Palma de Oro: Amour, Michael Haneke

Todas las expectativas se han cumplido. El director austriaco Michael Haneke ha ganado la Palma de Oro de 2012 con su obra Amour, un film que reivindica el amor hasta en la muerte. Es la segunda Palma de Oro de Michael Haneke, tras la obtenida en 2009 con Das Weisse Band. Con su siempre fría y analítica puesta en escena, pero con una calidez que no encontrábamos en sus anteriores obras, narraba la desintegración moral de un anciano ante la enfermedad degenerativa que sufre su mujer. Interpretados magistralmente por Emmanuelle Riva y Jean Louis Trintignant, la Palma de Oro ha sido un reconocimiento explícito de su buen hacer como actores, pues lo ha reconocido el propio Nanni Moretti en la gala. Y el mismo Haneke en la entrega de premios:

Estoy muy contento de estar con mis actores en este escenario, eso me ayuda a superar mi timidez. Le doy las gracias a todo el jurado y a Thierry Frémaux, que me dio la oportunidad de presentar esta película aquí. Gracias a todos aquellos que me ayudaron a hacerla. Gracias a mi mujer, que me soporta desde hace ya muchos años. Esta película ilustra en cierta medida la promesa que nos hicimos. Un agradecimiento especial a mis dos actores. Ellos son la esencia de esta película.

Gran Premio del Jurado: Reality, Matteo Garrone

Por su parte, el Gran Premio del Jurado ha recaído en Reality, de Matteo Garrone, el director italiano que ya ganó otro Gran Premio del Jurado por Gomorra en 2008. Se trata de una obra en la que su personaje lucha por entrar en Gran Hermano, y que busca, con un toque felliniano, reflejar el efecto que tiene la televisión en la vida de la sociedad, pues todos tienen como objetivo llegar a la pequeña pantalla. En mi opinión, es una obra fallida, pues el recurso al feísmo y a lo grotesco domina sobre un discurso que podría ser interesante, pero que se diluye en la peculiaridad de las imágenes.

Premio a la mejor dirección: Carlos Reygadas

El Premio a la Mejor dirección ha sido una de las decisiones más arriesgadas de este festival, pues ha ido a manos del mexicano Carlos Reygadas y su polémica obra Post Tenebras Lux. Versa sobre una familia que abandona la ciudad y se traslada al campo a vivir, donde emergen todas sus fantasías inconscientes. De este modo, la película se sumerge en una transformación de la realidad, utilizando un foco deformado, un formato 4:3 (como el del cine clásico, anterior al cinemascope de los años cincuenta), y secuencias autónomas, sin hilazón causa-efecto entre sí. Reygadas ya ganó el Gran Premio del Jurado por Luz Silenciosa.

Premio a la Interpretación masculina: Mads Mikkelsen

El Premio a la Interpretación masculina ha recaído en Mads Mikkelsen por su participación en Jagten (La Caza), de Thomas Vinterberg, donde encarna a un profesor que sufre el acoso de su comunidad por una falsa acusación de pederastia. El film sigue con restos del estilo dogma 95, con la cámara en mano, pero une sonido extradiegético, como Moondance al comienzo, de modo que se trata de un realismo mitigado, que no llega al extremo de la obra anterior de Vinterberg, Festen. La interpretación es bastante sutil, según ha dicho Ewan McGregor en la Conferencia de Prensa, de ahí el premio.

Guión e Interpretación femenina: Beyond The Hills

Christian Mungiu, el cineasta rumano más celebrado internacionalmente, ha triunfado en la noche, pues Beyond The Hills se ha llevado el Premio al Mejor Guión y el Premio a la Interpretación femenina, ex aequo entre las dos protagonistas del film: Cosmina Stratan y Cristina Flutur. La obra parte del regreso de Alina a Rumania, buscando a un amor que ha caído en la religión. De este modo, la obra aborda la influencia de la religión en la vida.

