Cuando todos supimos que iba a aparecer la secuela de "The Hangover", a esta altura un clásico de la comedia de los últimos tiempos, no pudimos menos que sentirnos contentos: saber que iban a aparecer nuevamente en la gran pantalla los personajes encarnados por Zach Galifianakis, Ed Helms y Bradley Cooper -- y no descarto a Justin Bartha --, una mueca de felicidad apareció en el rostro de cada uno de los asistentes a las salas de cine, de cada persona que en el contexto de cualquier fiesta esté esperando el momento de desmadre en donde todo, todo desaparece de nuestra consciencia casi para siempre. Y si bien el procedimiento del personaje que olvida lo sucedido y en donde, en términos narratológicos, tenemos un relato enmarcado -- visto desde la perspectiva de los personajes, digamos --, sus usos para la comedia no han sido muchos a lo largo de la historia del cine: desde "Memento" (2000) e "Irreversible" (2002), teniendo como antecedente el fuerte clásico que en su momento representó "The Lost Weekend" (1945), cinta que acuñó el término que se utiliza para hablar de esos momentos en donde todo ingresa a un olvido provocado por el consumo de algún tipo de estupefaciente o bebida -- comentario que lo recupero de una nota de Alfredo Rosso transmitida ayer en la radio --. "The Hangover 2", afortunadamente, termina siendo algo agradable para el espectador: el mismo procedimiento tomado con una distancia reflexiva que se agradece; digo: no por nada la primera frase de Bradley Cooper es "pasó de nuevo".

La película es una nueva sucesión de situaciones graciosas en torno al hecho de que ninguno de los personajes recuerda lo que pasó la noche anterior, momento en el que todos se reunen en Tailandia para celebrar el nuevo casamiento de uno de los miembros del así bautizado Wolfpack, el del personaje de Ed Helms. Frente al evento, negándose a tener una "despedida de soltero", busca celebrar todo en una cierta calma, pero claro, los planes se le van de las manos y de repente todo el universo se conmociona frente a los sucesos de las horas anteriores: ahora, el desaparecido no es "Doug", sino Teddy, el cuñado de Stu. En ese esfuerzo por averiguar qué es lo que pasó, los muchachos se enfrentarán a dealers, monjes budistas, la propia policía, diversos mafiosos... Una red de situaciones humorísticas que llegan hasta el cenit de un descubrimiento terrible en la mitad del filme -- una de las cosas que ha puesto a Bangkok en el mapa, casi les diría --.

La cinta es sumamente hilarante, aunque no cuenta con la ventaja de la sorpresa de la primera película, por lo que no podemos asegurar que estemos frente a un "tienen que ir a verla" de esos que pululan por todos lados. Sin embargo, la solidez del guión, las actuaciones de los personajes y su reaparición -- ya todos nos encariñamos con cada uno de ellos -- etc. hacen de esta película algo más que entretenido para ver, una de esas cosas que luego de convertirán en inveterados clásicos de fin de semana... Y, gracias a dios, no hay para nada malo en ello.