Jacques Audiard ha vuelto a dejar en shock a la sala de espectadores con sus planos como puñetazos. Su cine áspero, social y psicológico a la vez, que trata de acceder a las profundidades del ser, ha cautivado, con su mezcla de dolor y belleza, a los críticos que han asistido al estreno de las 8.30 en el Grand Théâtre Lumière. Y es que De rouille et d´os, su última obra, no es para menos, pues parte de un argumento demoledor: Stéphanie (Marion Cotillard), una domadora de orcas, conoce a Alí (Mattias Schoenaerts), un boxeador retirado y arruinado que debe hacerse cargo de su hijo de 5 años. Stéphanie sufre un accidente que le deja sin piernas y deberá dedicarse para sobrevivir a organizar combates ilegales. Ante ese contexto desolador, dos personajes en crisis sólo se salvan a través de su propia relación. Supone un contrapunto a la comedia Moonrise Kingdom, de Wes Anderson, presentada ayer.

La crítica coincide en que la actuación de Marion Cotillard es devastadora. Con esta obra, parece seguir edificando escalones en su meteórica carrera cinematográfica, que desde su salida al estrellato interpretando a Edith Piaf en La Vie en Rose (La vida en rosa), no ha dejado de crecer. Desde entonces, ha encaminado su carrera hacia obras que logran un perfecto equilibrio entre difusión comercial y autoría, y así ha trabajado con directores de renombre como Woody Allen, Christopher Nolan o Steven Soderbergh. Ahora está preparando su próxima obra con James Grey, director de Two Lovers, y la nueva versión de Batman, de Nolan, y acaba de ser contratada por el iraní Asghar Farhadi, el director de Nader y Sirin (Una separación).

En la rueda de prensa, Marion Cotillard ha hablado de la elección del papel, pues ella siempre es muy selectiva con la selección de sus proyectos:

Cuando leí el guión de Jacques y Thomas, me emocionó la historia. Normalmente, cuando leo una historia, siempre existe una inmensa comprensión del personaje. Sé quién es esa persona. En el caso de Stéphanie, me sumergí a fondo en el personaje y seguía sin saber quién era. Lo comenté con Jacques y me dijo que él tampoco lo sabía y la perspectiva de partir en busca de este personaje con él me entusiasmó.

Asimismo, también ha desvelado secretos de su técnica de actuación para su personaje:

La mayoría del tiempo, ella está en su silla. Después es una cuestión de imaginación. Uno se imagina que no tiene piernas y cuando estaba de pie, hacía falta encontrar algún recurso cinematográfico. También estaba Jacques, que nos decía podríamos imaginar que ella lo olvida y podría levantarse al olvidar que no tiene piernas.

Por su parte, el director Jacques Audiard ha dado detalles sobre los efectos especiales para borrar las piernas de Cotillard del plano:

¡Se las corté! Se trata de una película que no habría podido hacer hace 10 años, era demasiado complicado. Hoy en día, se ponen unas medias verdes y luego se suprime el verde, eso es todo.

Asimismo, también detalla el por qué de la elección del actor francés Matthias Schoenaerts:

Matthias no encaja para nada en mis criterios masculinos. Me gustan más bien los hombres pequeños y me he sorprendido a mí mismo al elegir a este muchacho alto y musculoso. La película trata sobre eso, personajes deformes, en tiempos de crisis, donde la sociedad vive una barbarie, donde se comen los restos que se encuentran en las basuras. Es en ese sentido que se entiende su potencia física. No tiene las palabras pero tiene eso. Y al final, probablemente sabrá utilizar mejor las palabras.

Jacques Audiard siempre realiza un cine de marginados, de seres aplastados por un sistema que no permite resquicio de libertad. Se interesa por las estrategias de supervivencia de estos personajes en situaciones extremas, como ocurría en su obra anterior, Un prophète (Un profeta), un asfixiante drama carcelario protagonizado por un joven árabe que, para salir adelante, debe infiltrarse en la mafia de la prisión. Fue premiado en Cannes en 2009 con el Gran Premio del Jurado.

Pero el día no se ha limitado exclusivamente a Audiard. En la sección oficial, el egipcio Yousry Nasrallah ha presentado Après la bataille (Después de la batalla), la primera obra de ficción cinematográfica que aborda la revolución egipcia del año anterior. La película narra los días siguientes a la participación de Mohamud en las revueltas de la plaza de Tahir, mostrando el progresivo aplastamiento del espíritu liberador por parte del Estado. El director ha hecho hincapié en la necesidad de crear con total libertad, afirmando que "El rechazo a bajar los brazos y a inclinar la cabeza ante la dictadura es la esencia del cine".

En la sección Un certain Regard, Lou Ye, un cineasta chino que lleva 5 años paralizado a causa de la censura del gobierno de su país, ha presentado Mystery, una obra donde aborda los sucesos de la Plaza de Tiananmen a través del amor de dos estudiantes. Y es que el día de hoy ha sido el de la búsqueda de la libertad por seres cohibidos por un entorno opresor.

El toque más humorístico y luminoso se lo debemos a Michel Gondry, que en La Quincena de realizadores ha presentado el documental The We and The I (Nosotros y Yo), sobre la interacción de jóvenes adolescentes dentro del bus que les lleva a clase el último día del curso. Una obra que indaga sobre las relaciones de grupo que se crean entre seres que todavía no han adquirido las facultades plenas de la convivencia pacífica, revelando así la esencia del espíritu de la pubertad. Ese tránsito entre la inconsciencia y la consciencia, ese despertar al mundo que es sentir el vacío y tratar de colmarlo. Todo ello dirigido con la habitual gracia y absurdez que hacen de cada una de sus películas algo único.

 

Fotos: Página oficial del Festival