Si en lugar de una secuela de Alien fuera una película de bajo presupuesto con inspiración de la película de Ridley Scott, Alien 3 incluso podría haberme gustado. De hecho, disfruté bastante con aquel spin-off que integraba a Predators y Aliens en AVP: Alien vs. Predators. Un lustro después de que se estrenara Aliens, muchos acudíamos al cine emocionados para ver una nueva secuela que prometía mucho más, al ser la ópera prima de un videocreador que, con toda probabilidad, aportaría una dimensión visual a una saga que acabaría peligrosamente convirtiéndose en una franquicia (entiéndase que considero saga a una serie de películas que desarrollan la historia de unos personajes, como sucede en Star Wars, y franquicia a la colección de películas que parten de una misma premisa que se repite con diferentes argumentos, como sucede en las películas de James Bond). Pero allí donde James Cameron había acertado con tanto tino, David Fincher fracasaba rotundamente.

El que luego sería director de filmes como Fight Club o The Social Network, aprovechaba la secuencia de títulos de crédito para tratar de engañar al espectador con una explicación falsa e inverosímil con la que enlazar Aliens con Alien 3. De un plumazo eliminaba a Nutt, Hicks y Bishop, manteniendo de nuevo a Ripley como única superviviente, que llevaría ya en su seno la semilla de una nueva reina alien. Curiosamente, en ¿un guiño? hacia el propio Cameron, el destino de Ripley sería el mismo que el que un año anterior tuviera el Terminator que interpretaba Arnold Schwarzenegger en Terminator 2: Judgment Day. Lo que sucedía entre una y otra secuencia no deja de ser entretenido, pero no llega ni de lejos a provocar la misma fascinación que la película predecesora ni la anterior, lo que llevaría a muchos seguidores de la saga a denominar Alien 3 como aquella secuela que nunca se hizo, en un ejercicio de deixis inverso.

Con Alien 3, David Fincher finalizaba un periplo como videocreador que le había llevado a realizar los videclips de Downtown Train para Patty Smith, Englishman in New York para Sting, Bamboleo para Gipsy Kings, She's a mystery to me para Roy Orbison, Express Yourself y Vogue para Madonna o Freedom '90 para George Michael, entre muchos otros. Si no podemos decir que empezara con muy buen pie su carrera cinematográfica, pronto podría resarcirse de su relativo fracaso con su siguiente película, Se7en, desarrollando a partir de entonces una controvertida carrera profesional que sería tan aclamada por unos, como denostada por otros.

Sólo dos actores repetían en esta nueva aventura contra estos despiadados extraterrestres, cuya evolución les hacía más rápidos y ligeros. Sigourney Weaver volvía a ponerse en la piel de Ripley, quien por un millón de dólares, añadidos a su salario inicial, no tendría inconveniente en dejarse rapar la cabeza, al igual que sus compañeros de reparto. Y Lance Henriksen aparecía de nuevo como Bishop, además de como el fundador de la compañía Weulan-Yutani, responsable del largo periplo de Ripley que estaba abocada a una pesadilla espacial interminable. Los demás personajes estaban interpretados por una interesante colección de actores, en su mayoría británicos, que se unían junto a Ripley en la lucha contra el alienígena.

Charles Dance

Aunque no se había prodigado excesivamente ni el cine ni en la televisión, Charles Dance era uno de los pocos actores conocidos del reparto de Alien 3. Anteriormente se había dejado ver en títulos tan dispares como For your Eyes Only, Plenty, The Golden Child White Mischief o Good Morning, Babylon en la que interpretaba al mismísimo David W. Griffith. Precisamente, este devenir entre el cine más comercial y el de autor, vendría a definir a la perfección el conjunto de su carrera artística. Inmediatamente después de interpretar a Clemens, el doctor de este planeta-cárcel en el que había aterrizado Ripley, que venía además a aportar un minuto de paz y sosiego en la ajetreada vida de nuestra teniente favorita, desde que se interrumpiera su sueño galáctico en Alien, se pondría después en la piel del despiadado Benedict de Last Action Hero, uno de nuestros villanos favoritos.

