ifans
Bernard Rose se mantiene en un tono distante con respecto al tema principal de su película, es decir que no se implica en si está a favor o en contra de las drogas (aunque puede deducirse eprfectametne no sólo por la opinión del protagonista, sino por algunos otros) o de las aventuras del personaje (al fin y al cabo nunca involucran robo ni asesinato). Tan sólo se limita a narrar su peculiar historia, aunque sí se preocupa de remarcar algunos momentos, como ese en el que Howard mira por la ventana y ve a través de las cortinas a su pareja, y en lugar de volver con ella, se sube al coche para culminar (de mala manera) otra de sus "grandes" operaciones. También desoye continuamente los ruegos de Judy (Chloë Sevigny) para que deje de traficar con drogas, lo que demuestra que no le interesaba en absoluto lo que le sucediese a su esposa ni a sus hijos, por mucho que diga lo mucho que les quiere. Me da la impresión de que por muy gracioso que él se sienta, no debe caerle tan bien al director, que no le juzga, pero utiliza la ironía para acercarse a un tono más cómico, pero que termina por revelar la esencia del personaje.

David Thewlis

Quizás mi falta de empatía con Howard Marks pueda deberse también a la baja calidad de la interpretación de Rhys Ifans, que en ningún momento deja de dar la impresión de que es un actor disfrazado poniendo caras, más o menos elocuentes, pero no llegando en ningún momento ni a transmitir la simpatía que se supone emanaba el personaje, ni mucho menos su inteligencia tanto para urdir sus planes, como para eludir la justicia. En las secuencias colectivas se nota demasiado quien es el actor principal y quienes son los integrantes de la figuración. Mucho más apropiada es la aportación de su compañero de reparto, David Thewlis, de la misma manera que Chloë Sevigny sí es capaz de reflejar a la perfección la contradicción de una madre que, aunque disfruta sin prejuicios de la marihuana, asume su compromiso con la maternidad con la misma ausencia de culpabilidad. Mención especial para la breve intervención de Luis Tosar, siempre perfecto en su cometido, o incluso Elsa Pataky en otra de sus figuraciones especiales (mejor que no hable mucho) en las que se está especializando poco a poco.

Rhys Ifans y Chloë Sevigny

Por último resaltar que si bien soy un ferviente admirador de la obra de Philip Glass, ni siquiera éste parece haber estado muy acertado a la hora de aportar su partitura a la película. Quizás haya sido su manera de devolverle la bofetada a Bernard Rose, para el compusiera la magnífica banda sonora de Candyman. Si bien se trata para algunos de una de sus mejores composiciones cinematográficas, en su momento manifestó su disgusto porque la película no fuera exactamente como le habían prometido, lo que le llevó a no editar su banda sonora hasta varios años después. Quien sabe, lo mismo ahora están todos juntos liando un porrito en Benidorm.

2 estrellas