Desde Extracine nos gusta hablar del mundo del cine, intentando estar atentos de las últimas novedades que nos lleguen desde Hollywood o de grandes autores internacionales. Todo ello desde el más estricto punto de vista artístico, aunque haya algunas películas que se hayan olvidado de esa rama. Sin embargo, es inevitable que algunas veces también tengamos que hablar de la industria cinematográfica en sí misma, puesto que cada vez está más relacionada con el aspecto artístico de las películas, y en muchas ocasiones de una depende la otra.

Este es el caso del artículo de hoy, donde el cine se convierte en un bien de consumo y de los más caros. Pero no voy a hablar del cine entendido como la visualización de una película en una sala oscura, sino de todo lo que se genera alrededor de esta obra, concretamente de los carteles promocionales que se realizan sobre las películas. Estos carteles se han convertido en auténticos objetos de coleccionista y se han llegado a pagar miles de dólares para conseguir alguno de ellos original. Se ha realizado una pequeña lista donde podemos ver los dinerales que se han llegado a pagar por alguno de ellos. ¿Adivináis a qué película pertenece el cartel más cotizado?:

  • Metropolis, 1927: 690.000 dólares en 2005
  • The Mummy, 1932: 410.000 dólares en 1997
  • King Kong, 1933: 345.000 dólares en 2008
  • The Black Cat, 1934: 334.600 dólares en 2009
  • Dracula, 1931: 310.700 dólares en 2009
  • Frankenstein, 1931: 212.400 dólares en 2009

Parece que el 2009 fue un año bastante productivo en el negocio, ya que se llegaron a pagar altas cifras por conseguir estas auténticas obras de arte con más de 80 años de antigüedad. Algunas de ellas son auténticas maravillas de la pintura y del expresionismo, que podrían estar expuestas perfectamente en un museo. En el caso del cartel de la mítica película dirigida por Fritz Lang, fue creado por Heinz Schulz-Neudamm, un representante del art deco de la que sólo se conservan cuatro copias. Eso es un aliciente más que suficiente para que el precio de la subasta suba como la espuma.

Tampoco han sido coleccionistas privados los que han querido tirar la casa por la ventana para permitirse un capricho. Entre los que más se gastan en este tipo de subastas hay actores de Hollywood como Nicolas Cage (muy asiduo a este tipo de compras) que fue el que pagó más de 300.000 dólares por el cartel del Dracula de 1931. En cuanto al comprador que ostenta el récord del pago por el cartel de Metropolis, que casi alcanza los 700.000 dólares, se desconoce su identidad, aunque se rumorea que ha sido nada más y nada menos que Leonardo DiCaprio. Desde luego para adquirir una obra así, y por ese precio, no la tendrá oculta mucho tiempo.

Hay que reconocer que son objetos únicos, y que es lo más cercano a adquirir una obra de arte sin tener que desembolsar unos cuantos millones como sería el caso de un Picasso o un Cézanne, pero también hay que tener en cuenta que estos carteles son relativamente recientes y que sus pintores tampoco son artistas de renombre. Igualmente, son un ejemplo de un periodo muy concreto del cine, cuando se estaban asentando sus bases y cuando comenzaban a gestarse sus estrellas, tanto delante como detrás de las cámaras.