Se sabe que el cine hollywoodense en su médula misma, en su raíz más profunda, apuesta siempre por aquello que consideraremos la estructura melodramática. ¿Qué es eso? Bueno, para decirlo rápidamente, un conflicto dramático mínimo encarnado por un personaje en donde, de paso, se cruza también la historia a grandes rasgos, la historia molar, lo grande. Así, clásica estrategia de Hollywood, tenemos la historia de un personaje representativo de la vida norteamericana -- por eso la tendencia a la biopic -- que sufre un serio drama personal, algo que se vive de manera casi trágica y que implica una transformación de las condiciones iniciales dadas -- para hablar de "personaje", en el sentido clásico de Hollywood y de toda narrativa norteamericana popular, porque no decirlo, occidental, al personaje protagonista la suceden una serie de cosas que lo fuerza a cambiar, finalizando con un character diferente al original --. En definitiva, la estructura melodramática es aquello que podemos ver perfectamente en la última película de Clint Eastwood: "J. Edgar" es una película melodramática hollywoodense.

Vayamos por partes: personaje representativo de la vida norteamericana, "J. Edgar" Hoover, mítico director del FBI que, se sabía, albergaba los secretos más notorios de las personalidades norteamericanas, desde políticos hasta actores y actrices, controlando una red de influencias que le permitía mantener poder en el sentido más lato del término... No un presidente, no la última figura de un ministerio, sino un simple funcionario moviendo los hilos desde las sombras. En el medio: el desarrollo de las investigaciones científicas como gran aporte a las fuerzas policiales -- con todo el horror que eso representa --, la defensa de la American Way of Life, etc. Esa personalidad interesante de la historia es protagonizada por un actor más que interesante de la actualidad: Leonardo DiCaprio, quien ya casi nadie recuerda como un ídolo adolescente luego de logrados trabajos en la última década.

Segundo elemento: el conflicto con la historia mayor, molar se representa en la historia menor, en la biografía. J. Edgar, desde la perspectiva de la película, es un hombre obsesionado con su madre, con un conflicto en cuanto a orientación sexual profundo, que no sabe muy bien qué hacer con su vida puertas de casa para adentro, pero que maneja perfectamente la oficina del FBI con un rigor inusitado. Se podría decir: sacrifica su bienestar personal por el bien de la Nación. Esa serie de obsesiones y problemas no resueltos impactan en la historia molar en la medida en que J. Edgar elige transformar esas obsesiones en elementos determinantes de la política de investigación de las fuerzas federales de USA, haciendo leña del árbol caído, si se quiere.

Tercer elemento: el protagonista se transforma con respecto a las condiciones iniciales presentadas. Eso se nota: J. Edgar aparece como alguein con la obsesioón de clasificar y ordenar, poseído por una pasión fetichista que tanto rédito ha traído a la historia del cine hollywoodense clásico -- hay que revisar los estudios feministas en torno a la genial "Citizen Kane" (1941) de Orson Welles --, para transformar esa pasión inicial en política de estado, conectándose así con los lineamientos del punto anterior.

Cuarto elemento: la vuelta de tuerca de la trama. Ninguna película hollywoodense clásica que se precie posee un pequeño giro al final que resignifica todo lo visto. Aquí, tenemos un procedimiento clásico, esto es, la historia tiene una focalización interna en el protagonista y sobre el final observamos que los hechos narrados no son tal como nos lo presentaron en un primer momento, haciendo también de la mirada del personaje una mirada miserable.

Damos cuatro elementos básicos, podemos dar más, para entender la conexión que el cine norteamericano establece con la tragedia helénica, en donde el héroe sufría por hybris, esto es, por haber desafiado de manera soberbia la voluntad de los dioses. Ese mismo desafía, aunque evitable, hace a la esencia de lo humano: querer ser dios y fallar es la mejor explicación que podemos encontrar a este afán de superioridad por parte de más de una persona. Lo melodramático no tiene tanto que ver con la tragedia griega, pero si recupera esta intención de grandeza por parte del protagonista, tal como se puede ver en este tipo de cintas, sólo que en lugar de los dioses aquello que se desafía es a la historia de la Nación, la versión laica del conflicto de la Antigüedad. ¿Se pierde porque se desafía esa misma historia? ¿Se pierde por un acto de soberbia? Sí y no: la derrota se convierte en algo privado y personal, pero existe victoria en lo que se refiere a la vida pública.

Con o sin variantes entre un género y otro -- habría que revisar lo melodramático en las comedias románticas, por caso --, la película de Clint Eastwood no ofrece ninguna originalidad a la hora de mostrarnos una historia. Clásica biopic, si bien no es estrictamente aburrida, sí falla en poder zafarse un poco del modelo de conflicto clásico y, al apegarse demasiado a este estructura, el espectador termina intuyendo cómo las cosas van a terminar. En definitiva: el costado poco crítico con la cultura norteamericana del cine -- y del propio -- Eastwood se transforma en un abrazo cómplice de las reglas para hacer una película hollywoodense "decente", cosa que no encontramos en trabajos de otros cineastas, como algunas cintas de Oliver Stone o los documentales de Michael Moore, en donde una capa de sospecha cubre todos los aspectos de la cinta.

dos estrellas