Lo inverosímil tiene, también, su cabida dentro de las salas. Y este es el propósito que cada año trata de cumplir uno de los festivales más extraños del panorama internacional: el Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges. Celebrado anualmente en al costera ciudad catalana, la 45ª edición que se celebra este año tendrá lugar entre los días 4 y 10 de octubre. Y precisamente esta semana ha sido publicada la programación que colmará los deseos de la cinefilia que asista al festival.

La película que inaugurará la sección oficial será la ópera prima del director español Oriol Paulo, un trhiller psicológico que cuenta con algunas celebridades procedentes, en su mayoría, del mundo de la televisión: José Coronado, Hugo Silva, Belén Rueda. Aunque la representación española no termina ahí: también tenemos las obras de los catalanes Juan Carlos Medina, Insensibles (ambientada en la guerra civil española), y Albert Sánchez Piñol, El bosc. Y es que el cine catalán está últimamente en progresivo encumbramiento, como puede observarse al vislumbrar trayectorias como las de Jaume Rosales o Albert Serra.

Pero Sitges también es el escaparate de gran parte del cine fantástico internacional. Y precisamente, muchas de las obras más bizarras estrenadas en Cannes también aterrizan en el festival catalán, buscando la apertura de nuevos mercados de distribución. Es el caso de Holy Motors, de Leos Carax y protagonizada por Denis Lavant, una de las propuestas más arriesgadas e interesantes del festival francés, donde un personaje adoptaba varios roles a lo largo del film, ejemplificando esta mutabilidad de la identidad en la sociedad contemporánea. Sin duda, la ausencia de premios hacia este film fue uno de los mayores despropósitos del festival de Cannes, pues adoptó una posición conservadora y no arriesgó en su palmarés. No obstante, la película sigue con su trayecctoria y probablemente pueda ser estrenada en salas, que es lo que, al fin y al cabo, importa. La recepción de la obra es la que permite su construcción como obra artística. Crucemos los dedos en esta ocasión.

Y también presenta David Cronenberg la obra que llevó a Cannes (y también se fue de manos vacías): Cosmópolis, quizá la primera película que habla de la crisis sin tapujos ni maniqueísmos y con una gran elaboración artística. Hay conversaciones memorables, como la del reloj digital: si el reloj mecánico permitió regular el tiempo por horas en el s. XIX, originando una fragmentación del día en ocupaciones y preparando la mentalidad para la industrialización, en el s. XXI el tiempo se mide por milésimas. Porque la precisión importa muchísimo para impedir el derrumbamiento del frágil equilibrio de las finanzas internacionales. Y esta mecanización a la que hemos estado sometidos se quiebra con los movimientnos populares como el 15-M o Toma Wall Street. Movimientos que Cronenberg ejemplifica perfectamente a través de las ventanillas de la limusina que lleva a su protagonista, el ejecutivo protagonizado por Robert Pattinson, pues varios manifestantes tratan de asaltar su coche. No en vano, su clase ha originado la debacle. Todo es un camino al apocalipsis en el que nos sumergimos al final del film.

Otras obras interesantes son Flying Swords of a Dragon Gate, de Tsui Hark, The possesion,de Ole Bornedal, o Lovely Molly de Eduardo Sánchez. Y en secciones paralelas, se podrá disfrutar de la nueva obra del japonés Takashi Miike, For Love´s Shake, y del chino Lou Ye, Mysteries. Ambas se presentaron también en Cannes, una en Fuera de competición y otra en Un certain regard, lo que señala los paralelismos entre festivales, pues al fin y al cabo, lo que teje todo el sistema de festivales internacional es la venta de films. Los premios son, al fin y al cabo, la excusa. Pero una bella excusa.

El cartel del festival trata de crear una imagen figurativa de una sensación de declive que experimentamos en todos los campos: el declive de la economía, el declive del cine por la falta de espectadores, etc. Es un cartel de un futuro post-apocalíptico. Porque lo que pretende Sitges, ante todo, es levantar ánimos con espíritu subversivo, y narrar, a través del género fantástico, aquellos fantasmas colectivos que en el realismo no pueden emerger. Esperemos que este año mantenga su propósito transgresor y siga ofreciendo (y premiando) un cine hecho para despertar.

Fotos: Página Oficial del Festival de Sitges