The change up

Recordemos aquel film de 1987 llamado Like father like son con Doodley Moore y Kirk Cameron o la más cercana Freaky Friday del 2003 con Jamie Lee Curtis y Lindsay Lohan y la temática del cambio de cuerpos y roles que conllevan a una determinada re valorización de la vida no parecería nada nuevo. Sin embargo con esta ya conocida premisa el film dirigido por David Dobkin, The change up, logra salir aireoso quizá gracias a que cuenta con Jon Lucas y Scott Moore,dos guionistas de otras comedias que recientemente nos han llegado con mucho éxito: The Hangover I y II.

La historia protagonizada por Jason Bateman, cada vez más afianzado en la comedia, y un correcto Ryan Reynolds nos narra sobre dos amigos, antítesis uno del otro. Bateman es el padre de familia, abogado a punto de conseguir ser nombrado socio, un verdadero workaholic y Reynolds, un actor de cine que vive la vida a como viene el día, irresponsable e infantil. Pero como dice el dicho, el jardín del vecino siempre es más verde y cada uno tras una noche de borrachera deseará la vida del otro, lo que finalmente ocurre gracias a la extraña fuente de una plaza.

The change up

La comedia no deja de ser una más de las tantas comedias gamberras que este año, además de la nombrada The hangover, hemos visto. Sin embargo y a pesar de guardar algunas escenas que la alejan de un visionado familiar, entretiene y cumple. Hace reír en muchos de sus pasajes sobre todo por la interpretación de sus protagonistas, por los constantes obstáculos que uno y otro debe sortear para no desbaratar la vida del amigo. El film se disfruta siempre y cuando, claro, uno sepa de antemano que está llendo a ver una película basada en un disparador ya conocido en un tono totalmente irreverente.

Reconozco que en el género de la comedia no suelo ser una espectadora exigente, pero The Change up tiene un extraordinario balance entre la previsibilidad y la sorpresa. Allí donde sabemos cómo terminarán las cosas siempre aparece un giro que nos termina arrancando una carcajada franca, un gritillo de asombro, un abrir de ojos extasiados. Incluso el lenguaje vulgar y varios de los evidentes clichés están muy bien utilizados; es una comedia insolente sí, pero no exageradamente chocante.

Ryan Reynolds y Olivia Wilde

Si hay algo que además agrega puntos a favor es la intervención de dos grandes secundarios: el estupendo Alan Arkin, quien pone la cuota de sensibilidad al film aun con alguna que otra escena esporádica y la envidiablemente bellísma Olivia Wilde, quien una vez más demuestra que no es solo una cara bonita. Leslie Mann, como la resignada esposa de Bateman, también cumple su papel con una buena interpretación y especial mención merecen los pequeños gemelos del matrimonio, dos bebés que garantizan risotadas en varias escenas, muchas con la inclusión de imágenes generadas por computadora dada la bizarrada que involucran.

La película podría tener incontables reproches, pero lo importante es que no promete más de lo que pretende, hace reír, entretiene, y mucho, y no posee espacios muertos. Tiene además los infaltables momentos tiernos a los que uno termina sucumbiendo; créanme que habrá un par de escenitas a las que le echarán nudo en la garganta.

Jason Bateman y Leslie Mann

Este film termina demostrando que desde The Hangover el descaro parecería ser lo que mejor funciona en la comedia de los últimos tiempos. Gags de escándalo a los que uno no puede resistirse dada su factura y sorpresa. Una comedia que seguramente, como todo en esta cuestión, algunos encontrarán genial y otros posiblemente desgastada. Así y todo también queda demostrado que el dúo Bateman- Reynolds posee una muy buena química aun cuando una segunda entrega sería ya demasiado.

tres estrellas