El revival de la década de los ochenta no parece quedarse en los remakes y las adaptaciones de series de televisión populares. No. Parece haber traído consigo otro renacer, el de el cine tridimensional, el cine en 3D.

Pero basta poner el tercer número cardinal y la cuarta letra del abecedario juntitos para darnos cuenta de que 3D son ya muchas cosas y no todas la misma. No ya refiriéndome a lo que esta última década se ha dado en llamar animación 3D, sino que además, que yo recuerde, no es lo mismo el 3D que disfrutamos en los años ochenta, que esta nueva sensación tridimensional. ¿Cómo que no? ¿Cual es el cambio?

Mi memoria rescata las dos únicas películas que viera en tres dimensiones: "Jaws 3-D" y "Friday the 13th Part III", a simple vista pareciera que aprovecharan las terceras partes para hacer uso de la tercera dimensión. Bromas aparte, la peculiaridad de estas dos películas era la sensación de que los objetos y personajes salían desde dentro de la pantalla hacia fuera, como queriendo llegar hasta ti. Huelga decir que en los casos mencionados, el recurso apenas se rentabilizaba en el juego de planos frontales en los que un cubillo, un hacha, una flecha, agua o fuego, parecían ir dirigidos hacia tu persona. De ahí el susto, el incremento del miedo y la tensión.

La primera película de este "renacer" que vi fue "Coraline", en la que sentarme demasiado cerca de la pantalla me hizo confundir, creyendo que no la había visto correctamente, pues el efecto no era como yo lo recordaba. Además las molestas y pesadas gafas ---que nada tenían que ver con las simpáticas gafas de cartón que después te podías llevar a tu casa--- hicieron cansar mi vista y me produjeron un leve dolor de cabeza. menos mal que la película mereció la pena.

Mi segundo intento lo hice con "Avatar", en la que tuve cuidado de no sentarme muy cerca y me dispuse a dejarme llevar por la sensación tridimensional. Más no era esto, no. No. No son estas las tres dimensiones que yo recuerdo. No me siento amenazado. Sí que percibo la sensación tridimensional, pero no hacia fuera sino hacia dentro, como si estuviera viendo una pecera. Además, igual que aquella tridimensionalidad de los años ochenta no aportara nada estético o psicológico a la historia que se nos estaba contando, era más un recurso efectista, esta nueva opción tampoco parece que vaya a traer una renovación en el lenguaje audiovisual. Todavía no. Otra cosa es la espectacularidad que pueda suponer.

Siempre que el cine se siente amenazado por alguna causa, ya sea interna como externa, combate con cualquier arma que tiene a su mano. A finales de la década de los veinte, Warner Bros, temiendo una quiebra inminente decide apostar por una nueva tecnología: el sonoro. Algo que, realmente, el público no demandaba pero que, sumado al cataclismo que produjo la crisis del 29, permitió que se afianzara sin ningún problema. Este hecho supuso una limpieza de actores que no estaban capacitados para esta nueva técnica y forma de expresión. Así como necesitó de un período de adaptación pues, en un principio, la palabra inundó la mayoría de las historias, restando terreno a la imagen y volviendo, momentáneamente, a un primitivo teatro filmado. La adaptación apenas duró un par de años y en breve volvieron a aparecer estupendas películas que integraban este aliciente como un recurso más, no como una atracción. Ejemplo de ello son "Hallelujah!", "Der Blaue Engel", "M" o "Sous le ciel de Pairs".

En los años cincuenta, tras la Segunda Guerra Mundial que trae consigo la tecnología de la televisión, el cine vuelve a sentirse amenazado y combate con tropecientos inventos que bautiza con pintorescos nombres grecolatinos:

  • Cinerama, que utilizaba tres películas contiguas y sincrónicas por fotogramas de 25,02mm X 27,64mm cubriendo un ángulo de visión de 146º en horizontal que tuvo sus mejores exponentes en "How the West was Won" o "It's a Mad Mad Mad Mad World", aunque no prosperó.
  • Vistavisión, que utilizaba un negativo de 24mm X 36mm, creado por Paramount Pictures y que se ha ido rescatando de vez en cuando, aunque se confunde con lo que denominamos Cinemascope.
  • Aromarama u Odorama, puesto en práctica por el multimillonario y playboy Mike Todd, un cine oloroso que sería más tarde rescatado por el inefable John Waters para "Polyester".
  • Circarama, una pantalla circular de 360º, ideado por Walt Disney, que desapareció tan rápido como apareció, aunque haya tenido usos no cinematográficos posteriormente.
  • Cinemascope, que proyectaba imágenes "descomprimidas" sobre una pantalla cóncava con una proporción mucho más rectangular siendo "The Robe" la película que inaugurara este procedimiento. Tendríamos que esperar a películas como "East of Eden" o "Rebel Without a Cause" para que los directores de la época aprovecharan al máximo los recursos psicológicos que el nuevo formato ofrecía más allá de la posibilidad de incluir más personajes dentro del mismo plano y aparte de la espectacularidad visual.

Pero la primera de las armas aparece en 1953, nuestra amiga, la fotografía estereoscopia ---ingeniada en el siglo anterior y aplicada ya por los hermanos Lumière y la MGM en 1935--- que es lanzada a bombo y platillo para la película "Bwana Devil". Una sencilla técnica que superponía dos imágenes sobre la pantalla y, mediante el uso de unas gafas con vidrios polarizados que seleccionaban una imagen para cada ojo, ofrecía una asombrosa (y sencilla) percepción tridimensional. Mas resultó un invento breve por la incomodidad y fatiga que causaban las gafas en el espectador y por el excesivo precio que Polaroid Co., estableciera para ellas.

Cabe pues preguntarnos si, a pesar de resurgir cada 25 años y tener una vida más o menos fructífera, la técnica del 3D ha vuelto para quedarse o si, como antes, nos cansaremos de nuevo. Cierto es que en nuestros días tenemos una posibilidad que antes no había: ver la película en su formato bidimensional, sin efecto pecera.

Por el momento, y hasta que no se me ofrezcan motivos más allá de los espectaculares, personalmente, me relego para la proyección tradicional, no descartando que pueda interesarme un uso alternativo, el de los videojuegos, para los que sí creo que el formato puede aportar mucho más que en el cine, al ofrecer la posibilidad de vivir tu aventura en primera persona y en un grado mayor de intensidad, pero la diferencia radica, precisamente, en que el videojuego sí es una industria orientada al entretenimiento.

Por otro lado, tampoco es descabellado pensar que el resurgir del 3D sea una estratagema comercial y sirva como reclamo para que el espectador pueda experimentar una sensación relegada, única y exclusivamente, a la sala de cine, igual que en su momento ver una película rodada en Cinemascope no tenía el mismo impacto al verla en la gran pantalla que en un televisor doméstico ---algo que está relativamente superado con las grandes pantallas domésticas actuales, los proyectores y el Home Cinema. También es una manera de motivarte a comprar tu entrada, aunque compres o alquiles después el DVD, así como una manera de luchar contra la piratería y las descargas por Internet, ofreciendo un producto que sólo puedes disfrutar en la sala de cine. Tú eliges.

Fotos: Universo Web IMP Awards