Veinticinco años han pasado desde la muerte, el 14 de mayo de 1987, de la que fuera uno de los más grandes mitos del Séptimo Arte. Diosa del amor para muchos, casi me referiría mejor hacia Rita Hayworth como una peligrosa tentación que ponía a prueba el temple de aquellos que se le ponían por delante. Al menos es lo que sucedía en la mayoría de lo personajes que interpretara en su carrera cinematográfica, que pareciera fueran invadidos por la propia fatalidad que acompañaría a la actriz hasta sus últimos días. Después de caer en un semicoma en febrero de 1987, fallecía meses después, a los 68 años de edad.

Durante sus últimos años había tenido que luchar contra una enfermedad tan devastadora como el Alzheimer, que al no estar diagnosticado en los años cincuenta se confundía con síntomas de alcoholismo. A su muerte dejaba atrás cinco matrimonios, entre los que destacan el de Orson Welles, con quien tuvo una hija, Rebecca, o el príncipe Ali Khan, con quien tuvo otra hija, Yasmín Aga Khan, una colección de más de treinta películas, la mayoría de ellas realizadas en la década de los años cuarenta, y muchas anécdotas que engrandecen su leyenda, como aquella que asegura que que el famoso cocktail de tequila mexicano, Margarita, fue bautizado en honor a su nombre real, o que su imagen iba pegada en una bomba atómica lanzada como prueba en el atolón de las islas Bikini.

Auténtica estrella hecha a sí misma tras someterse a varias dietas y ampliar su frente mediante técnicas de electrodepilación, traspasaría la pantalla para influir en varias generaciones, como se desprende del relato que Stephen King bautizara con su nombre, Rita Hayworht and Shawshank Redemption, que daría lugar después a la película The Shawshank Redemption. Y si David Lynch le hacía un justo y merecido homenaje en Mulholland Drive, nosotros también queremos rendirle tributo recordando siete de sus mejores películas, que casi podemos disfrutar como auténticos pecados cinematográficos.

Only Angels Have Wings

Tras aparecer en numerosas películas a lo largo de los años treinta con el nombre de Rita Cansino, no sería hasta 1939 cuando llamaría la atención de la crítica con su personaje en Sólo los ángeles tienes alas, película dirigida por Howard Hawks, ya con el nombre de Rita Hayworth. Un cambio que, al igual que su transformación física, habría sido aprobado por el productor Harry Cohn, quien se obsesionaría con ella manteniendo una controvertida y tensa relación, que daría mucho que hablar entre la comunidad profesional de la industria del cine, aunque la actriz nunca cedería a sus proposiciones. Si la película estaba protagonizada por Cary Grant, Thomas Mitchell y Jean Arthur, precisamente sería a esta última a quien progresivamente iría desplazando hasta convertirse en la auténtica estrella de Columbia Pictures.

Blood and Sand

La década de los cuarenta precipitaría la carrera de Rita Hayworth que encontraría en la adaptación que Rouben Mamoulian realizaría de Sangre y arena, la novela de Vicente Blasco Ibáñez, un vehículo formidable para establecer su leyenda de femme fatale. Aquí interpreta a Sol, una bella y frívola aristócrata con la que el torero Juan Gallardo mantiene un apasionado romance que pone en peligro su matrimonio con Carmen, su novia de toda la vida, personajes interpretados respectivamente por Tyrone Power y Linda Darnell. Si la misma novela habría sido fruto de otra leyenda cinematográfica previa como Rudolph Valentino, posteriormente sería objeto de otra inefable versión con Sharon Stone, pero aunque con el paso del tiempo haya salido a relucir el cartón piedra que se ocultaba detrás de una fotografía que obtendría el Oscar de ese año, sigue mereciendo la pena disfrutar de este lujurioso pecado.

You Were Never Lovelier

No es de estañar que Fred Astaire disfrutara tanto trabajando con Rita Hayworth pues si el padre de Rita era el bailarín Eduardo Cansino, su madre había sido bailarina de los Zigfeld Follies. Si a la edad de 13 años ya comenzaba su precoz carrera de bailarina junto a su padre, a principio de los años treinta llegaría a Holywood como miembro del Spanish Ballet. Quizás comenzaría a llamar la atención del público con You'll Never Get Rich, pero quizás sería más interesante su siguiente colaboración con el bailarían, You Were Never Lovelier, dirigida por William A. Seiter, en la que volvería a interpretar a una mujer de raíces hispanas, en este caso argentinas, que se ve empujada a buscar marido después de que su hermana mayor se case, y para que lo haga a continuación su hermana pequeña, como manda la tradición de su familia. Pero María no ha encontrado todavía el hombre que colme su corazón, hasta que "Bailando nace el amor".

Cover Girl

Anticipándose a la historia de muchas jovencitas, el argumento de Las modelos, como se la llamaría en España, giraba en torno a una bailarina que abandona a su novio después de ganar un concurso de belleza y convertirse en una famosa modelo, aunque pronto descubrirá que fama y fortuna no pueden reemplazar el vacío que deja el amor verdadero. Ganadora del Oscar a la mejor banda sonora, con una colorista fotografía de Rudolph Maté y dirigida por primera vez por Charles Vidor, quizás la película tenga hoy un encanto más kitch que auténticamente cinematográfico, pero bien vale la pena echarle un vistazo.

Gilda

Sin duda su interpretación más emblemática sería la que hiciera de Gilda, dirigida de nuevo por Vidor en 1946. Ninguna bofetada volvería a doler tanto, ninguna melena volvería a ser tan voluptuosa y nunca nadie volvería a quitarse un guante con tanta sensualidad. Sólo en España causaría tanto revuelo que la propia iglesia prohibiría a sus feligreses ver la película del pecado, entrando a formar parte con nombre propio de la historia de España, como constataría Francisco Reguerio en una de sus mejores películas Madregilda. Sinceramente, no puedo entender que alguien no haya visto esta película a estas alturas. Es una película total y absolutamente imperecedera, un pecado delicioso.

The Lady from Shanghai

Orson Welles sería otro de los muchos hombres que caerían rendidos ante el magnetismo de Rita Hayworth. Como si de una venganza personal se tratara, él mismo le exigiría despojarse de su pelirroja melena para teñirle de rubio, quizás en un intento de que la exuberante belleza de la actriz no eclipsara la interpretación del egocéntrico actor. Un intento fallido pues Rita consigue llevarse todo el protagonismo de una cinta tan irregular como fascinante. Muchos son los cineastas que han rendido tributo a la La dama de Shanghai, aunque quizás ninguno tan bonito como el que Woody Allen le hiciera en Manhattan Murder Mistery.

Separate Tables

Lejos ya del esplendor de su época dorada, Rita Hayworth participaría en una deliciosa película británica, dirigida por Delbert Mann, en la que compartía cena, en "Mesas separadas", con David Niven, Deborah Kerr, Burt Lancaster, Gladys Cooper, Rod Taylor o Wendy Hiller. Si Niven y Hiller recogerían un Oscar por sus respectivas interpretaciones, Rita Hayworth demostraría que quien tuvo retuvo mostrando tanto una espléndida madurez física, como una profundidad dramática a la altura de sus compañeros de reparto, cuando ya no era la rutilante estrella de antaño.