Ser o no ser, es lo que Shakespeare nos plantea desde Hamlet. Y ser o no ser es lo que Resnais nos plantea 400 años después en Vous n´avez encoré rien vu. Y es que el actor es un ser escindido: es y no es, es actor y personaje, ficción y realidad, vida y obra, en un mismo momento. En un mismo presente, tiene dos posibilidades, que desarrolla simultáneamente, y que sirven como catarsis. Y eso ocurre en el film de Resnais: los actores se contagian del personaje y luchan todo el metraje por su fusión.

La obra parte de la muerte de un director teatral, que cita a las grandes estrellas de las tablas francesas para interpretar la obra de Jean Anouilh, Eurídice. Así, Vous n´avez encoré rien vu se convierte en toda una declaración de amor hacia las grandes figuras del teatro francés, entre las que se encuentran Michel Piccoli, Mathieu Amalric, Lambert Wilson, Sabine Azéma y Anne Cosigny.

Eurídice, enamorada de Orfeo, es raptada por Aristeo el día de su boda, y Orfeo debe descender a los infiernos a buscarla. Orfeo logra liberarla, pero la condición de su liberación es la imposibilidad de mirarla directamente a los ojos, de modo que deben salir del infierno espalda con espalda. Resnais trata de narrar esta obra de forma no realista, siguiendo la vía de su cine iniciada por L´année dernière à Marienbad (El año pasado en Marienbad).

La obra desarrolla el teatro dentro del cine, pues los personajes interpretan toda la obra en el film. Pero a la vez, el cine dentro del teatro, pues todos los actores asisten a una proyección de una representación de Eurídice filmada. De este modo, Resnais analiza las relaciones entre cine y teatro, admitiendo la capacidad del teatro para connotar elementos extraños a la narración, fingiendo que un lugar es tal lugar, o que un objeto es tal objeto, aunque sea lo contrario, mientras que el cine ofrece una mayor impresión de realidad, tal y como señala Christian Metz, pues la presencia radical de los actores en el teatro impide una continuidad de la obra representada con la realidad vivida, y se antoja como constructo.

Pero Resnais intenta quebrar estas capacidades diferentes de cada arte, para lo que recurre a espacios inverosímiles, que parecen quebrar el pacto de verosimilitud pero que cobran coherencia por la continuidad que ofrece la obra representada de Eurídice. De hecho, todos los espacios están construidos con croma, dando apariencia de teatralidad y falsedad a los escenarios. Así, en el cine se puede apostar por la ruptura de espacios, que en el cine narrativo se desarrolla menos por temor a parecer inverosímil.

Asimismo, Resnais utiliza varios actores para interpretar el mismo papel, pues todos los grandes actores franceses han encarnado a Eurídice o a Orfeo. Con esto trata de señalar que los grandes relatos míticos, como Eurídice, forman parte del patrimonio cultural, y son una forma de cohesión social. Todos los actores están conectador por haber interpretado el mismo papel, tienen una íntima unión entre ellos, como todos los individuos de la cultura occidental están emparentados por compartir los grandes mitos, desde Grecia hasta el cristianismo.

Ahora bien, a la obra se le puede reprochar un exceso de duración o una desconexión del público, que pueden llevar al no funcionamiento de la estrategia narrativa. El texto es muy interesante, porque la obra en la que se basa es magistral, pero puede no interesar a gran parte de los espectadores la propuesta de Resnais. Interesante, aunque algo fallida, da gusto ver que un señor de 89 años sigue haciendo cine y continuando con sus rupturas propias de la modernidad.

Fotos: Tout le cinéma