A pesar de lo que pueda parecer, Lockout es una muestra de cine francés. No es que sea precisamente aquel tipo de cine galo que rindiera pleitesía al cine de autor tan defendido por los miembros de la nouvelle vague, sino al que encuentra en la imitación del cine de acción estadounidense su mejor baza comercial. Una estrategia que, independientemente de sus resultados artísticos, siempre le ha funcionado muy bien a Luc Besson, tanto cuando ejerce de director, como cuando, como es el caso, lo hace de productor y/o guionista. No me cabe duda de que la original idea que se le ocurrió al director de filmes como Nikita y Leon fue la de mezclar sin ningún escrúpulo filmes de acción del gusto de todos como Escape from New York, Die Hard y Alien (¿quizá más Alien 3?), añadiendo una pizca de Star Wars. Contra todo pronóstico, no es que vaya a defenderla como una película estupenda, pero lo cierto es que funciona bastante bien, resultando un producto, cuanto menos, bastante entretenido, que es lo único que prometía.

La honestidad del código que utiliza el tándem formado por los primerizos James Mather y Stephen St. Leger para poner en práctica su propio guión permite que no haya ningún lugar a dudas sobre el tipo de producto que ofrecen, más cerca de la estética del cómic que de la narrativa cinematográfica, como se declara desde la primera secuencia. AL menos en lo que respecta a los parámetros de verosimilitud en los que va a discurrir, porque no tienen ningún escrúpulo en distanciarse de la realidad, permitiendo que se disfrute del espectáculo sin problemas de coherencia. Dentro de este contexto, no sólo se agradecen las estupendas dosis de humor que proporciona, sobre todo, el personaje interpretado por Guy Pearce, Snow, sino que le vienen como anillo al dedo, siendo el complemento perfecto para relajar los momentos de tensión.

Guy Pearce

Al establecerse desde un primer momento este código completamente ausente y distante de la realidad, no podemos pedir una gran responsabilidad en todo lo que respecta a las secuencias desarrolladas en el espacio exterior. Ninguna. En la estación espacial que sirve como prisión en donde se desarrolla toda la trama principal que, una vez se resuelve, decae peligrosamente al volver la atención sobre una trama secundaria cogida con pinzas y que sólo sirve para abrir y cerrar la película. Al menos la resuelven con celeridad, evitando que la decepción llegue a palabras mayores. Si acaso lamentar que la banda sonora de la película sea tan estereotipada como sus personajes, mermando las posibilidades del producto.

Maggie Grace

Si Guy Pearce nunca ha sido santo de mi devoción, debo admitir que consigue captar a la perfección la ironía de la que hace gala su personaje, alcanzando el que debería ser su registro natural, al menos desde mi punto de vista. No puedo decir lo mismo de Maggie Grace, un poco forzada en los momentos en que tienen que ser sencillamente natural, y demasiado preocupada en parecerse a Angelina Jolie cuando se entrega de lleno al mismo registro que su compañero de reparto. Tampoco es que Peter Stormare sea el colmo de la interpretación, pero se ciñe a lo que se espera de su personaje y en los mismos parámetros de exigencia de un producto de estas características. Si no le pides más te lo pasaras muy bien, pero si quieres algo más, mejor no te molestes.

2 estrellas