Si una película como Top Gun viniera a convertirse en los años ochenta en una perfecta campaña de promoción para estimular la testosterona de aquellos que no tuvieran claro su futuro y se alistaran al cuerpo de aviación, Battleship vendría a hacer lo mismo en lo que respecta a la época actual, salvo que aquí el mensaje, acorde con los tiempos actuales, va dirigido tanto a ellos como a ellas, pero para fomentar su alistamiento en el cuerpo de marines. Y es lo mejor que voy a decir sobre tremendo bodrio porque antes incluso de que aparezca el crédito con el nombre de la película ya me he arrepentido de dejarme arrastrar por el hecho de que se trata de una película de ciencia ficción, porque no lo es.

Una película como Battleship se puede analizar simplemente con sólo dos secuencias: la primera y la segunda. La primera porque enlaza con la última y desvela el lado político en el que se mueven sus creadores: la extrema derecha. Comenzar una película en unas instalaciones de alta tecnología en las que se tiende la mano a cualquier forma de vida extraterrestre para establecer un contacto -qué irónico y absurdo resulta que el individuo a cargo de las instalaciones sea el que menos interesado está en ese mensaje-, para terminar (SPOLIER) destruyendo esas mismas instalaciones, revela que no estamos más que ante un panfleto propagandístico. ¿Son estas las medidas de austeridad en tiempos de crisis que proponen Erich y Jon Hoeber, guionistas del proyecto?

Quizás sólo con la primera secuencia en sí misma no tengamos clara la noción de que estamos ante un filme de propaganda, pero de lo que no queda ninguna duda es del tono de absurda ¿comedia romántica? que se apodera de la mayor parte de Battleship, una vez vista la patética segunda secuencia de la película, con la única "originalidad" de que además está llena de extraterrestres. Lo peor de todo es el momento en que compruebo que el protagonista de la película es completamente imbécil e irresponsable al cometer un allanamiento de morada, irrumpiendo en una tienda a través de su techo, destrozando todo lo que encuentra a su paso y al ritmo del maravilloso tema que Henry Mancini compusiera para The Pink Panther. Y todo con el fin de conseguir un burrito de pollo para impresionar a la chica que automáticamente se enamorará de él, dando la casualidad de que es la hija del que será su oficial superior. Y eso que todavía no se ha alistado, sino que además será su hermano el que le obligue (la extrema derecha es así, te obligan a hacer cosas aunque no quieras hacerlas).

Tal cúmulo de casualidades y despropósitos provoca que inmediatamente me ponga del lado de los extraterrestres, deseando que consigan exterminar a toda la humanidad (incluyéndome a mi). Y no tengo nada más que decir porque si los personajes son patéticos, los actores que les interpretan no son capaces de dotarles de la más mínima credibilidad. Liam Neeson sigue en su línea de personajes de acción sin ningún fundamento y Taylor Kitsch sigue sin tener muy buen ojo para escoger proyectos, aparte de que tiene mucho menos que ofrecer que el otro, y el personaje de Rihanna parece mucho más indicado para Demi Moore, la verdad.

Ni me impresionan los efectos especiales ni encuentro ningún giro de guión curioso o interesante. Bueno sí, cabe resaltar ciertos detalles de los memorables diálogos, como la despectiva manera en la que se refieren a sus enemigos, "apuesto a que son coreanos", antes de saber que son extraterrestres, dispuestos a aniquilar a cualquier ser humano sea cual sea su nacionalidad; la frase que evidencia que la imagen que ellos mismos tienen de los que se alistan al ejército, "señor, déme una orden, señor, no sé qué hacer"; o ese regocijo con el que el protagonista disfruta con lo que está sucediendo, "el arte de la guerra", mostrando que además de idiota e irresponsable debe ser sadomasoquista (como un servidor que no quiso abandonar la sala antes de que terminara la película).

En esta apuesta propagandística que debe hacer las delicias de políticos de la talla de Sarah Palin, Marine Le Pen o Esperanza Aguirre, también podemos encontrar una poderosa crítica a las nuevas tecnologías en favor de los medios de comunicación analógicos, ¿será porque estos últimos son más fáciles de manipular?. Puede que para Peter Berg cualquier tiempo pasado fue mejor, sobre todo porque igual todavía no ha superado la que fuera su mejor y mayor éxito, aquella interpretación de un chulito fracasado que acaba seducido por un travesti en The Last Seduction, lo que le hizo dirigir su carrera hacia la dirección cinematográfica. Algo lamentable para todos los seres humanos.

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