Si me lo hubieran dicho, no me lo habría creído. No por nada, sino porque soy de los que vieron Star Wars con siete años y disfrutaron enormemente con sus secuelas: The Empire Strikes Back y Return of the Jedi. No sólo eso, sino que tras verlas una y otra vez en formato doméstico, volví a las salas de cine para experimentar de nuevo el poder de "la fuerza" en todo su esplendor. Aunque fue toda una delicia volver a ver (en su versión original) una trilogía que siempre me parecerá entrañable, también es cierto que quedara considerablemente defraudado con los añadidos insertados por George Lucas en lo que considero una traición emocional -similar a las que practica su colega y amigo Steven Spielberg-, pues esa no era exactamente la misma saga de aventuras espaciales que había visto de pequeño. Aún así, pude disfrutarlas restando importancia a esos añadidos.

Quizás en 1999 las expectativas fueran muy altas, pero aunque yo fui de los que vieron esta nueva trilogía religiosa y puntualmente desde que comenzaran a salir, no quedé plenamente satisfecho ni con Episode I - The Phantom Menace, ni con Episode II - Attack of the Clones, ni con Episode III - Revenge of the Sith. Cuando a una le sobraban cosas a la otra le faltaban. Lo que en la primera trilogía se contaba con exactitud y emoción, aquí se alargaba y se daban excesivas explicaciones que no interesaban, mientras que otras quedaban en el aire. Por lo que en ninguna de las películas que conformaban la nueva trilogía de Star Wars conseguí evitar la sensación de que tan sólo estaban estirando considerablemente lo que podría dar de sí un sable láser y una máscara negra.

En cualquier caso, y a pesar de que no soy nada devoto del 3D, arrastrado por la marcha imperial allí estaba yo sacando una entrada para volver a ver Star Wars: Episode I - The Phantom Menace 3D. Y debo decir que agradezco no haber reprimido este impulso pues me lo pasé realmente bien, a pesar de que no sea una obra tan óptima como sus precedentes, pero tampoco tan desdeñable como la recordaba. Debo confesar que ni siquiera llegó a molestarme la conversión en 3D. La calidad de la imagen se mantiene perfectamente y, si por un lado los personajes se mantienen planos en la imagen, sin volumen, por otro lado se incrementa la sensación de la profundidad de campo entre ellos y los decorados en los que se desarrolla la acción. Los momentos en los que sí se disfruta sobre manera la experiencia estroboscópica son sin duda los que tienen lugar en el espacio, que son los que mejor parecen acoplarse a las características del 3D.

The Phantom Menace repite el mismo esquema argumental que seguía la primera película de la saga: Star Wars. A partir de un sencillo pretexto se origina un conflicto diplomático que esconde una rebelión para cuya solución será neceario el rescate de una reina con parada en Tatooine, donde recogerán un nuevo pasajero que será crucial en la resolución final. El desarrollo de estas acciones bien pudiera dividirse en capítulos perfectamente diferenciados siendo el más intenso e interesante el que acontece en Tatooine, teniendo una mejor resolución tanto argumental como rítmica los dos primera tercios de la película que el último.

Esparcidas a lo largo del relato podemos percibir alguna torpeza como el odioso personaje de Jar Jar Binks, que no consigue resultar verdaderamente simpático -aunque esta vez molesta menos-; la explicación de la paternidad de Anakin, concebido como si de Jesucristo se tratara; la explicación de la concentración de midiclorianos en su sangre, que explica las razones de que tenga tanta predisposición para aspirar a convertirse en caballero Jedi sin explicar realmente nada; la oportuna presencia de Dark Maul en Tatooine, cuando no hemos visto que haya rastreado otros planetas; la propia emboscada frustrada que le tiende a Qui-Gon Jinn; o simplemente la sorpresa de algunos personajes al descubrir la existencia de un Sith -más bien dos porque siempre vienen en pareja-, dejando sin explicar tanto su procedencia como su relación con la disciplina de los Jedi.

Pero estas carencias argumentales quedan parcialmente diluidas gracias a espectaculares y emocionantes secuencias de acción que se benefician de un espectacular diseño de producción en los que tienen tanta importancia los decorados naturales como la dirección artística, el diseño de naves y todo tipo de artilugios, la colección de variopintos personajes y lo que marca realmente la diferencia con respecto a otras películas similares: la banda sonora, el diseño de sonido, efectos visuales y los fantásticos efectos sonoros que envuelven todas y cada una de las acciones de los personajes. Precisamente sonido, efectos de sonido y efectos visuales fueron las únicas tres nominaciones al Oscar que recibiera la película tras su estreno en el mismo año de Matrix, que fue la que se los llevó.

Estaríamos equivocados si pensásemos que en una película de estas características el equipo de actores y actrices tan sólo tiene que responder a unas exigencias atléticas. Todo lo contrario, es vital la aportación de todos y cada uno de los componentes del reparto pues con muy poco tienen que dar mucho. No disponen de mucho espacio para conseguir que el espectador sienta empatía por sus respectivos personajes, pero al igual que sucedía con el equipo de actores que integraban los episodios IV, V y VI, la calidad de casi todo el reparto hace que entendamos los motivos y causas de sus comportamientos sin necesidad de grandes explicaciones.

Si muy estimulante es la aportación de Pernilla August como la madre de Anakin o Ian McDiarmid como el canciller supremo Palpatine, no encuentro tan afortunadas las de Ewan MacGregor y Liam Neeson que quizás adoptan un registro demasiado superficial, propio del cine de acción. La gran capacidad de Natalie Portman consigue redimir al Jedi y su Padawan, sobre todo en las secuencias que comparten, estando particularmente afortunada en las que comparte con Jake Lloyd, el jovencito Anakin Skywalker. Quizás los espectadores entrenados podrán descubrir la presencia de actrices como Kyra Knightley o Sofia Coppola, que integran la corte de la reina Amidala. Quien poco consigue aportar es Terence Stamp, no estoy seguro si se debe a la corta duración de su personaje o a que no tenía realmente el día cuando se rodaron sus secuencias.

Si en su primer visionado me pareciera que The Phantom Menace no hacía más que prepararnos para el siguiente episodio de Star Wars, a la vez que para reencontrarnos con el universo creativo de George Lucas, en esta segunda oportunidad para ver en el cine lo que fuera el comienzo de las andanzas de Anakin Skywalker, me deja en cierta manera la misma sensación, pero tras habérmelo hecho pasar como nunca hubiera imaginado, no voy a exigir mayor rendimiento. Si por un lado soy de los que consideran que el orden de las películas no es el que marca su línea argumental, sino el de su fecha de producción, tampoco voy a perder la oportunidad de ver cómo se redescubre una historia que si ya sabemos cómo termina y cuales son sus principales giros de guión, podríamos disfrutar desde una perspectiva diferente pues cuando siempre percibí a Luke Skywalker como el protagonista de la saga, indudablemente sólo lo es de una trilogía de la saga, siendo su padre, Anakin, el verdadero y auténtico protagonista de la saga completa. Y así afrontaré este nuevo descubrimiento de Star Wars.

3 estrellas