Una de las constantes que hemos vivido a lo largo de la historia del cine con las películas de terror es la falta de verosimilitud de sus cintas. Todos recordamos escenas míticas del género donde los protagonistas realizan acciones que ninguna persona con sentido común se atreverían a realizar, menos aún en la situación en la que se encuentran. Estos detalles quedaron muy bien reflejados, y criticados, en Scream, aunque sus protagonistas tampoco se salvaban de la quema.

Lo malo es que esta falta de realismo de las películas producen una rotura inmediata en la empatía con el espectador, aspecto clave para que una película de terror sea disfrutada como se merece. Por eso, allá a finales de los noventa cuando se introdujo la cámara subjetiva en estas películas (y no para algunas escenas, sino para todo el relato), el género sufrió un cambio y muchos fueron los que les imitaron después.

Unos de tantos fueron Paco Plaza y Jaume Balagueró, que en [REC] demostraron que también se podía hacer buen cine de terror en España. La clave de su propuesta fue la cámara subjetiva, utilizada como ventana hacia un mundo lleno de zombies donde el espectador revivía la situación de los protagonistas gracias a su verosimilitud. Y este era un punto importante que hizo triunfar a la saga: la capacidad de transmitir, con más o menos fidelidad real, lo que les pasaría a unos hipotéticos personajes que se adentran en un edificio plagado de zombies.

Esta sensación continuaba en la secuela, dando una vuelta de tuerca al uso de la cámara subjetiva. Sin embargo, todo ese trabajo se echa por tierra en la tercera entrega. Parece que Paco Plaza no ha querido exprimir más la técnica de la cámara en primera persona, quizá con acierto, para dar paso a una grabación normal y corriente de ficción. Eso sí, aún se mantiene fiel al original y la primera parte de la película aún la "vivimos" con cámara subjetiva.

Aquí ya se produce un corte entre lo que habíamos visto antes y lo que aparece en esta tercera entrega. Esta vez no tendremos esos planos mareantes o esos encuadres mal hechos pero a la vez sospechosamente bien encuadrados. Cualquiera que vaya a ver la película debe olvidarse de que no encontrará nada parecido a las dos primeras entregas salvo por los primeros minutos de metraje, que aún mantienen viva esa filosofía inicial.

Esto no tendría por qué ser un punto negativo para la cinta, puesto que ya hemos vivido películas realmente terroríficas realizadas con herramientas de ficción. Sin embargo, la empatía que se puede dar con los personajes no sucede en ningún momento porque todo, absolutamente todo, tiene un aire de artificial, de ficción absoluta, que nos echa para atrás. Y si en una película de terror no sientes lo mismo que los personajes, gran parte de la calidad y la experiencia de la cinta no sirve para nada.

¿Por qué sucede esto? Principalmente por las interpretaciones de casi todo el reparto. Supuestamente, la película transcurre durante una boda, pero desde el primer minuto eso sólo parece una reunión de amigos vestidos de traje más que una ceremonia de ese nivel. Los actores prácticamente no interactúan entre ellos, y lo poco que lo hacen es de manera muy fría y distante, como si no se conocieran. Eso es algo que vemos en pantalla desde el primer minuto y que automáticamente aleja al espectador de la escena y de las relaciones entre los personajes.

Especial es el caso de los dos protagonistas, Diego Martín y Leticia Dolera, que demuestran el bajísimo repertorio que tienen para aparecer en una película de terror. Él apenas transmite nada en toda la cinta, mientras que ella se limita a abrir mucho los ojos y gritar cada cierto tiempo, creyendo que así asustará al público. Aparte de eso, la cinta es más un drama romántico que una película de terror, donde el epicentro de la historia está en que el matrimonio se reúna de nuevo ante la horda de zombies que asola el banquete. Esto sería más creíble si la química entre ellos fuese más realista, pero no lo es, como nada de la película.

Lo único que se puede sacar en claro, y que es lo que el público ha destacado principalmente de [REC] 3, es que se trata de una parodia del género. Parece que Paco Plaza ya no podía sacar más terror de la historia y simplemente ha intentado cambiar de registro. Sin embargo, no estoy de acuerdo. Hay películas como la gran Shaun of the Dead donde ya se realizó una parodia clara y directa al subgénero de los zombies, sin dar lugar a dudas sobre las intenciones del director. Aquí, simplemente se introducen elementos cómicos, surrealistas, prescindibles y cualquier calificativo peyorativo que se os ocurra para convertir una película (que estaba destinada a ser) de terror, en un producto que se queda en nada, a medio camino de cualquier cosa.

Lo que ha demostrado Plaza es que el que llevaba la voz cantante en las dos cintas anteriores era Balagueró, y esperemos que el director catalán sea capaz de levantar el vuelo de la saga en la cuarta y última entrega.