Silencio: todos sabes que las películas orientales tienen esa total inclinación a la expectación antes que al efecto de cámara, el corte abrupto -- aunque los haya, no es el "rasgo distintivo" -- o cualquier otra cosa que tenga el sabor al cine occidental y, claro está, cuando digo esto pienso en el cine modelo Hollywood. Planos generales de una duración notable que nos invitan a revisar la imagen, a sumergirnos en el sonido que producen los insectos -- las chicharras, tal como se las llaman por estos pagos rioplatenses --, el viento moviendo el pasto. Esto no significa, no implica necesariamente que la cinta de la que estemos hablando sea un trabajo enfocado al drama o a cosas semejantes, sino que también podemos encontrar planos de este tipo en películas que tienden al cine de acción, como algunas de Takeshi Kitano -- pienso en el plano general que abre y cierra la genial "Boiling Point" (1990) --, por caso. ¿Qué hay en esas escenas que tienen uno de sus puntos genealógicos más importantes clásicos como "Tokio Story" (1943) de Yasujirô Ozu? Aventuro una hipótesis: la captura cinematográfica del silencio. Y eso es lo primero que uno percibe al sumergirse en la historia de la genial película coreana "Poetry" ("Shi", 2010, conocida en Hispanoamérica con el nombre de "Poesía para el alma").

Silencio, entonces, mucho silencio: la historia se centra en el personaje de Mija, una mujer sexuagenaria que debe encargarse de cuidar a su nieto, darle de comer e incentivarlo para que vaya a la escuela y que pronto comienza a descubrir los primeros síntomas del Alzehimer que, en breve, avasallará con su memoria, con sus palabras, hasta hundirla en el silencio radical de la enfermedad y la vejez.

Doble silencio: apenas iniciada la cinta, un travelling nos muestra el aula en donde el nieto de Mija asiste a clases, escenario un tanto siniestro en donde, se sabe, una chica de 15 años compañera de curso del recién citado aduce que fue violada. El nieto de Mija es uno de los posibles culpables junto con otros niños. Aquí hay un silencio cómplice, un silencio temeroso: el del adolescente que no quiere ser descubierto, que cometió un acto del que difícilmente pueda desligarse a lo largo de su vida y que reproduce -- si, reproduce, duplica -- ese silencio que se forma en las conversaciones cotidianas con su abuela, las cuales no llegan a ningún lado y son mantenidas con el único objetivo de que "la vieja no lo moleste".

Palabra: por recomendación de una conocida, Mija ingresa a un taller literario en donde lentamente empezará a familiarizarse con la poesía, práctica a la cual nunca había visitado y de la cual extraerá aquello que la enfermedad no podrá quitarle nunca... La posibilidad de sujetarse a las palabras, la bendición de redescubrirlas lejos ya de la indagación policíaca y el diagnóstico médico, una suerte de renacer gracias a la escritura y la lectura.

En planos largos, medidos, con un ritmo cadencioso que recuerda al estado casi de éxtasis que produce la lectura de cualquier haiku, "Poesía para el alma", pese a una traducción que parecería poner todas las fichas del lado de una cinta melodramática, es una celebración de excelente cine: lo que tenemos es arte, sin lugar a dudas, primero, en el sentido metatextual que cobra el filme al hablar de una práctica artística en otra; segundo, al poder trabajar sobre la densidad de las palabras -- segundo río de la cinta: el primero es aquel en donde la chica violada se suicida, víctima, primero, de sus silencios --: Mija quiere sacar las palabras a flote tanto como el cuerpo de la asesinada, conectando las lecturas con la averiguación del destino de la familia de la niña que su nieto supuestamente violó.

De más está decirlo, no encontraremos aquí golpes de efecto de ningún tipo, sino un relato que apuesta por la casi anulación de la cámara -- en el sentido de que la edición trata de pasar lo más inadvertida posible -- y la contundencia de una historia increíble, en donde la relación entre silencio y palabra se complejiza a medida que el relato avanza. Me atrevería a decir "vida cotidiana", pero creo que, precisamente, lo que hace la cinta es revolver y dudar de esa cotidianidad.

La cinta de Chang-dong Lee demuestra el avance y originalidad del cine Sur-Coreano, sumando su nombre a una muy selecta lista que incluye al maravilloso Tsai Ming-Liang -- responsable de trabajos como "Una nube errante" (2005) --. Lo que aprendemos de este tipo de historias, de este tipo de cine, es que el complejo vínculo entre palabra y silencio, vida y muerte, muchas veces deja un sólo saldo: el olvido.

cuatro estrellas