Vinterberg vuelve a ser Vinterberg. Se despoja de nuevo de todo el formalismo que había adquirido en los últimos años para regresar el Thomas Vinterberg de los años noventa, ése que buscaba retratar los hechos en bruto de la realidad. O al menos ese es su objetivo en su último film, Jagten (La Caza), presentado esta mañana en el Festival de Cannes, el mismo día en que Michael Haneke ha traído su nueva obra, Amour. En Jagten, Vinterberg retrata el progresivo desprestigio de Lucas, un profesor de escuela, cuando una alumna suya de 3 años le acusa falsamente de cometer abusos sexuales contra ella.

Como en su obra más celebrada, Festen (Celebración), el argumento parte de la solidez de una moral basada en la apariencia, la burguesa, que es despeñada por una revelación producida por un personaje. Pero a diferencia de la primera obra, donde el abusado sexualmente era ya adulto y afirmaba la verdad en una celebración burguesa, en Jagten es una mentira la que provoca el torbellino y el desmoronamiento de un sistema de vida. Y es que Vinterberg quiere desmontar viejos mitos, tal y como afirmó en la rueda de prensa:

En Dinamarca, existe un dicho que dice que solo los niños y los borrachos dicen siempre la verdad. Es mentira. Existen muchas puertas en esta película. Dejamos elegir al espectador.

De este modo, la película traspasa su centro de gravedad desde la víctima hasta el supuesto verdugo, que finalmente es otra víctima. De ahí la afirmación de Mads Mikkelsen, el actor que encarna al profesor en el film:

No cuestionamos el hecho que existen demasiados niños que son víctimas de la pedofilia. Lucas es un adulto inocente víctima de una caza de brujas. Esta es la situación que hemos querido explicar.

La película ahonda en los mecanismos de coerción que utiliza una pequeña comunidad para doblegar a sus miembros, de modo que no haya seres marginales que sobresalgan por su excentricidad. Vinterberg ha hablado sobre los mecanismos de poder y relación en la comunidad:

La película se sitúa en el microcosmos de un pueblo donde la información circula  muy rápidamente, como un virus. Gracias a Internet, el mundo se ha convertido en un pequeño pueblo donde los rumores se propagan a toda velocidad. Pero lo más importante de la película es el amor entre los personajes. Intentan acercarse a pesar de los malentendidos.

Vinterberg saltó a la fama al elaborar, junto con el director danés de cabecera Lars von Trier, el manifiesto Dogma 95, según el cual querían depurar de artificios el cine para acercarse a la realidad. Para ello establecieron diez normas, entre las que se encontraban el uso de sonido directo, el recurso único a la iluminación natural, la cámara en mano, la no utilización de elementos extraños como pistolas, etc. Al amparo de estas normas aparecieron obras memorables como Festen (Celebración), de Vinterberg o Los Idiotas y Rompiendo las Olas de Lars von Trier. Vinterberg después deambuló, sin encontrar su estilo, y con esta obra parece querer regresar a sus raíces. La pregunta es si logrará ese ansiado realismo que en las últimas obras no llega a captarlo como en Festen.

Fotos: Página Oficial del Festival de Cannes