Pocos son los que conocen al que fuera considerado primer crítico y teórico de la Historia del Cine: Ricciotto Canudo. Un italiano que emigra a París con 24 años, donde ejerce como corresponsal de Il Corriere, para pasar después a escribir en medios franceses a la vez que se sumerge en los ambientes bohemios en los que surgirán los movimientos de vanguardia y que le llevan a escribir, en 1911, su famoso Manifiesto de las Siete Artes, del que este año se cumple su centenario.

Si para Thomas Alva Edison el cine era un negocio, para los hermanos Louis y Auguste Lumière era un entretenimiento con el que capturar la realidad, así como para Georges Méliès era un fascinante juguete con el que poder experimentar y ampliar sus trucos de magia, sería este crítico italiano el primero que utilizaría la expresión "Séptimo Arte" para referirse al cine, en una época en la que todavía no estaban asentadas ni su gramática, ni su estética, ni todos los aspectos morfológicos, sintácticos y semánticos que acabarían por configurar el lenguaje cinematográfico.

Ya por aquel entonces el teórico era capaz de separar lo que, en los Estados Unidos ya comenzaban a llamar industria, apropiándose del término "arte" para proporcionar a sus productos un aire de prestigio del que en realidad carecían, de aquellas otras muestras cinematográficas a las que sí se les podía atribuir ese mismo apelativo por derecho propio, debido a su capacidad de elevar el sentimiento humano al "olvido estético". Este es el primer fragmento de su manifiesto:

La Teoría de las Siete Artes ha ganado rápidamente terreno, extendiéndose por todo el mundo. Ha aportado una clarificación a la total confusión de géneros e ideas, como una fuente de nuevo reencontrada. No voy a hacer alarde de dicho descubrimiento, porque toda teoría implica el descubrimiento de un principio fundamental. Me limito a comprobar su difusión; de la misma forma que, al enunciarla, hacía constar su necesidad.

Si bien los muchos nefastos tenderos del cine han creído poderse apropiar del término "Séptimo Arte" que da prestigio a su industria y a su comercio, no han aceptado, empero, la responsabilidad impuesta por la palabra "arte". Su industria sigue siendo la misma, más o menos bien organizada desde el punto de vista técnico; su comercio se mantiene floreciente o en decadencia, según los altibajos de la emotividad universal. Su "arte", salvo algún raro ejemplo en el que el cineasta es capaz de exigir e imponer su propia voluntad, sigue siendo prácticamente el mismo que inspiraba a Xavier de Montépin.

Pero este arte de síntesis total que es el Cine, este prodigio rechinó nacido de a Máquina y del Sentimiento, está empezando a dejar de balbucear ara entrar en la infancia. Y muy pronto llegará la adolescencia a despertar su intelecto y a multiplicar sus manifestaciones; nosotros le pediremos que acelere el desarrollo que adelante el advenimiento de su juventud. Necesitamos al Cine para crear el arte total al que, desde siempre, han tendido todas las artes.

A cien años de la creación de su manifiesto, y con ciento dieciséis de trayectoria cinematográfica, aquellos que Ricciotto Canudo consideraba tenderos, comerciantes, o, en definitiva, industria, siguen ejerciendo esa misma apropiación indebida de lo "artístico", para refiriese a sus obras más notorias. Aunque, hoy por hoy, esta apropiación también se sucede en otros campos artísticos como la música y la literatura, en la que conviven productos manufacturados y artificiales con expresiones artísticas más personales. Habrá muchos que consideren el cine como un mero entretenimiento y otros para los que sea una expresión artística, pero de lo que no cabe duda es de que aquellas obras que perduran en el tiempo no siempre son las que más dinero recaudan, sino las que dejan una huella más profunda en el corazón del espectador.

Tal y como Canudo advierte, el cine se encuentra en un período de lactancia cuando escribe su texto, pero yo me pregunto ¿ha evolucionado realmente en algo más de cien años de historia? Comparado con otras expresiones artísticas, podemos considerar al cine como una forma de expresión bastante joven, por lo que voy a aventurarme a identificar las diferentes edades y etapas de la Historia del Cine comparándolas con el crecimiento humano:

