El director tailandés de culto, Apichatpong Weerasethakul, ha presentado fuera de competición el documental Hotel Mekong. La obra aborda un concepto que empapa toda la cultura tailandesa, la reencarnación, y para ello retrata dos familias separadas por una frontera natural, el río Mekong, que a su vez funciona como símbolo de la renovación de la vida. Había gran expectación respecto a su presentación, que se realizó el mismo día que otros cineastas como Ulrich Seidl o Matteo Garrone.

El agua, el elemento presocrático más próximo al tiempo, le permite afirmar una concepción temporal diferente a la occidental. Si nuestra cultura está impregnada de la concepción lineal del tiempo, del Cronos basado en la sucesión pasado-presente-futuro, el tiempo en Weerasethakul tiene algo de cíclico, pues en su cine todos los tiempos conviven en un mismo espacio. Y esto lleva a una radical afirmación del presente: en sus planos, pasado, presente y futuro se funden hasta hacer bloquear su diferenciación. A diferencia del cine narrativo de Hollywood, donde el pasado se narra habitualmente en flashbacks, generando una frontera infranqueable entre pasado y presente, Weerashetakul funde ambos tiempos en una misma imagen, como también lo hacía el recién desaparecido director griego Theodoros Angelopoulos en magníficas obras como La mirada de Ulises o La eternidad y Un Día. Y es que no podemos relacionarnos con nuestro presente sin tener en cuenta nuestro camino recorrido (que en el caso tailandés, son sus vidas pasadas).

Así, la reencarnación sirve como medio para fundir, en un mismo instante, todas las vidas pasadas, que a la vez son vidas ajenas. De este modo, presente y pasado, individuo y sociedad, emergen en un mismo plano. De hecho, el propio director exalta el poder de la reencarnación de actualizar el pasado.

No sé si la reencarnación será considerada como algo real, reconocido por la ciencia en el futuro, pero el proceso de hacer que los recuerdos vuelvan es indudablemente parecido al cine.

De hecho, sus personajes, pese a tener una identidad diferente a la asignada socialmente por su existencia contingente, asumen gestos de vidas pasadas, se comportan como poseídos por otras identidades que han vivido, y han dejado su huella en un cuerpo que escapa a su voluntad. El cuerpo es medio de expresión del yo y la sociedad, del presente y del pasado, de ahí que la mujer anciana que aparece en el film devore carne cruda sobre su hija, pues actualiza su vida pasada como animal carnívoro en el presente. Y siempre el río, símbolo de renovación de la vida, de telón de fondo.

Un río que, finalmente, concilia todo: el pasado y el presente. De este modo, en un magistral plano secuencia y totalmente fijo (la cámara no se mueve en ningún instante), un tronco con las raíces al cielo surca el río hasta llegar a la desembocadura, mientras unas lanchas motoras alborotan las aguas a su alrededor. Un tronco que es el pasado cultural de Tailandia, disuelto por una modernidad que es necesaria pero que también desarraiga.

A Weerasethakul debemos una de las filmografías más vanguardistas e innovadoras del cine contemporáneo. En su última obra, Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas (2010), ganadora de la Palma de Oro de Cannes, filmó un género diferente para cada carrete, emulando así al Ulises de James Joyce, donde cada capítulo es un género literario. En su obra trata de integrar la cultura y la religión tailandesas, de modo que accedemos a una realidad espiritualizada, simbólica, donde lo maravilloso y lo cotidiano se dan la mano. Y de ahí que los personajes regresen a la caverna platónica, buscando conciliar mito pasado y desencanto presente.

Del mismo modo, en Tropical Malady (2004), presenta dos historias de amor, una realista, contrapuesta a otra zoofílica, que ronda casi el mito. A través del cine, Apichatpong busca construir un mundo imaginario que de más respuestas que el recurso a la realidad más evidente. Cineasta metafísico, el ritmo pausado y la palabra vertida de forma mesurada hacen que su cine sea de perfecto visionado para las mañanas, pues cambia la concepción del tiempo en el resto del día. De ahí que el madrugar que nos hayamos impuesto los que hemos querido asistir a las sesión de las 9 de la mañana no haya sido molesto.

Fotos: Página oficial de Cannes