Resulta obvio que Snow White and the Huntsman no es más que el resultado de una estrategia comercial desarrollada a tres bandas. Por un lado tenemos a la compañía productora Roth Films, dispuesta a rentabilidad cualquier cualquier cuento popular infantil. Si comenzaron destrozando Alice in Wonderland, acaban de estrenar esta renovada versión de la historia de los hermanos Grimm, ya se está produciendo su particular punto de vista de uno de los más populares cuentos estadounidenses con Oz: The Great and Powerful, y continuarán con la que no dudo será también original adaptación del cuento popular que plasmó por escrito Charles Perrault y que ellos titulan Maleficent. De otro lado está Universal Pictures, reina del cine terror con influencia expresionista de antaño, corona que parece pretender recuperar ahora a golpe de estética neogótica. En el tercer vértice estaría el director de la propuesta, Rupert Sanders, un cineasta debutante, sin experiencia previa conocida al que poder echar la culpa de todo en caso de que la operación resulte un descalabro. No ha sido así, al menos económicamente hablando, aunque tampoco ha cumplido con todas las expectativas que prometía en sus avances publicitarios.

Un segundo triángulo, el de los guionistas, resulta clave para entender la aproximación que han realizado, no ya al cuento original, sino a la adaptación que Walt Disney ofreciera del cuento en 1937 y que, con toda probabilidad permanece realmente tanto en la memoria del espectador como en la de los productores de la película. El trabajo de Evan Daugherty, John Lee Hancock y Hossein Amini -no conozco los trabajos del primero pero los otros dos son estupendos- demuestra que no tienen ningún escrúpulo en ser infieles a su modelo original, lo cual celebro completamente.

Lo que no entiendo es cómo no se les ha ocurrido cambiar el nombre del personaje protagonista, capaz de hacer que chirríe en un sólo momento la esmerada puesta en escena de la película. Dentro de la estrategia de marketing de la que estamos hablando, pareciera que no han sido capaces de disimular los modelos a emular para tratar de acaparar a un mayor número de espectadores. A un servidor le parece claro que han aprovechado que las adaptaciones de cuentos están de moda, añadiendo el ingrediente romántico que le resulta tan atractivo al público femenino, pero sin descuidar el sentido épico que atrae al sector masculino. Restamos cualquier atisbo de sexo y violencia, más allá de las que vienen implícitas hacia los personajes malos malísimos de la muerte como la bruja y su hermano, para poder llevar a los más pequeños al cine y ya tenemos un producto familiar listo para vender.

El problema viene cuando abordamos al triángulo protagonista que queda descompasado desde el momento en que Kristen Stewart y Chirs Hemsworth se enfrentan a una actriz del calibre de Charlize Theron. Claramente, siguiendo la misma estrategia del guión, al contar con Bella sólo pretenden llamar la atención de los seguidores de The Twilight Saga, de la misma manera que lo hacen sobre los que quedaron impresionados con la fuerza (y estupidez) de Thor. Pero entre que sus respectivos personajes son algo ñoños y lo estupendamente bien definido que está el de Ravenna, no queda ningún lugar para comparaciones. No hay color. La película es de Charlize, a pesar de ser el vértice del triángulo que no aparece en el título de la película. De hecho, si Snow White and the Huntsman comienza bastante bien, en cuanto desaparece la bruja del plano, la película baja en intensidad, en tensión, en emoción, en atractivo y en todo.

Charlize Theron es capaz de que lograr la empatía con el espectador a través de un personaje que nunca es feliz, víctima de una maldición que no termina de explicarse, y que resulta cautivadora a pesar de su maligno comportamiento. Quizás también la simpatía nazca de las probables fuentes de inspiración de los guionistas, que no dudaría evocan a Miriam, aquella vampiro interpretada por Catherine Deneuve en The Hunger, que arrastraba una maldición desde los tiempos del dios Ra. De la misma manera, si nos vendieron que el personaje de de Blancanieves era una especie de Jauna de Arco, más se parece al revolucionario Spartacus, sobre todo en la secuencia en la que trata de exaltar a los que fueran súbditos de su padre a la rebelión, y de cuyo personaje tampoco se explica realmente de dónde le nace tanta bondad ni porqué es la elegida ni nada de nada. Por no hablar de un final total y absolutamente calcado de Star Wars, al que tan sólo faltaba el embriagador gruñido de Chewbacca.

Si claramente prefiero esta puesta al día del cuento clásico de Blancanieves que el tormento por el que nos condujera Tarsem Singh en Mirror Mirror, tan sólo dos cuestiones me preocupan. ¿Hacía falta? Por que lo cierto es que no logro entender qué es lo que nos quieren contar con Snow White and the Huntsman. Probablemente nada y por eso ya me he olvidado por completo de la película (menos de Charlize). La otra pregunta va dirigida a aquellos fervientes defensores de Avatar, que ante las quejas de plagios múltiples se defendían alabando las gracias y virtudes de la exuberante naturaleza que se mostraba en la película de James Cameron, luego ¿quedarán igualmente prendados del mismo alarde naturalista que se realiza en Blancanieves y la leyenda del leñador?

2 estrellas