El plato fuerte que HBO ha preparado para este verano se ofrece, en España, en menú de degustación. Porque ayer tuvo lugar, en los cines Proyecciones de Madrid, el preestreno de la nueva serie que HBO acaba de lanzar en las pantallas de EEUU, The Newsroom, un retrato sobre la difícil salvaguarda de la ética periodística en un contexto de la comunicación dominado por los grandes conglomerados. Pero sólo pudimos saborear el episodio piloto, de 70 minutos de duración (algo mayor que la duración estándar de un episodio piloto, cifrado en unos 60 minutos), pues la serie está todavía en fase de doblaje y no saldrá a las pantallas hasta el 11 de septiembre. Una coincidencia curiosa, teniendo en cuenta que se trata del aniversario de la caída de las torres gemelas y la temática periodística está emparentada con tal acontecimiento (¿una posible estrategia de marketing, teniendo en cuenta que accedimos a imágenes del atentado a través de la estética televisiva norteamericana?).

La expectación está servida, pues el creador y guionista de la serie es el célebre guionista Aaron Sorkin. Y repite en los diálogos esas resonancias críticas y políticas que estaban presentes en su otra gran creación televisa: The West Wing (El ala oeste de la Casa Blanca). Además, el prestigio de Sorkin está últimamente en progresivo crecimiento, pues sus últimos dos guiones han triunfado en los Oscar: ganó el Oscar al mejor guión adaptado por The Social Network (La red social) y fue nominado también a mejor guión adaptado por The Moneyball. Ahora está escribiendo el guión del biopic de Steve Jobs. Y la nueva propuesta de HBO, The Newsroom, está plagada de los diálogos frenéticos y abruptos a los que Sorkin nos tiene acostumbrados. No en vano, es uno de los mayores impulsores del walk and talk en televisión, un recurso narrativo consistente en integrar una conversación en el movimiento, esto es, filmar un diálogo entre personajes que se mueven continuamente, generando así un gran dinamismo en la secuencia. Si sumas una verbalización rápida y walk and talk, tienes el estilo inconfundible de Sorkin.

La serie cuenta entre su haber con algunos actores consolidados, como Jeff Daniels, célebre por sus actuaciones en The Purple Rose of Cairo (La rosa Púrpura del Cairo) y Radio Days (Días de radio), ambas de Woody Allen. Jeff encarna a Will, el presentador de los informativos que se convierte en garante de la independencia de la información, y cuya labor se tiñe de nostalgia a través de la pluma de Sorkin, quien reivindica en su persona a los grandes presentadores del pasado. Por ello, los créditos de la serie se construyen a través de imágenes de la televisión de los años sesenta y setenta, destacando el retrato de Walter Cronkite, el afamado presentador de CBS, que representa un modelo de periodismo subversivo y veraz que se ha perdido.También aparece la actriz británica Emily Mortimer, conocida por sus papeles en Match Point (2004) y Hugo (La invención de Hugo), de Martin Scorsese. Y Sam Waterson encarna a un varón dandy de la televisión, con su pajarita y su alcoholismo a cuestas.

Todos ellos encarnan un arquetipo bastante estereotipado de periodista ético, que tratará de preservar la calidad e independencia de la información, luchando contra las presiones de los inversores. La serie es, pues, una crítica explícita a la conversión de una noticia en una mercancía, y el nombre de la cadena, ACN, es un juego irónico que mezcla las siglas de las tres cadenas más destacadas del país CBS, CNN y ABC. El objetivo de Sorkin es demostrar que EEUU es un país en decadencia, pero que puede salir de las ruinas en las que se ha sumergido de forma voluntaria. Encontramos por fin una crítica explícita a la actualidad política del país, pero siempre dentro de los límites del patriotismo: el propio Will afirma que EEUU no es el mejor país del mundo, pero que una vez lo fue porque siempre buscaba reinventarse. Por ello, la salida más momentánea es la melancolía en la que parece estar sumido el propio Sorkin, buscando recuperar algunas cenizas de los grandes pensadores y acontecimientos del país. El cartel de una espectadora lo dice todo: "it´s not, but it can be".

La serie destaca por la brillantez de los diálogos, una marca de la casa Sorkin, compuestos con acidez, ironía y frescura. No obstante, el problema es que el guión está construido en torno al lanzamiento de la frase ingeniosa que derrumba el resto de argumentos, por lo que pierde verosimilitud. En general, el guión se concentra tanto en su propia inteligencia que olvida la inteligencia del personaje, quien deviene un vociferador de frases punzantes que poco o nada tienen que ver son su psicología. Los personajes son casi apsicológicos y carecen del magnetismo necesario para atrapar al espectador en sus redes, de modo que la serie se sostiene por la atención a la frase, no por la empatía entre espectador y personaje.

La acción transcurre prácticamente en los estudios de producción de una cadena televisiva, remitiendo así a la tradición serial estadounidense, que semantiza una serie de espacios con unos rasgos esquemáticos, y esos rasgos son explotados hasta sus máximas posibilidades. El espacio es, normalmente, el que permite generar una variabilidad de situaciones; cobra tanta importancia como un personaje. Es un recurso común de las sitcom, e incluso permite impulsar el cariz cómico de la serie, pues esta caracterización de espacios revela ciertas absurdeces de la propia construcción de la serie o de nuestra disposición espacial en la vida real. Pero en cambio, la reducción de espacios no funciona en una serie que busca un mimetismo con la realidad, pues genera una rigidez extrema que cierra el aire, cierra la vida. Y The Newsroom quiere ser comprometida políticamente, así que ese enclaustramiento puede restar efectividad a la serie, al aislarla del contexto social: a nuestros ojos, todo parece un teatro de marionetas, y sus actos tienen escasa relación con el mundo circundante y poco parecen importarnos a los espectadores.

Y si el propósito de la serie es resultar polémica, el resultado es precisamente el contrario. Porque toda serie que se erige voluntariamente en una crítica al sistema, deviene parte del sistema. El filósofo Slavoj Zizek lo afirma al hablar de la película All the President´s Men (Todos los hombres del presidente), de Alan j. Pakula: todo film que muestra la posibilidad de una crítica al sistema no sirve más que para demostrar que el sistema sobrevive a las críticas que nacen en su interioridad. Así, The Newsroom es una serie inteligente y disfrutable, pero se quiere tan trascendente políticamente que al final desemboca en la anulación de su subversión. La subversión requiere de otros cauces, y para ello, habría que empezar por eliminar los prototipos de belleza que algunos actores encarnan o las convenciones dentro de la narración (la vertiente de comedia romántica existente dentro de la serie es un ejemplo de la imposición de normas por el propio sistema). No se puede recurrir a un prototipo narrativo y añadir algunas frases críticas para sentirse subversivo: la subversión está en la destrucción del propio arquetipo narrativo que el sistema ha generado para nuestro goce. Pero mientras gocemos, es imposible combatir contra él.

Fotos: HBO