Posteriormente protagonizaría películas tan interesantes como Kabloonak, y hasta tendría tiempo de hacer una parada en el cine español de la mano de Gerardo Herrero en Desvío al paraíso. Pero su carrera pareció diluirse en películas de muy bajo calado, tanto artístico como comercial, a pesar de que participaría en títulos como Michael Collins, Hilary and Jackie, Gosford Park, Swimming Pool o Scoop. Este último año parece haber experimentado una relativa recuperación tras participar en filmes poco afortunados pero con relativo tirón comercial como Ironclad, There Be Dragons o Your Highness y defender un personaje en la serie Game of Thrones. Si Underworld: Aweakening es la última película estrenada en la que le hemos visto, actualmente está involucrado en el rodaje de Midnight's Children, con el cineasta hindi Deepa Metha, y Justin and the Knights of Valour, junto a un estupendo reparto que encabezan Saoirse Ronan, Mark Strong, Alfred Molina, Antonio Banderas y Olicia Williams. La primera dentro de los parámetros del más puro cine de autor, y la segunda con aspiraciones a convertirse en un éxito comercial.

Charles S. Dutton

Aunque había participado en numerosas series de televisión y algún filme como Cat's Eye, No Mercy, Crocodile Dundee II o Jacknife, la participación del actor estadounidense Charles S. Dutton en Alien 3, quizás inclinó su trayectoria profesional hacia el mundo cinematográfico, aunque nuca dejaría de lado la pequeña pantalla. No deja de ser irónico que, a pesar de ser un actor que transmite buenos sentimientos y que logra una gran empatía con el público, cumpliera tres años de prisión por tenencia ilícita de armas, que se prolongaría después a siete años y medio por atacar a un oficial. Quizás aprovechó su pasado penitenciario para su personaje en Alien 3, pero lo cierto es que su registro es algo limitado, por lo que se ha quedado relegado a un eterno perfil de actor de reparto que repite su personaje como un cliché.

Títulos como The Distinguished Gentleman, Menace II Society, Nick of Time, Last Dance o A Time to Kill o Cookie's Fortune completan una filmografía digna, pero inconexa y sin rumbo. Quizás por su estética y el posible homenaje a su participación en Alien 3, podríamos considerar que contaron con él directores como Guillermo del Toro, que le llamó para Mimic, Mathieu Kassovitz, que contó con él para Gothika, y Scott Charles Stewart, que le puso a luchar contra seres de índole similar a los alíen en Legion. En este mismo año podremos verle en un títulos tan prometedor como Bad Ass.

Brian Glover

Uno de los actores más interesantes de la película de Fincher, era sin duda este actor británico que fuera luchador profesional y profesor de escuela antes de iniciar su carrera como actor con Kes, el segundo largometraje de Ken Loach. Si la mayor parte de su carrera también discurriría por la televisión, se convertiría en actor muy respetado que también colaboraba con la Royal Shakespeare Company. Sería reclamado para películas con grandes repartos como Brannigan, The Old Curiosity Shop, Joseph Andrews, Jabberwocky, The First Great Train Robbery, Absolution, An American Werewolf in London o To Kill a Priest, que confirmarían la sólida carrera de este gran actor de reparto. Lamentablemente, sólo cinco años después de que se estrenara Alien 3, fallecería a causa de un tumor cerebral. Stiff Upper Lips sería su última película, junto a Peter Ustinov, Prunella Scales y Samuel West.

Pete Postlethwaite

Cuando participó en el rodaje de Alien 3, Pete Postlethwaite no era todavía demasiado conocido para el gran público. En un curioso paralelismo con su colega Brian Glover, antes de iniciarse por el camino de la interpretación también habría sido maestro, después de haber aspirado a convertirse en sacerdote. Curtido en los escenarios de Londres, comenzaría a coquetear con el cine mientras desarrollaba el grueso de su carrera profesional en la televisión. Una de sus primeras intervenciones cinematográficas sería, precisamente, en la ópera prima de Ridley Scott, The Duellists, coincidiendo después con Brian Glover en To Kill a Priest, y participando después en títulos como Distant Voices, Still Lives, The Dessmaker o aquel Hamlet de Franco Zeffirelli, en el que coincidiría con Ian Holm.

En el mismo año que se estrenaba la película dirigida por David Fincher, también participaba en títulos como Waterland y The Last of the Mohicans, en esta última junto a Daniel Day-Lewis, quien sería su propio hijo en la película que le consagraría definitivamente: In the Name of the Father. Desde entonces se convertiría en un apreciado actor de reparto, que participaría en títulos como The Usual Suspects o Romeo + Juliet. A comienzos de este mismo año fallecía a causa de un cáncer de páncreas, siendo sus últimas apariciones en películas como Clash of the Titans, Inception, The Town o Killing Bono.