Premio Especial del Jurado: The Angel´s Share, Ken Loach

Finalmente, el Premio Especial del Jurado ha ido al mítico cineasta inglés Ken Loach, un clásico del festival y que últimamente tiñe con un tono cómico sus dramas sociales. Su obra, The Angel´s Share, narra el intento de supervivencia de varios detenidos que deben realizar horas de trabajo social, y deciden al final abordar una fábrica de whisky para salir adelante. Desde mi punto de vista, la película abre cabos narrativos que no se desarrollan y, en su complaciencia en el tono cómico, no lleva a desarrollar ningún discurso sobre la realidad social del entorno.

Crítica del palmarés

Y ahora, si me permiten, voy a realizar una crítica al palmarés del Festival. Yo considero que este festival reúne las mejores piezas cinematográficas del panorama internacional y del momento, y sus premios son importantes, pues de ellos depende a veces su distribución al público. Y esos premios, desde mi modo ver, deberían recaer sobre aquellas películas que están aportando un pequeño escalón en la historia del cine, sobre aquellos films que ofrecen nuevos caminos y derivas para el cine contemporáneo. Por eso, apuesto por el riesgo, y este año no se ha dado.

Es, quizá, el año con el palmarés de Cannes más conservador. Ken Loach ha repetido una vez más su estilo, con la única aportación de un tono cómico que ya venía desarrollando, pero su film no va a trascender este año. Garrone es una obra fallida. Y Amour, que considero una obra maestra, debería haber recibido los premios a interpretaciones, pues aún siendo un film maravilloso, no supone un empujón al lenguaje cinematográfico, sino una continuación del estilo del director.

Por otro lado, en este festival se han dado varias obras radicales que desestabilizan ciertas convenciones cinematográficas. Es el caso de Abbas Kiarostami, que en Like Someone in Love, reduce la narración al mínimo y aplica un tempo pocas veces visto en el cine. Toda la película parece ser el comienzo de una película, y el conflicto estalla en el momento en que los títulos de crédito emergen al final de la obra. Además, logra contar el entorno cercano de la protagonista a través de los mensajes del contestador, en toda una magistral lección del recurso a la elusión en el rodaje.

Por su parte, Leos Carax, con Holy Motors, logra dar una visión del ser humano contemporáneo a través de un personaje que se interpreta a sí mismo de diversas maneras: una temática nueva que implica una forma nueva. Del mismo modo, Cosmópolis, de Cronenberg, también desarrolla una reflexión sobre el capitalismo contemporáneo como pocas veces se ha visto en el cine, a través de un personaje encerrado en una limusina que, tras su excesivo aislamiento, sale finalmente al mundo. Y Mud, un relato épico y bello, sobre el acceso a la edad adulta. Y Hong Sang-soo, una ironía que ofrece todos los puntos de vista sobre un hecho, y una variación sobre unos mismos elementos que la realidad nos ofrece y transformamos en el arte.

En fin, que si la historia del cine es la historia de la desautomatización, de la ruptura del lenguaje, y Cannes es un faro en esta historia, Kiarostami o Carax debían haber sido los premiados. Aún así, el premio de Carlos Reygadas es totalmente justificado, pues presenta una obra arriesgadísima, y no discuto Amour, que es una obra maravillosa. Pero lo demás debería ser cuestionado, porque en unos años estas películas ya se han agotado, mientras otras lograrán una trascendencia en el tiempo, como lo han logrado las tres últimas obras premiadas en el festival: Das Weisse Band (La Cinta Blanca) de Michael Haneke en 2009, Oncle Boonmee de Apichatpong Weerasetakhul en 2010, y The Tree of Life (El árbol de la vida) de Terrence Malick en 2011. Y no Fahrenheit, de Michel Moore, Palma de Oro en 2004 por un tema de oportunismo político, y que ya nadie recuerda. Que los premios se guíen por la trascendencia de la película en la historia del cine, y no por su estatuto presente. Por suerte, siempre nos quedarán las películas, y el verdadero premio es volver a ver estas obras de arte que desestabilizan las bases del cine.

Fotos: Página Oficial del Festival de Cannes