Piranha 3DD es la secuela de la cinta de 2010 dirigida por Alexandre Aja Piranha 3D. En ella, el director francés se inspiró en la cinta de Joe Dante de 1978 no para hacer un remake al uso, sino para darle una vuelta de tuerca al uso de las pirañas como elementos de terror en la película y para aportar un toque más cómico a su película. El resultado fue una obra que, si bien no entrará en la historia del cine por su calidad ni por las repercusiones o influencias que dejó, sí que tenía un valor en cuanto al sentido que su director quiso dejar en ella.

Con este listón se enfrentaba John Gulager para realizar la secuela, que ya desde los primeros avances tenía una idea clara de cómo sería la película final: con mucha sangre y con muchos bikinis a cámara lenta. Como si del Windowlicker de Chris Cunningham se tratara, al cinta no oculta sus raíces ni tampoco sus objetivos: para todo el que desee ver chicas en bikini y grandes pechos en plena pantalla, esta película no le defraudará.

¿Pero de verdad hace falta realizar todo ese trabajo, de reparto, de guión, de dirección, para que la película esté reducida sólo a eso? Creo que sería un auténtico desperdicio, y perdónenme los que se conforman sólo con eso, si la película simplemente se hubiera dedicado a mostrar carnaza en pantalla. Aparte de esto, también hay pirañas, unas cuantas, que dejan algunos momentos realmente divertidos. La película de Aja era un poco más refinada y sutil en cuanto al uso de la comicidad y de la parodia de la temática, pero en esta secuela todo es tan evidente y tan directo que, si bien también es divertido, no produce el mismo impacto ni satisface igualmente.

Es evidente que cualquiera que vea unos pocos avances de la película no puede esperar más de ella de lo que ya aparece en los tráilers, porque no tiene mucho más, entre otras cosas porque tampoco pretende tenerlo. Si nos atenemos a un análisis convencional de la cinta nos encontramos con que está llena de clichés, de escenas mal montadas, de una temática más que trillada y previsible, y de unas interpretaciones que rozan el absurdo aunque, por otra parte, nunca ha salido un ganador de Oscar de una película como esta. Sin embargo, esta también es la gracia de la película de Gulager: ese aire a película de serie B impuesta cuyos productores parecen preferir gastarse el dinero en actrices despampanantes antes que en un equipo técnico que nos legue una obra decente.

Esto no quiere decir que toda la cinta sea pésima. Afortunadamente cuenta con varios momentos, tampoco muchos, que son realmente divertidos y que merecen la pena verse. Uno de ellos es la escena que parece sacada de la película de 2007 Teeth, pero con alguna piraña de por medio. Lo mejor de todo es cómo el gag va derivando poco a poco en algo más surrealista aún, cómo la historia se crece con sus propios chistes y cómo las explota al máximo. Otro gran momento de la película tiene nombre y apellidos: David Hasselhoff. El actor, que en la vida real ya se ha convertido en una parodia de sí mismo, quiere mostrárnoslo en la gran pantalla y se interpreta a sí mismo en el que, quizá, sea el papel más realista de toda su carrera. Una colección de momentos divertidísimos, especialmente la conversación que mantiene con un niño al que debería cuidar. Pero personalmente, el momento con el que más me he reído de toda la cinta, es el final que tienen guardado para el personaje de Chet, interpretado por David Koechner, del que no revelaré más datos.

Estas escenas realmente cómicas son sólo unos pocos momentos dentro de todo el metraje, que está plagado de escenas que ya hemos visto infinidad de veces en otras cintas de otro tipo, y que cada vez tiene menos sentido y gracia. Pese a esto, a que su autoparodia sea mucho más evidente que la de su predecesora, y que su calidad también sea mucho más baja, la película se deja ver y al menos esos pocos momentos nos dejan con una sonrisa en los labios que siempre es de agradecer. Por cierto, el final queda bastante abierto y no se descarta que haya una nueva entrega de estos peces carnívoros, aunque la nueva vuelta de tuerca sea demasiado surrealista.

una estrella