Pocos días después de cumplir 92 años, fallecía hace algo más de una semana Tonino Guerra, quien de maestro de escuela pasara a ser poeta, novelista y guionista de cine, en lo que se dio en llamar el esplendor italiano posterior al neorrealismo. Vinculado con cineastas de la magnitud de Giuseppe De Santis, Mario Monicelli, Elio Petri, Ugo Tognazzi, Andrei Tarkovsky, Marco Bellocchio, Giuseppe Tornatore o Amos Gitai, pero sobre todo con Michelangelo Antonioni, Vittorio De Sica, Francesco Rosi, Federico Fellini y los hermanos Taviani, sin duda estamos hablando de uno de los más interesantes guionistas del panorama cinematográfico europeo, cuyas historias se rodaron en italiano, en francés, en inglés, en griego o en ruso y que nunca necesitó llamar a las puertas de Hollywood.

Nacido en 1920 en Santarcangelo di Romagna, muchos son los premios y menciones acaparados por este guionista al que Pedro Almodóvar rendía un discreto homenaje en Los abrazos rotos -¿recuerdan el libro que Judit (Blanca Portillo) está buscando para leer en su viaje a Barcelona?. Ganaría el premio al mejor guión en Cannes por Taxidi sta Kythira (Viaje a Cythera), que escribía en colaboración con Theo Angelopoulos, que también nos dejaba este mismo año; estaría nominado a los premios del cine europeo por su guión para Topio sin omichli (Paisaje en la niebla), que escribiría precisamente para el mismo cineasta; también estaría nominado al Oscar al mejor guión en tres ocasiones, por Casanova '70, Blow Up y Amarcord, la película de Federico Fellini que obtendría el Oscar a la mejor película en lengua extranjera; sería premio de honor en los festivales de Moscú, Venecia y la propia academia italiana, que además le nominaría en cinco ocasiones, premiando sus guiones para Francesco Rosi en Tre fratelli (Tres hermanos), para Fellini en E la nave va (Y la nave va), y para los hermanos Taviani en Kaos.

No pretendo destacar lo mejor de la filmografía de Tonino Guerra, no debo haber visto ni la mitad de sus títulos, sino tan sólo aquellos que más me han impresionado y que, curiosamente, parecen tener un denominador común siendo todos ellos tan poéticos como realistas. Tonino Guerra es un escritor peculiar que no encaja realmente en ninguna de las reglas establecidas para escribir un guión que tanto proliferan en el cien estadounidense, metáforas, metonimias, sinécdoques y todo tipo de tropos son los recursos principales que ha utilizado para contar historias tan locales y peculiares que se han acabado revelando completamente universales y que, curiosamente, siempre escribía en el dialecto que se habla en su región de origen.

El post-neorrealismo de De Sica

Tonino Guerra comienza su colaboración con el que fuera uno de los grandes representantes del neorrealismo, Vittorio De Sica, con una comedia tan divertida como amarga. A pesar de que, quizás sea Matrimonio all'italiana el título menos poético de los que componen esta lista, sin duda las peripecias a las que una encantadora Sophia Loren somete al incauto Marcello Mastroianni con tal de conseguir sus objetivos, siguen siendo arrebatadoramente divertidas y entrañables. Quizás en este caso la poesía estaba implícita en los propios personajes. La relación entre director y guionista se extenderían por filmes no menos interesantes como Amanti (Amantes), L'invitada (La invitada) o I girasol (Los girasoles), aunque quizás, como muchas veces sucede, la que fuera la primera de las que viera, la que sigo prefiriendo.

El existencialismo de Antonioni

Una de las colaboraciones más longevas y fructíferas, profesionalmente hablando, que Tonino Guerra mantuvo fue al que le unió con el cineasta Michelangelo Antonioni. Desde L'avventura (La aventura), hasta Al di là del nuvole (Más allá de las nubes) y Eros, las dos últimas películas del cineasta, el guionista italiano escribiría, no todas, pero sí la mayor parte sus películas, incluyendo títulos como La note (La noche), L'eclisse (El eclipse), Blow Up, Il misterio de Oberwald (El misterio de Oberwald) o Identificazione de una donna (Identificación de una mujer). Si en otras ocasiones ya he mostrado mi interés por Blow Up, su película británica, quisiera en esta ocasión incidir en una película tan caótica como cautivadora, Zabriskie Point, en la que fuera la única incursión, propiamente dicha, del cineasta italiano en el cine estadounidense. La banda sonora de Pink Floyd contribuía a dotar de una peculiar atmósfera la aventura de un estudiante que reflejaba el inconformismo de los jóvenes de finales de los años sesenta.

La trilogía felliniana

Tres son los títulos que Tonino Guerra escribió con y para Federico Fellini: Amarcord, E la nave va (Y la nave va) y Ginger e Fred (Ginger y Fred). Si el primero es sin duda un relato encantador y cautivador y el tercero resulta tan entrañable como cruel, mi favorito sigue siendo Y la nave va. No puedo explicar el atractivo que tiene un título tan peculiar para mi. Homenaje al artificio y la decadencia de un mundo en declive, como la ópera, en un tiempo en el que nuevas (y artificiales) formas de expresión como el cinematógrafo comenzaban a imponerse, el magnetismo de Y la nave va sobrepasa cualquier análisis riguroso al que pueda someterse. No puedo evitar dejarme siempre llevar por la corriente por la que transcurre este barco a la deriva y sus viscontinos pasajeros.

Escribir entre Paolo y Vittorio

Entre el cine costumbrista, el existencialismo y el surrealismo, Tonino Guerra también tuvo lugar para un tipo de cine tan humanista como el de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani. Si La notte di San Lorenzo (La nocche de San Lorenzo), Cronaca di una morte annunciata (cronica de una muerte anunciada), Il sole anche di note (El sol también sale de noche) son buena prueba de ello, pero quizás mi película preferida de las que surgieron de su colaboración sea Good morning, Babylon, una deliciosa película sobre los comienzos del cinematógrafo, que presta más atención a los artesanos que contribuyeran con la creación de decorados a la creación de una ilusión, de la misma manera que los propios actores y directores aunque nuca han sido reconocidos de la misma manera.

Theo y Tonino: una relación griega

La filmografía de Theo Angelopoulos es tan amada como odiada, yo mismo no soporto algunos de sus títulos. Sin embargo, no puedo evitar ver, una tras otra, todas sus películas, como respuesta a un poderoso flujo que me atrae a todas y cada una de ellas. De todas sus colaboraciones juntos, hay un título que sobrepasa todos los límites y expectativas, porque permítanme afirmar que es muy difícil escapar ante lo que se oculta detrás de ese maravilloso e inquietante Paisaje en la niebla en el que dos niños buscan a su padre, de la misma manera que un pueblo busca su identidad.