Una más de las virtudes de “The King’s Speech” es ciertamente su banda sonora, compuesta por Alexandre Desplat, del que ya comentamos su maravillosa composición para la película de Roman Polanski, “The Ghost Writer”, premiada en los últimos premios de la Academia Europea, por lo que prefiero no reincidir en el compositor, pero sí prestar atención a un fragmento que incorpora a su banda sonora: el segundo movimiento de la 7ª Sinfonía en La Mayor de Ludwig van Beethoven, conocida también como la del Nuevo Imperio.

Compuesta en 1811, cuando el compositor alemán trataba de mejorar su deteriorada salud en Teplice (República Checa), la Séptima Sinfonía en La Mayor se estrena el 8 de diciembre de 1813 durante un concierto de caridad para los soldados heridos en la Batalla de Hanau. Debido a la excelente acogida por parte del público, Beethoven se ve obligado a repetir, precisamente, el segundo movimiento: el allegretto. Uno de los integrantes de la orquesta dejó por escrito un testimonio del impacto que la música y el propio Beethoven dejaron en su persona:

Al mismo tiempo que venía el esforzando abría los brazos, que antes tenía cruzados sobre el pecho, hasta el máximo. Cuando la orquesta debía interpretar un piano, se agachaba todo lo bajo que quería que sonara; luego venía un crescendo y entonces se enderezaba poco a poco hasta que entraba el forte, que él subrayaba con un salto en el aire y a veces, hasta daba gritos inconscientemente para reforzar el forte. Las nuevas sinfonías de Beethoven gustaron extraordinariamente, sobre todo la Séptima en la mayor. ¡El maravilloso segundo movimiento!

Siguiendo con este clamor popular, el Séptimo Arte ha utilizado este mismo fragmento en numerosas películas como “Immortal Beloved”, el biopic sobre el compositor que tratara de encontrar la persona a la que le había escrito una carta de amor que figura en su testamento; “Mr. Holland’s Opus”, la historia de un compositor frustrado que se realiza como profesor de música en un instituto de secundaria; o “Copying Beethoven”, que reincide sobre los últimos días de vida del compositor, por mencionar algunas de las películas que incluyen el famoso fragmento en sus bandas sonoras.

La pieza comienza tan sólo con cuerdas que van arrastrando a su paso al resto de los instrumentos hasta que todos juntos alcanzan un fortissimo que trasmite una sensación de vértigo que le va como anillo al dedo a la primera película en la que se puede escuchar: “The Black Cat, una de las primeras adaptaciones de las obras de Edgar Allan Poe que Universal Pictures realizara en los años treinta, y que protagonizara una pareja tan tenebrosa como la formada por Bela Lugosi y Boris Karloff.

John Boorman también aprovecha la espiral sonora que transmite el allegretto para arrastrar al espectador cuando se percata de la verdad que se esconde detrás de “Zardoz”, en una psicodélica película de ciencia ficción de los años setenta que cuenta entre sus protagonistas con Sean Connery Y Charlotte Rampling.

Pero para vértigo y angustia, los que siente cualquiera que haya visto “Irréversible” y escuche la pieza al final de la película, que también es el comienzo de una historia que empezara con una amenaza tan poderosa y perturbadora como que "el tiempo lo jode todo". La secuencia envuelve a su protagonista, Monica Bellucci, presa inocente de todo lo que le espera, pero que el espectador ya ha podido constatar, se ve envuelta en una vorágine en la que la cámara gira desbocada y descontroladamente.

La cualidad hipnótica de esta pieza debe ser lo que llevó a Tarsem Singh a incluirla en su fascinante cuento, esencia simbólica de toda narración cinematográfica, “The Fall”, consiguiendo dotarlo de una cualidad sonora y emocional a la altura de sus surrealistas imágenes.

Alexandre Desplat es de sobra conocedor de las cualidades del allegretto de la Séptima Sinfonía, quizás por eso, en lugar de componer una pieza propia, prefiere utilizarlo en el clímax de “The King’s Speech”. Habría que considerar la opción de que al recurrir el protagonista a uno de los mecanismos a los que le había inducido su instructor, buscando en su imaginación una pieza musical que conoce, con la intención de centrar su atención en la música en lugar de en sus palabras, el compositor haya decidido incluir una pieza que hubiera escuchado el propio rey en la realidad. Lo que sumado a la emoción del momento, consigue arrastrar al espectador en una espiral de emoción que, a los más afortunados, les alzará hasta una emotiva catarsis. Que es justo lo que a mi me sucede cada vez que escucho el segundo movimiento de la Séptima Sinfonía del ---como decía aquel otro admirador--- divino Ludvig Van Beethoven.

Foto: Arts Wallpaper