De entre todas las figuras retóricas que podemos descubrir soterradas en un relato, es curioso que muchas veces pase desapercibida la prosopopeya, también denominada personificación. Ubicada dentro de las denominadas figuras patéticas, que precisamente pretenden incidir de una manera afectiva en el espectador, nos presentan animales, plantas o incluso seres inanimados como si fueran personas, atribuyéndoles sentimientos y emociones propias del ser humano. Obviamente es uno de tantos recursos que el cine hereda de la literatura, pero lo cierto es que la mayoría de las veces ni siquiera llegamos a plantearnos que es un recurso que se utiliza para que el mensaje nos llegue con más fuerza.

En estos últimos días me he encontrado no con uno, sino con tres casos de prosopopeya en el cine. Si en el caso de "The Tree", Julie Bertuccelli consigue realmente que veamos a la majestuosa higuera que cobija la casa en la que viven sus protagonistas como un personaje más de la película, Jodie Foster no alcanza a dotar de algo de sensibilidad al muñeco de trapo que su protagonista se encuentra en la basura en "The Beaver". Quizás mucho más fácil lo ha tenido Mike Mills en "Beginners", dado que tiene a su disposición a un encantador Jack Russell que con una mirada y un leve ladeo de cabeza consigue sin necesidad de nada más hacernos la ilusión de que se puede comunicar (cualquiera que haya tenido perros te dirá que sí se puede comunicar, afirmación con la que estoy absolutamente de acuerdo).

Tradicionalmente el cine de animación ha convertido este recurso en base de su discurso, de manera que nos podemos encontrar películas como "Bambi", en la que los animales hablan y se comunican entre sí, aunque no con los seres humanos que aparecen en la película. En el caso de esta magnífica película el recurso sirve para que llegue con más fuerza el mensaje ecológico, haciéndonos ver la importancia de preservar la naturaleza y el medio en el que habitan los animales, así como sus propias vidas pues, igual que nosotros, ellos también tienen una madre. Un recurso que volvía a ser utilizado de la misma manera en "Babe", aquí en imagen real, pero de nuevo con la barrera de comunicación entre animales y humanos.

Más discutible sería el caso de una película como "L'ours", la película de Jean-Jacques Annaud cuya trama tiene muchos puntos en común con la película Disney de 1942, pero en la que si bien los animales no se comunican oralmente --o no a través de nuestro lenguaje--, sí transmiten sentimientos y emociones humanas… que con toda probabilidad también se dan en el mundo animal, no estando seguro de si en este caso nos encontramos en un nuevo ejemplo de personificación o si, por el contrario, estamos ante un ejemplo de cine ecológico y naturalista que se limita a mostrar lo que sucede cuando se encuentran el mundo salvaje con el racional.

Si obviamente, la personificación ha sido utilizada en las fábulas y cuentos con la intención de inculcar moral y ética en el individuo, Walt Disney la utilizaría de la misma manera a lo largo de toda su filmografía, desde "Pinocchio" hasta "Beauty and the Beast", filmes en los que ya no sólo recurre a los animales, sino que aquí son los propios objetos inanimados, por obra y gracia de hadas o encantamientos, los que están dotados de vida y pueden hablar y expresarse de la misma manera que los seres humanos, llegando a interactuar y comunicarse con ellos. Esto mismo sucede con "Toy Story", en la que los juguetes protagonistas tienen las mismas características y capacidad de comunicación que los seres humanos, si bien sólo lo utilizan para interactuar con ellos cuando lo consideran conveniente (y qué bien lo hacen).

Mención aparte merecen las películas de Hayao Miyazaki, como "Tonari no Totoro" o "Mononoke-hime", en las que desde mi punto de vista no estaríamos hablando de prosopopeya, sino de metáforas. Una manera mucho más clara de hacer uso de la prosopopeya se produce en aquellas películas que deliberadamente mezclan animación con imagen real, diferenciando visualmente el mundo humano del que no lo es, aunque se puedan comunicar e interactuar entre ellos. Me estoy refiriendo a películas como "Bedknobs and Broomsticks", "Who Framed Roger Rabbit" o "Tron".

Pero en el cine de imagen real también podemos encontrar muy buenos ejemplos en los que se hace de la prosopopeya la base de su discurso. Retomando esa rebelión de los animales hacia el ser humano nos encontramos con un magnífico ejemplo de prospera en la mítica película de Alfred Hitchcock, "The Birds". Puede que en este caso no se muestre cómo se comunican las aves entre sí, pero lo cierto es que, aparte de la metáfora sexual que subyace en el relato, a medida que este avanza, pareciera que las aves sí tienen la capacidad de coordinar sus ataques, como ocurre cuando esperan a los niños a la salida del colegio.

