Tras el éxito internacional recogido con su última obra, Take Shelter, que fue Gran Premio de la Crítica de Cannes en 2011, Jeff Nichols vuelve con su nueva obra apenas 9 después. Y esta vez entra por la puerta grande, pues ha aterrizado directamente en la Sección Oficial. Se trata de Mud, una obra que cuenta con algunas estrellas como Matthew McConaughey, Reese Witherspoon, Sam Shepard o Michael Shannon.

Mud es una película sobre la infancia, sobre el descubrimiento del mundo y la salida a la adultez. Y para ello, Jeff Nichols se sirve del mito. Un niño se aventura a una isla con un amigo suyo para explorar nuevos mundos, y allí encuentran a un asesino refugiado, que busca escapar de la policía y se ha insertado en el seno de la naturaleza. Ambos niños se dedican a ayudar a escapar al asesino, pues ven en él materializadas las ansias de libertad que no encuentran en su vida cotidiana.

Toda la película está construida desde el punto de vista del niño, que observa a su héroe, un personaje aislado en una isla, y lo ayuda debido a la admiración que siente por él. El niño sostiene su vida gracias a ese mito, le es imposible no crear sobre él un aura de irrealidad porque su realidad se sostiene en la fantasía. Y gracias a esta figura mítica, puede escapar del tedio y la normalidad que su casa le ofrece, incluso de su padre real, algo autoritario pero casi siempre ausente en los progresos del niño en la vida.

Pero el mito se va diluyendo con el tiempo, pues un mayor conocimiento de la realidad siempre conlleva una desublimación del mito erigido. De ahí que, cuando el niño desconfía de su héroe, la cámara se aleje del niño y pueda tomar un punto de vista más objetivo, focalizándose en todos los personajes que toman contacto con el progreso de la acción. Hay un proceso de desmitificación que lleva a una liberación de la cámara.

Pero para conservar el mito, éste tiene que desaparecer, porque la constante presencia de la figura mítica siempre lleva a su materialización en algo real y vulgar. De ahí que el héroe deba desaparecer, para que el niño conserve el recuerdo, el único refugio posible para la leyenda de la infancia. A través de una puesta en escena rigurosa y meticulosa, con unos paisajes bellísimos, Jeff Nichols logra crear este canto a la inocencia, donde logos y mitos, realidad y ficción, están íntimamente relacionadas. Y todo ello con remembranzas de Tree of Life, de Terrence Malick, pues el propio director ha confesado la deuda de Mud con la película que ganó la Palma de Oro en 2011.