La proximidad de las fiestas navideñas me parece el momento más oportuno para comentar mi secuencia favorita de la película navideña por excelencia: "El día de la bestia", que además sigue siendo para mi la mejor película dirigida por Álex de la Iglesia. Por lo menos hasta que vea "Balada triste de trompeta", que tras sus premios en el Festival de Venecia, se estrena el próximo viernes, 17 de diciembre, en España.

Tras el rotundo éxito que supone "Acción mutante", mejor acogida por el público que por la crítica, Álex de la Iglesia consigue un contrato con el productor Andrés Vicente Gómez para dirigir varios largometrajes, con la condición de tener libertad absoluta para la realización del primero de ellos, que sería "El día de la bestia". De hecho, el guión, escrito en colaboración con el guionista con el que seguiría escribiendo todas y cada una de sus películas, Jorge Guerricoechevarría, estaba listo antes de rodar para Pedro y Agustín Almodóvar su ópera prima.

"El día de la bestia" relata las andanzas paranoicas de un cura (Álex Angulo), que ha recibido unas señales que le conducen a determinar el nacimiento del anticristo, el mismo día de Navidad, en Madrid. Lo que no sabe es el lugar en el que se producirá tal acontecimiento, por lo que recurre a la invalorable ayuda de un fanático de música heavy, José María (Santiago Segura), y al presentador de un sensacionalista programa esotérico de televisión, Cavan (Armando De Razza).

Uno de los valores de la película radica en su capacidad para sacar a la luz temas tabúes o pensamientos generalizados de la época con respecto a un sector de la (extrema) derecha empeñada en lo sucio que se había vuelto el país, más que por la llegada de la democracia, a causa la pérdida del caudillo y la escasa representación de sus ideas en el gobierno. Asimismo, aprovecha para realizar una contundente crítica al medio televisivo que, con la llegada de las televisiones privadas apenas cinco años antes de la realización de la película, había evolucionado a una competitividad por la audiencia en la que todo está permitido, y que por cierto ha evolucionado hasta cotas extremadamente violentas en la actualidad.

Muchas son las secuencias que se podrían resaltar de una película llena de momentos impagables. Desde la caida de la cruz en la primera secuencia de la película, los pequeños actos de maldad que el cura comete para llamar la atención del maligno, el personaje de José María ---impagable, inmejorable, insuperable Santiago Segura---, las miradas de Rosario (Terele Pávez), que las Torres KIO ---la Puerta de Europa de Madrid--- sean el símbolo del mal, etc., etc. Personalemente me gusta mucho la secuencia de la "seducción" de Mina (Nathalie Seseña) para conseguir su sangre, la sangre de una virgen que completa los ingredientes necesarios para poder invocar al demonio.

Pero la secuencia que, sin duda, permanece en la memoria de todo espectador es, sin duda, la del trío protagonista colgado del característico cartel de Schweppes que corona uno de los edificios más emblemáticos de la Gran Vía madrileña. Una secuencia tan cómica como espectacular visualmente, algo completamente novedoso para una película española que utilizaba efectos digitales por primera vez. Huyendo del demonio, al que han invocado siguiendo un ritual que incluye la imprescindible ingesta de acido lisérgico, Cavan, José María y el cura descienden por el cartel luminoso hasta alcanzar una ventana del piso inferior.

No puedo imaginar lo que esta secuencia puede significar para alguien que nunca haya estado en Madrid, pero para los que precisamente vivíamos en la capital de España en aquel momento y que, de hecho, pudimos disfrutar ocasionalmente del rodaje de alguna de las secuencias en la calle, el momento en que se pasa de ese plano medio en el que les vemos salir de la ventana y colgarse del cartel, para pasar a un plano más amplio en el que ya se ve la Gran Vía terminando en Plaza de España, abriendo progresivamente en planos más grandes para terminar con un espectacular gran plano general en el que se ve perfectamente el edicio flanqueado por la Gran Vía a un lado y la calle Jacometrezo y el cine Callao en el otro, se nos puso la piel de gallina. Literalmente. Y de la emoción pasamos directamente a una explosión de incontrolada risa contagiada por José María y su maravillosa pérdida de control.

¡No puedo parar! ¡¡No puedo parar!!


El día de la bestia / Parte 2
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La orginal película de Álex de la Iglesia se convirtió en el fenómeno cinematográfico del año, consiguiendo 6 Goyas: el de Mejor Director, el Mejor Actor Reverlación para Santiago Segura, el Mejor Diseño de Producción para José Luis Arrizabalaga y Biaffra ---unicos colaboradores que repetían tras "Acción Mutante" junto con el guionista y que también continuarían al lado del cineasta vasco en su filmografía posterior---, Mejor Sonido, Mejor Maquillaje y Peluquería ---que contaba entre sus miembros a José Quetglás, que participaría años después en "El laberinto del fauno"--- y, por supuesto, los Mejores Efectos Especiales. Un logro que tiene posibilidades de repetir este mismo año.

Si no la has visto, no creo que encuentres una mejor opción para pasar el día de Navidad. En España ya lo hacemos.

Fotos: Paper Blog