Ni las drogas, ni la enfermedad, finalmente lo que acabó con la vida de Linda Lovelace fue un aparatoso accidente de coche. El 3 de abril de 2002 sufrió un fuerte traumatismo y lesiones internas, en el hospital de Denver, Colorado, la mantuvieron con vida hasta el 22 de abril, día en que su familia decidió retirarle el soporte vital. Linda murió en la más absoluta intimidad, sus dos hijos y su segundo ex-marido la acompañaron hasta el final, tenía 53 años. Han pasado diez años desde entonces y sería justo reivindicar la figura de esta estrella del porno que sacudió los cimientos de la conservadora sociedad americana para luego renegar de su pasado y luchar activamente contra la pornografía.

Su muerte supone el adiós de un icono, responsable en parte y protagonista absoluta de la revolución sexual que se vivió en los Estados Unidos durante la década de los setenta. La fama le llegó a raíz de protagonizar la película Garganta Profunda (1972), film dirigido por Gerard Damiano que se rodó con un presupuesto bajísimo en apenas dos semanas consiguiendo amplios beneficios cercanos a los 600 millones de dolares gracias a la insistencia de las autoridades en detener su difusión. La administración del presidente Richard Nixon persiguió la película con la intención de hacerla desaparecer, eso abrió un debate a nivel nacional sobre la libertad de expresión y el cine porno. La curiosidad de la población fue en aumento y las salas donde proyectaban Garganta Profunda se llenaban. Linda se convirtió en un personaje muy conocido.

Nacida en 1949 en el seno de una familia católica, hija de un policía y de una ama de casa, Linda Susan Boreman, asistió de niña a la escuela católica, recibió malos tratos por parte de su madre y en 1970 conoció al hombre, que para bien y para mal, cambió su vida para siempre: Charles “Chuck” Traynor. La joven Linda y Chuck se casaron y vivieron en Nueva York varios años. Según contaría años más tarde en su autobiografía Ordeal  (1980) Chuck era un hombre violento que la obligaba a ejercer la prostitución y a actuar en películas porno de bajo presupuesto: “Debido a mi capacidad de relajar por completo los músculos de la garganta, pronto me hice muy popular entre los hombres a los que les gustaba el sexo oral. Una y otra vez me encontraba con tipos que me decían: “Chavala, eso nunca me lo había hecho nadie”. Y, como es obvio, llamaban a un amigo para que probase también conmigo. Chuck estaba encantado con todo eso. Lo llamaba publicidad de boca en boca.

En 1973, en la cresta de su fama, se separó de Chuck alegando malos tratos, algo que nunca llegó a demostrarse aunque había varios testigos que corroboraban las acusaciones de Linda, entre ellos Gerard Damiano, director de Garganta Profunda, en una entrevista que se le realizó para el diario Boston Phoenix en 1974 se despacha a gusto con Traynor:

Pensé que progresaría cuando se deshizo de su marido Chuck Traynor, quien luego empezó a gestionar la carrera de Marilyn Chambers. Ese hombre no era nada, no tenía personalidad, ni encanto, ni cerebro. No era más que un aprovechado que utilizó a Linda, él no le dio nada y abusaba de ella. Fue brutal con Linda, se suponía que ella debía hacer lo que hizo pero no disfrutaba con ello y si no lo hacía le daba una paliza. Muchas veces llegaba al set de rodaje con cardenales

Tras el divorcio continuó actuando en películas pornográficas como Deep Throat II (1974) , Sexual Ecstasy of the Macumba (1975), e hizo sus pinitos en el cine no pornográfico con Linda Lovelace for president (1975), un estrepitoso un fracaso. Linda llegó a referirse como “una prisionera de la industria pornográfica, era obligada a realizar obscenos actos sexuales a punta de pistola por un marido sádico y maltratador”. En cuanto a su mayor éxito, Garganta Profunda, la actriz nunca se sintió a gusto con ella:

Cuando uno ve la película está viendo como me violan. Es un crimen que se siga mostrando, había una pistola en mi cabeza todo el tiempo.

Tras casarse de nuevo en 1974 y ser madre abandonó el cine porno definitivamente y se convirtió en una activista por los derechos de las mujeres,. Durante años luchó contra la pornografía exponiendo claramente sus peligros, llegó a declarar en el Congreso de los Estados Unidos ante una comisión que el presidente Reagan creó con el fin de investigar el mundo del porno; viajó por todo el país participando en charlas en colegios y universidades:

Linda Lovelace era un robot, un monstruo del sexo estupendo que nunca conseguía lo suficiente. Probablemente cada noche había una orgía en su casa […] Estoy segura de que eso es lo que la gente pensaba. Esa no era yo. Yo era un robot que hizo lo que tenía que hacer para sobrevivir

Aunque personas como la actriz Gloria Leonard explican que “era una mujer que nunca se hizo cargo de sus propias decisiones sino que culpaba al porno por todo lo que le sucedió”. Hart Williams, escritor y director, acuñó el término "Síndrome de Linda" para referirse a las mujeres que tras dejar la pornografía repudian su carrera y culpan a la industria por su pasado.

Con el paso del tiempo cayó en el olvido aunque revistas como Playboy mantuvieron vivo su recuerdo y en 1988 apareció en el número 34 de las 100 mujeres más sexys del mundo según la famosa publicación de Hugh Hefner. Linda tuvo muchos problemas de salud desde principios de la década de los ochenta, en 1986 recibió un trasplante de hígado al haber contraído hepatitis C por una transfusión de sangre. Fue la única de su grupo de apoyo a trasplantados que sobrevivió, y es que Linda era una luchadora. “No me avergüenzo de mi pasado o triste por eso", dijo en 1997 ", y lo que la gente podría pensar de mí, bueno, eso no es real. Me miro en el espejo y sé que he sobrevivido”

Injustamente vilipendiada por una industria que en su día la encumbró, el viaje de ida y vuelta de Linda dentro de la pornografía es una historia de violencia, abuso, fama y superación. Tras alcanzar un estrellato, a todas luces efímero, supo sacudirse las cadenas de una matrimonio infeliz y pernicioso para luchar activamente contra un mundo que la había devorado y escupido sin miramientos.

Curiosamente Nixon, el hombre que hizo todo lo posible por evitar la proyección de Garganta Profunda, acabó dimitiendo a raíz de un escándalo político destapado por los periodistas Woodward y Bernstein. La fuente anónima que reveló el escándalo se hacía llamar Garganta Profunda. La vida tiene maneras muy curiosas de poner a la gente en su lugar.