En 1997, año del estreno de Liar Liar, Jim Carrey se encontraba en un momento de bastante incertidumbre en su carrera. Por un lado había demostrado ser un absoluto genio de la comedia, ya que el género en la década de los 90 estuvo prácticamente monopolizada por sus películas. Sin embargo, pese a la racha de éxitos cosechados desde el 94, en el 96 llegó con una película que estuvo a punto de costarle muy caro: The Cable Guy, una especie de comedia con toques surrealistas y dramáticos en la que nada tenía sentido y que no tuvo una gran acogida de público y crítica.

Por ello, la siguiente película que eligiera Carrey sería la definitiva sobre si realmente se merecía el honor de entrar entre los mejores cómicos del cine o si se quedaba en uno más. No se si fue él mismo o algún compañero el que le ofreció el papel protagonista de Liar Liar, pero era un personaje que encajaba perfectamente con lo que llevaba haciendo hasta ese momento y que le permitiría reivindicar su puesto en Hollywood.

Para los que no conozcan la película, aparte de recomendársela por la gran cantidad de gags, muecas y momentos desternillantes que atesora, decirles que trata de un abogado que tiene la costumbre de mentir a todo el mundo, desde sus compañeros de trabajo hasta su propia familia. Esta vida irreal que él mismo ha creado se desmorona cuando su hijo, el día de su cumpleaños, desea que su padre no pueda decir mentiras durante 24 horas. Con ese detonante os podéis imaginar que el día siguiente se convertirá en el más largo de la vida del protagonista. Pero como en todas las buenas comedias, siempre hay una moraleja.

Sin embargo, pese a esto, lo interesante es la forma en la que está realizada la película, que resulta tan atrayente al espectador. El director es Tom Shadyac, que ya había trabajado con Jim Carrey en Ace Ventura: Pet Detective y que luego repetiría con él en Bruce Almighty. En resumen: que se juntaron dos elementos que ya se conocían de antemano y que tenían muy claro lo que querían conseguir con esta película.

¿Y qué querían conseguir con ella? En definitiva, hacer reír al espectador desde el primer minuto hasta el último. Para ello Jim Carrey pone y dispone de todo tipo de muecas y gestos faciales de los que es capaz, llevando al extremo su capacidad y la singularidad que le han hecho famoso. Lo mejor de todo es que, después de ver las tomas falsas, nos damos cuenta de que la mayoría de ellas están improvisadas sobre la marcha por el propio actor, lo que las da aún más valor. También he de reconocer que, si bien la mayoría de ellas son realmente cómicas, otras están llevadas hasta el extremo no sólo por él, sino por la duración que le otorga el director a este tipo de situaciones, lo que hace que pierdan bastante gracia.

Pero la película no sólo es esto. Tiene un humor mucho más profundo y bastante más adulto, por ello fue calificada para mayores de 13 años. Y es que en muchas situaciones, especialmente durante el juicio que mantiene el protagonista durante gran parte de la película, se dan numerosas y explícitas referencias de carácter sexual, todas ellas desde un punto de vista del humor más ácido y crítico. Y es que en verdad la película no deja de ser una crítica directa y mordaz a la hipocresía que se vive en la sociedad occidental, a esa fachada con la que intentamos vivir y que se ha desmoronado completamente con la crisis económica que vivimos.

Mi seño dice que la belleza está en el interior. ¡Eso sólo lo dicen los feos!

El personaje de Carrey es el paradigma de este tipo de personas de las que cada vez hay más: seres que han cimentado su fachada mediante mentiras, con una careta que muestra al público una imagen muy diferente de lo que son en verdad, pero que la superficialidad en la que vivimos le da más valor de la que debería. Por ello el protagonista ve cómo todo su mundo se desmorona como un castillo de naipes cuando simplemente no puede mentir, algo que, ya al final, se da cuenta de que es mejor para él y para los que le rodean.

Es evidente que en Liar Liar no nos vamos a encontrar una película perfecta, ni mucho menos, y por supuesto que hay unos cuantos ejemplos de películas cómicas que la superan en muchos aspectos de guión, realización y de historia, pero al menos consigue hacernos reír y entretenernos. Además se conjugan bastante bien los momentos de comedia con los de drama, en los que años después Jim Carrey demostró, para sorpresa de muchos, que se desenvolvía a la perfección. Por todo ello he elegido esta película para una nueva sección de Placer culpable, porque creo que tiene méritos suficientes para estar en ella.