Fuimos revisando a lo largo de los días tres ordenes diferentes dentro de la filmografía de Kevin Smith: primero, la idea recurrente de varias producciones independientes de retratar el mundo inmediato, el mundo cotidiano, la así llamada obsesión por lo real. Luego, el trabajo efectivo sobre dos ámbitos relacionados con los temas recurrentes no sólo de una generación particular, sino de todas, sólo que rescatando los elementos diferenciales: primero, las frustraciones, la sensación de que no hay progreso, el “estancamiento” de la Generation X; segundo, el problema con el amor, las relaciones de pareja, la entrega efectiva al otro. En su tercera película, Smith se mete con un tema bastante jugado en términos de una cinta que se presenta inocentemente como entretenimiento, digamos, para la mayoría del público: en “Dogma” (1999), Smith se mete con Dios y la religión.

Y ese es el gran tema de la cinta, la “y”, ya no como una cosa que sencillamente se vincula con la otra, sino la relevancia de dos órdenes diferentes: una cosa es Dios, lo que realmente Dios es —- con todo el misterio que eso implica —- y otra cosa es la religión como orden institucional que se relaciona con lo primero. Con una fuerte educación católica recibida en su infancia, el citado director trabaja con las imposiciones que la Iglesia propone en términos de fe: ya la película comienza con la figura de Jesucristo que colocamos al comienzo del artículo, la idea de que Dios no necesariamente vino para dejarnos una imagen sufriente de él, sino todo lo contrario: Dios es buena onda.

La historia de la película se centra en dos ángeles expulsados hace mucho tiempo del Paraíso y sin lugar en el Infierno que recorren la tierra desde hace bastantes años: uno es el ángel de la muerte, el otro se dedica mucho más al hablar, a la seducción, una característica que, como todos sabemos, es también uno de los privilegios del Ángel Caído. Los dos ángeles están interpretados por dos amigos cercanos a Smith: Matt Damon —- en una interpretación realmente impecable —- y Ben Affleck. Los dos ángeles encuentran precisamente un bache dentro del reglamento divino que les permitiría volver al Paraíso, pero tal acontecimiento supondría una resquebrajadura desde la cual el orden mismo de la existencia podría venirse abajo. ¿Cómo se puede impedir que estos dos rebeldes logren su objetivo?

Ahí es en donde entran las fuerzas del Cielo y del Infierno como para disputarse o la salvación de la humanidad o la destrucción de la Creación: por un lado, tenemos a Bethany —- Linda Fiorentino —-, convocada por un ángel —- Alan Rickman —-, que debe embarcarse en una cruzada un tanto suicida para impedir el éxito de estos “exiliados”; por le otro, Jason Lee hará las veces de Azrael, un demonio interesado porque todo se vaya por le caño. ¿Quién ganará? ¿Hará Dios una intervención en el asunto? ¿Cuán errados están los ángeles acerca de la voluntad divina?

Es muy interesante como un tema tan controvertido como la religión es retomado por un cineasta que, mal o bien, siempre fue considerado una persona que se mete con temas “adolescentes”, esto es, que recurre a un humor escatológico y prejuicios por ese sentido que no hacen justicia a una búsqueda legítima, a un artista que realmente tiene varios colores dentro de su paleta y recurre a ellos a la hora de realizar una cinta. “Dogma” es una película que se maneja en esos ámbitos: ¿tenemos que escuchar a las instituciones para poder determinar nuestro parecer, qué es lo que nos interesa o parece acerca de determinado tema?

De alguna manera, y metiéndose con el lugar de Dios en la sociedad, Smith vuelve sobre esta sensación de sentirse sofocado tan propio de la generación que le interesa retratar y lo lleva hasta el punto de poder hablar de un tema que le interesa a cualquier persona, de cualquier edad. Nuevamente: a partir de una historia mínima, de contar un acontecimiento puntual como la lucha particular de dos ángeles y una mujer un poco descreída de todo para poder hablar de un tema absolutamente metafísico, polémico, estratégico, si se quiere: la película misma funciona como ese quiebre que funciona como conflicto movilizador de la película. Pero claro, falta la última risa de todo esto: mañana, entonces, prepárense para “Jay and Silent Bob Strikes Back” (2001). Les dejo un video de Smith hablando acerca de “Dogma” y el efecto en el público, tanto el momento en que la cinta se estreno como en la actualidad.

Foto: Hollywood Prophets