En un momento de Prometheus, Elizabeth Shaw (Noomi Rapace) explica que es una cuestión personal creer o no creer en la posibilidad de vida extraterrestre. Ella decide creer, pero una vez descubre (y esto no es un spoiler porque ya sabemos que hay) que la vida extraterrestre no es tal y como a ella le hubiera gustado, opta por refugiarse de nuevo en la religión, en este caso en Dios. Esto es exactamente lo que le ha ocurrido a un servidor con la (primera) precuela de Alien: antes de verla quería y deseaba que me gustara por encima de todo, después...

Ante todo, destacar que el trío protagonista consigue unas interpretaciones extraordinarias. Charlize Theron elabora un personaje tan odioso como atractivo, aunque los guionistas no sepan muy bien lo que hacer con él. Michael Fassbender consigue que se te pongan los pelos de punta con una sonrisa digna de Hannibal Lecter y desde luego me encanta la ironía de que su modelo a seguir sea un homosexual como Lawrence de Arabia. Noomi Rapace es un fabulosa y más que digna heredera del legado de Ripley que consigue la plena identificación del espectador con su causa. Y el resto del reparto es lo suficientemente coherente para mantener la atención, incluyendo algún que otro guiño a través de sus personajes tanto con Alien como con Aliens, quizás una mención especial para Idris Elba, mucho más interesante y carismático que Logan Marshall-Green y desde luego que Guy Pearce.

No puedo negar que me lo he pasado bomba viéndola, pero es innegable que si Ridley Scott ha vuelto al cine de ciencia-ficción, no ha recuperado su capacidad para hacer obras extraordinarias como en sus primeros tiempos. Tan sólo es una película perfectamente enmarcada en las expectativas contemporáneas y en perfecta sintonía con su cine más reciente. Más de terror que de ciencia-ficción, quizás la mayor decepción sea encontrarnos una propuesta demasiado superficial para lo profunda que pretende ser. Da la impresión de que el cineasta no se ha implicado como algunos hubiéramos deseado, limitándose a plasmar en imágenes el guión que le han entregado.

Al fin y al cabo no estamos hablando de un artista que reivindica su autoría sobre sus obras, sino ante un artesano que trabaja en equipo para conseguir obras más o menos satisfactorias. Quizás sea paradógico el hecho de que antaño hiciera filmes minoritarios cuya celebridad ha crecido con el tiempo, con el hecho de que actualmente se dedique a hacer un cine mucho más comercial y aceptado por el público que sólo demanda diversión y entretenimiento. En consonancia, lo más probable es que Prometheus sea aclamada por el público, pero no perdurará en el tiempo de la misma manera que Alien. Pero entonces ¿dónde está el "pero" de Prometheus? Precisamente en el que mejor ha sabido venderlo, su guionista Damon Lindelof que junto con Jon Spaihts elabora una historia perfectamente coherente por sí misma y en relación con sus precedente, pero en la que las virtudes de la anterior son exactamente los defectos de esta y viceversa. Trataré de explicarme evitando spoilers.

El principal problema del guión de Prometheus son las prisas. Prisas por ir a encontrarse con los extraterrestres, prisas en provocar lo inevitable, prisas en salir corriendo, prisas en explicar algo que hubiera quedado mejor en entredicho. Tampoco es que hayan tenido mucha pericia en lo que respecta al desarrollo de la acción pues, aparte de que me molesta la secuencia terrestre y el flashback de la infancia de Elizabeth, una vez llegan al planeta de destino la estructura de la película se reduce a las idas y venidas al hallazgo extraterrestre. Hasta tres veces van y vienen de su nave a la otra sin otra excusa que no sea que pase algo más, que avance la acción.

Por otro lado está la cuestión de la antipática credibilidad. Nada referente a la vida extraterrestre, ni siquiera al viaje espacial ni nada por el estilo. Me refiero a cosas mucho más sencillas y mundanas que no quisiera desvelar por lo que utilizaré un ejemplo aparte. Puedo admitir que en Star Trek se realice una operación quirúrgica en menos de tres minutos y para la que el paciente no necesite recuperación alguna, pero es que el tiempo en el que se desarrolla la acción justifica plenamente cualquier tipo de avance, además de que se adscribe en el género de la ciencia-ficción. Por el contrario, Prometheus y las demás películas de la saga Alien plantean una posibilidad a partir de nuestra propia realidad, en un futuro, pero a partir de nuestro presente, por lo que uno no se levanta de la cama y sale echando leches a salvar el mundo después de que...

Luego también están cuestiones específicas de algunos personajes que no llegan a entenderse por sí mismas, aunque sí en relación con Alien. Por ejemplo, es del todo creíble que Ash, el robot de la nave Nostromo, tenga más información que el resto de la tripulación, pero no sucede lo mismo aquí con David, el robot de Prometheus, dado que es realmente el primer viaje a este planeta, aparte de que personalmente me molesta su aire a C-3PO.

Pero independientemente de todas estas cuestiones, Prometheus funciona afortunadamente bastante bien en un sentido nostálgico, como cuando repasamos las fotos y vídeos del viaje de fin de curso, de las vacaciones que pasamos por primer con aquella pareja, o incluso de tu viaje de novios. Resulta extraordinariamente emocionante reencontrarte con los espacios comunes con Alien, intuir el origen, reconocer las señales de lo que pasará después, descubrir algunas incógnitas aunque aparezcan otras. Aunque Damon Lindelof y Ridley Scott vendieran que Prometheus funcionaba perfectamente como película independiente, mi impresión es exactamente la contraria. Su mejor baza es la relación con Alien. Quizás sería interesante conocer cómo recibe la historia un espectador que nunca haya visto ninguna de las películas de la saga. ¿Tendrá realmente sentido que una arqueólogo haga un hallazgo e identifique inmediatamente que se trata de una invitación extraterrestre? ¿Asimilará con la misma facilidad el descubrimiento de estas nuevas formas de vida? ¿Se quedará satisfecho con la deliberada peripecia de dejarlo todo preparado para una posible secuela?

Quizás sería preferible dejar pasar algo de tiempo y volver a ver Prometheus para confirmar si me gusta o no me gusta, pero a pesar de que disfruté mucho viéndola, no consiguió evitar una sensación de decepción en su conclusión por lo que, en este momento, elijo que no me gusta. Elige tú lo que prefieras pero, para eso, tendrás que verla.

2 estrellas