En el mismo año en el que Hollywood volvía la vista atrás premiando a The Artist, que ya fuera premiada en año pasado en Cannes, el festival de cine francés rinde homenaje a Marilyn Monroe en el cartel de la próxima edición del Festival Internacional de Cine de Cannes, en el que vemos a la ambición rubia soplando una vela sobre una tarta que sujeta en sus manos. Se trata de una imagen tomada por sorpresa que desvela un momento de intimidad en el que conviven mitología y realidad celebrando la que será la edición del festival número 65. Un cartel tan sencillo como emotivo y entrañable que ha sido elaborado por la agencia Bronx a partir de una fotografía de Otto L. Bettmann, para anunciar el festival, que tendrá lugar entre los días 16 y 27 de mayo.

En realidad el festival de Cannes ya se adelantara a Hollywood en el ejercicio de nostalgia cinematográfica, pues el año pasado ya utilizara la imagen de Faye Dunaway para los carteles del festival. Ahora que está de actualidad debido al biopic que My Week with Merilyn le rinde, es un momento más que oportuno para recordar a la actriz que se convirtiera en una auténtico mito en vida, muy a pesar suyo y cuando el star system estaba ya en plena decadencia.

Nacida Norma Jean Baker, Marilyn Monroe sería reconocida por el que fuera pareja de su madre cuando nació, pero nunca sabría quien fue su verdadero padre. A causa de los desequilibrios emocionales de su madre que estaría la mayor parte de su infancia ingresada en un hospital psiquiátrico, pasaría de vivir con unos padres adoptivos, a manos de su madre, para vivir después con la mejor amiga de su madre, Grace McKee, para pasar después por varias familias cuando McKee se casó, quien la reclamaría después para entregarla después a su tío Olive Brunings, después de que el marido de Grace tratara de abusar de la pequeña Norma Jean, para sufrir un nuevo abuso sexual por parte de su tío. Todo este periplo cuando contaba sólo doce años de vida, no es de extrañar que en su vida adulta fuera tan insegura y que necesitara tan desesperadamente cariño y afecto.

Destaco tres etapas en su filmografía. Una primera en la que pareciera que se propusiera a robar planos en breves apariciones de una o dos secuencias en películas como The Asphalt Jungle o All About Eve, una segunda en la que compagina personajes protagonistas con papeles secundarios en filmes como Clash by Night, Niagara, Gentlemen Prefer Blondes, How to marry a Millionaire o River with No Return o The Seven Year Itch, que termina de consagrarla definitivamente. A mediados de los años cincuenta hace una parada en su carrera para mudarse a Nueva York donde a sugerencia de Truman Capote se inscribe en las clases de actuación de Constance Collier, quine moriría pos días después de iniciarse el curso, por lo que se matricularía después en el Actor's Studio, que le proporcionaría una nueva y esplendorosa etapa cinematográfica que comenzaría con Bus Stop, con cuyo personaje recibiría una nominación a los Globos de Oro.

The Prince and the Showgirl, Some Like it Hot y Let's Make Love serían las películas en las que intervendría antes de protagonizar la que sería una de sus más emotivas y recordadas interpretaciones, como Roslyn Taber en The Misfits. Dirigida por John Huston y junto a un excepcional reparto que incluía a Clark Gable, Montgomery Clift, Thelma Ritter y Eli Wallach, se trataba de un guión que Arthur Miller, quien fuera su tercer marido, le había regalado a la actriz y en el que mostraba su percepción personal de Norma Jean, la persona que se escondía detrás del personaje. Si además de echar un vistazo a su filmografía, alguno de ustedes quisiera profundizar en la vida de Norma Jean, no deberían dejar pasar el magnífico libro de Donald Spoto, llamado sencillamente Marilyn Monroe: The Biography.