Siempre he encontrado muy lamentable que la hegemonía del cine anglosajón sobre los que se realizan en cualquier otra lengua impida la valoración, a nivel internacional, de aquellos profesionales que no suelen desarrollar su actividad profesional en la lengua de Shakespeare. En el caso de Susanne Lothar, podemos agradecer a Michael Haneke que contara con ella en casi todas sus películas después de que protagonizara Funny Games junto al que era su propio marido, Ulrich Mühe. Una pareja que parece marcada por la tragedia pues si su marido fallecía hace unos años, a la edad de 54, Susanne Lothar lo hacía ayer mismo, por causas que no han trascendido por deseo expreso de su familia, y que en realidad no nos importan, pues lo triste es que hemos perdido a una actriz tan grande como desconocida para el gran público.

Susanne Lothar

De belleza excéntrica pero serena y aspecto frágil (y un inquietante parecido razonable con la periodista española Karmele Marchante), Susanne Lothar se especializó en interpretar personajes extremos que también desarrolló en el teatro y la televisión. Ganadora del premio a la mejor actriz debutante otorgado por la academia de cine alemana por su interpretación en Eisenhans, sería nominada en tres ocasiones más por filmes como Engelchen, Fleisch ist mein Gemüse y Das weisse Band - Eine deutsche Kinderfeschichte. Si todavía está pendiente de estreno una de las últimas películas en las que participó, Anna Karenina, la adaptación de Léon Tolstoy que ha realizado el cineasta británico Joe Wright, y se encontraba rodando Inner Amok, que dirigía el austriaco Peter Brunner, propongo una pequeña retrospectiva por algunas de sus interpretaciones más conocidas.

Funny Games (1997, Michael Haneke)

A pesar de que Naomi Watts me parece una actriz extraordinaria, no consiguió, ni de lejos, hacer sombra a la impresionante composición que Suanne Lothar hacía de Anna, el ama de casa que tenía que lidiar con quien se hacía pasar por su vecino para pedirle unos huevos, en la primera versión que Michael Haneke hacía de Funny Games. Un filme sin fecha de caducidad, cuyo visitando siempre resulta, cuanto menos, incómodo, pero completamente obligatorio e imprescindible para el cinéfilo contemporáneo.

La pianiste (2001, Michael Haneke)

Es posible que muchos espectadores quedaran impresionados por las prácticas sexuales que Erika Kohut (Isabelle Huppert) ponía en práctica en la adaptación de la novela homónima de la premio Nobel Elfriede Jelinek, pero lo cierto es que el sadomasoquismo no era más que el síntoma visible de los devastadores conflictos entre la profesora de piano y su propia madre. Unos conflictos que Erika veía reflejados en la relación de una de sus alumnas y su madre, interpretada por Susanne Lothar.

Amen (2002, Costa-Gavras)

Como en muchas ocasiones en la filmografía del cineasta de origen griego Costa-Gavras, se adelantaba a los acontecimientos internacionales sobre la hipocresía del vaticano ante los acontecimientos contemporáneos. A pesar de que su película estaba rodada en inglés con un reparto internacional, recurría a actores y actrices nativos de cada una de las nacionalidades que se cruzaban en una película que denunciaba la falta de empatía de la iglesia con el exterminio judío durante la Segunda Guerra mundial, siendo Papa Pio XII. Siendo uno de los principales personajes su propio marido, Ulrich Mühe, también había sitio en la película para Susanne Lothar, que volvería a coincidir posteriormente con Ulrich Tukur, el protagonista de la película.

The Reader (2008, Stephen Daldry)

Aunque también estuviera rodada en inglés, si el cineasta británico Stephen Daldry recurría a nombres de reclamo internacional como Kate Winslet y Ralph Fiennes para protagonizar su película, incorporaba actores y actrices de origen alemán para su adaptación de la novela de Bernhard Schlink. Susanne Lothar volvía a hacer el papel de madre, en esta ocasión del joven Michael Berg, que interpretaba el también alemán David Kross.

Das weisse Band (2009, Michael Haneke)

Una de las secuencias más devastadoras de una película repleta de momentos desoladores, era el momento en que la comadrona, interpretada por Susanne Lothar era rechazada y humillada por el doctor. Michael Haneke lograba la Palma de Oro en Cannes, el premio a la mejor película europea y diez premios de la academia de cine alemana. Una lista de galardones francamente breve para una película impresionante que hubiera merecido todavía mucho más.