  • Precedentes, gestación y nacimiento del cinematógrafo: un largo proceso de embarazo que comenzaría dando forma y cuerpo a la idea a través de precedentes como el mito de la caverna de Platón, la cámara oscura de Aristóteles, el movimiento virtual que proporciona la pintura, los precedentes de la construcción del relato que ofrecen tanto pintura como escultura, un proceso de gestación que si comienza en el renacimiento con los primeros inventos de Leonardo Da Vinci, se aceleraría a partir del nacimiento de la fotografía y conocería una rápida evolución con la revolución industrial, a través de múltiples juguetes y experimentos como las cronografías de Eadweard Muybridge o las de Étienne Jules Marey, para ver la luz, gracias a los inventos de Thomas Alva Edison, pero definitivamente en 1895 de la mano de los hermanos Lumiére.
  • Aprendiendo a caminar: si primero tendríamos que hablar de los pioneros del cine como Georges Méliès, Pathé y Gaumont, Gelabert y Segundo de Chomón, Edwin S. Porter, Adolph Zuckor, David W. Griffith, Thomas H. Ince, Max Linder, Mack Sennett o Charles Chaplin, que asientan las bases del lenguaje y los géneros cinematográficos; después no podríamos dejar de hablar de todas las escuelas, tendencias, manifiestos y movimientos de vanguardia que terminan por proporcionar una estética, un estilo y un significado a ese recién nacido lenguaje, tales como la Film d'Art, la escuela documental británica, los manifiestos futurista y dadaísta, la escuela nórdica, las corrientes germanas, las vanguardias galas, la revolución rusa, el tradicionalismo español o el star system estadounidense.
  • Primeros balbuceos con la llegada del sonoro, en 1927, el cine sufre un período de adaptación, como si tuviera que acudir al parvulario para adaptarse al lenguaje verbal.
  • La escuela primaria que se extiende a lo largo de los años treinta y a la que asisten todas las cinematografías mundiales para construir una identidad nacional, adecuada a su propia cultura como sucede con el cine de la República en España, el fantasma Nazi en Alemania, la Edad Media del cine soviético, el naturalismo poético y su contraste con el realismo social francés, y, por último, la edad dorada de Hollywood y la fuerte influencia que ejerce el star system estadounidense, que termina por configurar lo que conocemos como cine clásico.
  • Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial se produce una pérdida de la inocencia que provoca una maduración a marchas forzadas de las cinematográficas afectadas directamente por el conflicto, dando lugar a la qualité francesa, el cine de prestigio británico, el renacimiento nórdico, el neorrealismo italiano o los tormentosos años del cine de Hollywood que también se ve afectado por la contienda. Cinematografías como la española viven el receso de manera prematura debido a la Guerra Civil, aunque conseguirán remontar gracias a la influencia del movimiento italiano, como se podrá constatar en las Conversaciones de Salamanca.
  • La hermana pequeña que surge con la televisión, que a a larga hará que hablemos de lenguaje audiovisual más que cinematográfico, así como la influencia de sus primos, los denominados cines menores que poco a poco van construyendo sus propias cinematografías tanto en Latinoamérica, sobre todo en México y Argentina, como en Asia, donde prosperan las cinematografías china, india y nipona. Mención aparte merece el cine de animación que evoluciona independientemente de los demás géneros y técnicas cinematográficas.
  • Los rebeldes adolescentes que demandan nuevas formas de expresión tras el conflicto bélico, forzando una evolución que marca el inicio del cine moderno con la transformación del cine estadounidense y el New American Cinema, la nouvelle vague francesa, los Angry Young Men británicos, el manifiesto de Oberhausen en Alemania, el nuevo cine español y los nuevos cines latinoamericanos en los que afloran las cinematografías de Brasil, Cuba y Bolivia, además de surgir una renovación en el cine mexicano y el nuevo cine argentino.
  • Asumiendo la mayoría de edad, podríamos decir que se encuentra la cinematografía estadounidense con la irrupción del cine independiente y colectivos como los cineastas del nuevo Hollywood, o e esplendor italiano de los años setenta, el cine que llega del este europeo, la edad moderna japonesa o el cine de la movida que llega con la democracia española.
  • Actualmente parece que estamos en el camino a la madurez en el que se encuentra la comunicación audiovisual al establecer una correspondencia entre cine, televisión, nuevos formatos y nuevas tecnologías, que nos llevan a hablar de posmodernismo y del auge de un cine de autor facilitado por las convulsiones de la Europa comunista, la búsqueda de identidad del cine Latinoamericano, la invasión de los géneros japoneses, la apertura del cine chino tras la quinta generación y la proliferación de nuevos cines periféricos como el iraní, el africano, el árabe y otras identidades y voces solitarias.

Luego ¿donde estamos en estos momentos? Desde mi punto de vista, estaríamos hablando del cine como una forma de expresión con una edad equivalente a los veintitantos, en la que todavía conviven películas que responden a criterios clásicos, modernos y posmodernos en función de cada cineasta, más que de la nacionalidad de las películas o su origen más o menos industrial. Si es arte o industria sería para mi lo de menos, pues lo cierto es que podemos encontrarnos con obras artísticas muy entretenidas y con productos comerciales de una estupenda calidad artística. Una cosa no excluye a la otra. Pero, como siempre, tienes la palabra para opinar lo que consideres oportuno: ¿arte o industria?

Foto: Novopress