Terrible advertencia que rompe la tranquilidad del buen momento, irrumpe el espacio de lo cotidiano con la fuerza de un oráculo oscuro, de un desafortunado destino. La frase proviene de una de las obras de William Shakespeare más celebradas, "Julio Cesar", en donde el conflicto central gira en torno a las relaciones políticas en aquellos lejanos tiempos de la humanidad y, al mismo tiempo, el hondo problema de la traición, tanto como estrategia política como posibilidad de lo humano. Todo eso, ajustado a nuestros terribles tiempos, está en la última película dirigida y protagonizada por George Clooney, junto a Ryan Gosling, Philip Seymour Hoffman y Paul Giamatti: sí, estamos hablando de "The Ides of March".

La película cuenta la historia del personaje encarnado por Ryan Gosling, Stephen Meyers, segundo al mando en la Jefatura de campaña del candidato de los demócratas para las próximas presidenciales, Mike Morris, sí, llevado adelante por George Clooney. Stephen mantiene una relación con sus actividades directamente establecida a partir de su fe: el está del lado de Morris porque cree que es el mejor candidato que el partido demócrata puede presentar, al mismo tiempo que sabe que toda su campaña política es una clara muestra de las posibilidades de realmente cambiar algo que Morris tiene. Sin embargo, para poder presentarse a esas presidenciales, debe ganar las internas del propio partido y enfrentarse al otro candidato cuyo Jefe de campaña es Tom Duffy/Paul Giamatti. Entre Duffy y Paul Zara, Jefe de campaña de Morris y primero al mando en relación a Stephen, existe un pleito desde hace bastante por haberse cruzado más de una vez en esto de representar a candidatos opuestos. Tanto Duffy como Zara saben que Stephen es un joven de 30 años con un excelente manejo con los medios, por lo que se disputan su ubicación aunque, claro, el chico tiene las cosas en claro y sabe que no va a abandonar la campaña de su candidato.

En el medio de este conflicto de intereses, surge el problema privado: Stephen empieza a vincularse con una de las internas, encarnada por Evan Rachel Wood, y, al mismo tiempo, asiste a una reunión con Duffy, el jefe de campaña del "equipo contrario". ¿Qué saldrá de este cruce de posiciones? ¿Qué secretos esconde la propia interna que pueden afectar a la campaña? ¿Cuáles son las consecuencias y cuál la estrategia que se esconde detrás de la inocente reunión con Tom Duffy? Cada una de esas preguntas obtendrá sus respectivas respuestas, claro, con el riesgo que conlleva para la propia vida de Stephen.

Muchas cintas norteamericanas se encargan de revisar los meandros de la vida política y de ofrecerles cierto drama, siempre, claro, con el objetivo de que una estructura narrativa mínima pueda poder el verdadero problema en cuestión: la aclaración de algunos hechos oscuros que rebelan que todo lo político es el ejercicio de la violencia y la fuerza, no tanto de los ideales más prístinos. Logradas cintas como "J.F.K." (1990) de Oliver Stone o "All The President´s Men" (1976) de Robert Redford o bastante malas como la reciente "J. Edgar" (2011) de Clint Eastwood demuestran que, a la larga, todo lo referente al manejo del gobierno de turno no sólo es oscuro, sino que adquiere precisamente ese color porque se insiste que en algún momento pueden llegar a haber buenos intereses, excelentes ideales. Y ahí está el error: la política es el ejercicio de violencia y decisiones particulares, no tanto el pleno funcionamiento de un sistema de ideales que cuajan perfectamente en la República, no, para nada. Cada día, en nuestra vida cotidiana, podemos comprobarlo, y cintas como la mencionada no dejan de mostrar que la idea de "conspiración" es en realidad el choque contra un concepto ideológico determinado (como el de la "buena" República, algo que se puede remontar perfectamente a Platón) y la verdad del mundo político, estrictamente, el debate en torno a las palabras para definir lo Real que esto implica. No creo que haya sobreabundancia de palabras, sino que, muy por el contrario, estamos sumergidos en un género que habilita, precisa eso para poder ejercer su comentario crítico: la efectividad o no ya no depende de una cinta particular, sino de todo el sistema que la contiene -- ¿cómo una película norteamericana va a terminar hablando mal de su propio país? --.

Poder, poder, poder: el cinismo que lentamente comienza a avanzar en la vida de Stephen no es otra cosa que la puesta por delante de las estrategias para triunfar en la política, esto es, manipulación de la información, de las influencias, etc. La cinta no nos va a cambiar la vida, pero no por eso deja de ser un excelente trabajo que, en la línea de la genial "Good Night, and Good Luck" (2005), nos muestran a un cada vez más afilado Clooney, o sea, nos muestran a un artista íntegro que puede trabajar con temas candentes sin por eso renunciar a hacer una buena película.


3 estrellas