Abbas Kiarostami prosigue con su viaje por espacios y contextos de la incomunicación, tras una filmografía dedicada a radiografiar la situación de su país natal, Irán. En su última película, Certified Copy (Copia Certificada) visitábamos la Toscana a través de dos turistas de diferentes nacionalidades. La ambigüedad tiñe todo el metraje, pues no logramos averiguar si ambos personajes, con dificultades para comunicarse entre sí, son una pareja en crisis o acaban de conocerse. Y esta difícil comunicación se repite en su última obra, Like Someone in Love, ambientada en Japón y presentada hoy en Cannes, el mismo día en que el surcoreano Hong Sang-soo presentó su obra con Isabelle Huppert, In another country. Parte como una de las favoritas para ganar la Palma de Oro.

Kiarostami vuelve a historias sencillas, pues no requiere de trama, sino de emociones y realidades, para construir su cine. En este caso se sirve del pretexto del amor entre joven y viejo: una joven japonesa debe prostituirse para pagar sus estudios y conoce a un anciano que le tratará con una dulzura inesperada. Eligió Japón porque admite no ver reflejado en su cine contemporáneo lo que le interesa, mientras que el país ofrece una realidad perfecta para el marco de sus obras:

Lo único que no lograba percibir era el alma y la emoción de esas películas, percibía un pálido reflejo del cine Hollywood. Tal vez no he visto las películas japonesas actuales buenas, pero lo que he visto no me ha gustado.

Una obra minoritaria y que ha encontrado problemas de financiación, tal y como ha señalado el productor en la rueda de prensa:

Encontré dos soluciones para financiar la película: primero el Ministerio de la cultura, y, como soy coleccionista, vendí una obra de Yves Klein.

Mucho se debate sobre la relevancia real del cine iraní en el panorama contemporáneo, pero no podemos dudar de que entre sus exponentes se encuentra una figura de primer orden mundial, Abbas Kiarostami. Y es que si realizamos una historia del cine como progreso de las formas, Kiarostami se encuentra sin duda en la vanguardia. La clave de su cine es abortar la narración, de modo que todos los planos dejan de proyectarse hacia el final y se alimentan a sí mismo. Todo plano en Kiarostami es exaltación del puro presente, pues no condensa ninguna intriga ni ningún progreso narrativo. Su última obra no tiene final, tal y como señaló en la rueda de prensa:

Mi película no empieza y no termina. La vida es así. Nunca llegamos al comienzo, las cosas siempre comienzan antes.

Las consecuencias de esta condensación del tiempo en el plano es de orden cognitivo: la realidad es apresada de forma diferente. Como La fontaine (La fuente) de Marcel Duchamp, el urinario descontextualizado, nos permite observar de modo diferente un objeto cotidiano (el personaje de Certified Copy habla sobre el poder de esta obra dadaísta), Kiarostami nos permite aproximarnos a los objetos por sí mismos, sin que se conviertan en un medio de la narración hacia un fin. Y una vez despojado el fin, la frontera entre ficción y documental se diluye. De ahí el uso del metacine y que una de sus obras cumbre, El viento nos llevará (1999), trate sobre la llegada de un equipo de rodaje a un pequeño pueblo iraní.

Esta aproximación al documental se debe también al naturalismo que busca en sus narraciones, recurriendo en numerosas ocasiones al plano sostenido que permite al personaje expresarse en el fluir del tiempo y que emerjan gestos poco cinematográficos. Un método naturalista que también se cuela en la dirección de actores, tal y como señala Tadashi Okuno, el actor que encarna al protagonista de Like Someone in Love:

No recibimos el guión, era la primera vez que algo así me sucedía. Abbas Kiarostami nos dijo que no teníamos que actuar, que debíamos ser naturales. Seguramente por eso es más sencillo para él trabajar con un actor como yo que no sé hacer gran cosa.

Fotos: Página Oficial del Festival de Cannes