Lo cierto es que Steven Spielberg fue mucho más allá en "Jaws", en donde el enfrentamiento entre hombre y naturaleza llevaba a algunos personajes humanos a tomarse su relación con el enorme escualo como algo personal. Esta personificación se incrementaba a medida que se propagan las secuelas, llegando a hablarse de la venganza del tiburón en continuaciones como "Jaws 2" o "Jaws: The Revenge", cuyo lema llegaba a afirmar que esa vez se trataba de algo personal, pero refiriéndose al tiburón, no a los humanos.

Aquí podríamos encontrar también una interesante variante de especies, no animales: los extraterrestres, pues lo cierto es que si la idea de "Alien", como película, es en principio bastante similar a la de "Jaws", es evidente que estaríamos hablando de una especie de personificación ligeramente diferente a la de los casos animales. Para ser más claro, quizás sería mejor utilizar un ejemplo como "E.T.: The Extra-Terrestrial", en la que la forma de vida alienígena tienen la capacidad de aprender el sistema de comunicación de los seres humanos, así como comprender la manera en la que funcionan sus emociones y sentimientos, desarrollándolos también el propio E.T.

La ciencia-ficción, tan cerca de la filosofía en la mayoría de los casos, utilizaría la prosopopeya con los extraterrestres para especular con la posibilidad de vida inteligente fuera de nuestro planeta, o más concretamente de una forma de vida con códigos de comunicación similares a los nuestros. En clave igualmente ecológica e incluso crítica contra el ser humano, Franklin J. Schaffner realizaba una magnífica adaptación de la novela de Pierre Boulle en "Planet of the Apes", donde no sólo mostraba la evolución de unos simios que se comportaban como seres humanos, sino que les diferenciaba en diferentes especies, dependiendo del grado de su evolución intelectual, un recurso que utilizamos en nuestra vida cotidiana a la inversa, para referirnos a aquellos miembros de nuestra especie que no parecen haber alcanzado la evolución completa, como ciertas tendencias políticas extremistas y radicales.

Pero en todos estos ejemplos, y siguiendo el ejemplo del perro, casi podríamos entender y hasta afirmar que los animales (y los extraterrestres) son capaces de experimentar y transmitir emociones parecidas a las de los seres humanos, lo que no sucede de la misma manera cuando hablamos de vida artificial, como en "2001: A Space Odyssey", en la que una computadora era capaz de hacernos experimentar el terror de una manera que nunca hubiéramos pensado. Me refiero a HAL 9000, el ordenador de la nave en la que viajan los doctores Bowman (Keir Dullea) y Poole (Gary Lockwood), que llega a asesinar a los miembros de la tripulación que permanecen en estado de hibernación, así como se deshace posteriormente del doctor Poole en una acción totalmente premeditada. Lo cierto es que si en un momento el terror se apodera de nuestros corazones con la sola idea de que una máquina creada para nuestro bienestar sea capaz de volverse en contra nuestra, uno de los momentos más impactantes de la película de Stanley Kubrick era el momento en que el doctor Bowman procede a la desconexión de HAL, que en un intento por agarrarse a la vida, no puede dejar de cantar una canción que su programador le instalara, llegando a despertar la compasión en el espectador. Y todo esto sin hablar del monolito, claro.

Un caso entrañable sería, sin duda, el que plantea Geroge Lucas en "Star Wars" en la que C-3PO y RS-D2 no sólo llevan el hilo conductor de tres de las películas de la saga, sino que además desarrollan lo que comúnmente se llama una relación de colegas, de buddies, que hace las delicias de cualquiera. Tremendamente inquietante sería la propuesta de Philip K. Dick en aquella novela adaptada al cine por Ridley Scott en "Blade Runner", en la que incluso algunos replicantes --palabra utilizada para referirse a formas de vida artificiales, pero de aspecto humano--, ni siqueran eran conscientes de que no eran seres humanos.

Posteriormente hemos tenido otros tipos de cyborgs que ha llegado para aniquilarnos o salvarnos, como sucedía en "Terminator" y sus secuelas, o títulos que integraban la vida artificial con la alienígena, como sucedía en "Artificial Intelligence: AI", pero prefiero terminar mi breve recorrido por el uso de la prosopopeya en el cine con mi ejemplo favorito, también de índole ecológica y en le que además somos testigos de la toma de conciencia de una vida artificial: "Wall-E". Anímate y cuéntanos cual es tu ejemplo favorito de prosopopeya.