Hay ocasiones en que uno se ve obligado a poner de lado su criterio cinematográfico para rendirse a los pies de una obra como Intouchables, que emociona, divierte y transmite una sobredosis de optimismo y buen rollo que perdonan cualquier carencia que pueda tener. Si por un lado está protagonizada por una pareja formada por Omar Sy -actor de breve carrera pero al que pudimos ver en Micmacs- y François Cluzet -a quien conocemos desde su participación en Round Midnight, y al que pudimos disfrutar más recientemente en otra comedia vitalista como Les petits mouchoirs-, también una pareja es responsable tanto de su guión, como de su dirección: Olivier Nakache y Eric Toledano, en la que es su cuarto largometraje como pareja profesional y su primer estreno con distribución internacional.

Intouchables es una comedia de contrastes plagada de humor negro, en el sentido irónico y literal pues es Driss (Omar Sy) quien consigue arrebatar al espectador con los mejores momentos de la película. Lo mejor de todo es que no estamos hablando de una historia construida para crear situaciones de humor, al contrario, se trata de una comedia espontánea y, en el fondo dramática, en la que un afroamericano (es cine fancés, este eufemismo no vale) un joven de color procedente de Senegal es contratado para cuidar de un tetrapléjico intelectual y refinado. Lo que provoca una serie de situaciones a cual más hilarante.

Comparada por algunos como un cruce entre Driving Miss Daisy y Rain-Man, quisiera reivindicar que Intouchables dista bastante de cualquiera de estos dos títulos, tanto por la manera en la que está tratado el tema racial que atañe a uno de los personajes, como la minusvalía que atañe al otro. Como bien dice Philippe (François Cluzet) en un momento del relato, es la ausencia de compasión lo que hace de Intouchables una película eficaz. Da lo mismo que Driss sea negro o blanco, europeo o asiático, lo importante de su personaje es la manera en la que se relaciona con Driss. De la misma manera, da lo mismo que Philippe sea tetrapléjico, ciego o enfermo de Alzeheimer, lo único que importa de su personaje es que no puede valerse por si mismo. Lo que nos lleva al verdadero tema de la película: la importancia del otro.

Dirss aporta tanto a Philippe como este al primero. Lo que comienza como una relación laboral acaba convirtiéndose en una auténtica relación de amistad en la que sólo importan los sentimientos, quedando fuera todas las convenciones sociales. Si Philippe no puede valerse por si mismo de una manera física, Driss está impedido emocionalmente y ese es el verdadero conflicto de Intouchables.

Quizás la única pega de un guión que proporciona muy buenos momentos al espectador, además de crear perfectamente unos personajes entrañables, sólo sea su falta de capacidad para desembocar en una resolución más sólida. Aunque el final de la película pueda ser previsible, resulta muy interesante comprobar la doble lectura que se puede hacer de una misma secuencia cuando desconocemos lo que hay detrás de los personajes. Me estoy refiriendo a ese flashforward de la primera secuencia que nos parece tan divertido cuando lo vemos la primera vez, pero tan dramático, cuando lo vemos insertado en el espacio temporal que le corresponde. Esto viene a demostrar que la intención de Nakache y Toledano no será sólo hacernos pasar un buen rato, sino emocionarnos y hacernos pensar en lo que verdaderamente importa. Y vaya si lo han conseguido.

3 estrellas